De una marca histórica a una nueva realidad industrial: los últimos años han marcado el regreso de EBRO a las carreteras españolas, con Barcelona como punto de partida y la electrificación como uno de sus principales ejes.
Hay nombres que forman parte de la memoria colectiva de la cultura automovilística nacional. EBRO es uno de ellos. Durante décadas, la marca estuvo ligada al crecimiento industrial de España a través de camiones, tractores y vehículos comerciales. Su nombre evocaba trabajo, industria, territorio y una determinada manera de entender la automoción.
Pero la historia de una marca no siempre avanza en línea recta. También puede detenerse, transformarse y, años después, encontrar una nueva oportunidad para regresar. Eso es precisamente lo que ha ocurrido con EBRO en los últimos años: un periodo en el que un nombre histórico ha pasado de permanecer en el recuerdo a recuperar una presencia real en la industria, los concesionarios y las carreteras españolas.

El punto de partida empresarial de esta nueva etapa puede situarse en 2021, con la constitución de la compañía que posteriormente se convertiría en EBRO EV Motors y la recuperación de los derechos de la histórica marca. Ese mismo año, el proyecto se incorporó al proceso de reindustrialización de las antiguas instalaciones de Nissan en la Zona Franca de Barcelona.
El movimiento tenía una importante carga simbólica. Décadas antes, EBRO ya había estado vinculada a este mismo entorno industrial. Recuperar la marca y hacerlo precisamente en Barcelona suponía conectar dos épocas de la automoción española.

No se trataba, por tanto, únicamente de lanzar una nueva enseña comercial. El reto era más ambicioso: volver a producir, reconstruir capacidad industrial, recuperar empleo y crear una nueva propuesta de movilidad adaptada a las exigencias actuales del mercado.
El año 2024 marcó el verdadero punto de inflexión. La alianza entre EBRO EV Motors —actualmente EBRO Motors Group EV— y el grupo automovilístico Chery permitió sumar tecnología, escala y conocimiento industrial a un proyecto con raíces españolas. La colaboración se articuló a través de dos joint ventures: una orientada a la comercialización y posventa de los vehículos EBRO y otra destinada a su fabricación.
Meses después, el 23 de noviembre de 2024, llegó la imagen que resumía todo el proceso: las líneas de producción de la Zona Franca volvían a ponerse en marcha bajo la marca EBRO. El s700 fue el modelo encargado de inaugurar esta nueva etapa, al que posteriormente se sumó el s800.

Aquel momento iba más allá del lanzamiento de dos nuevos SUV. Después de años de incertidumbre industrial, Barcelona recuperaba actividad automovilística en unas instalaciones históricas. EBRO volvía a fabricar vehículos y reabría la conversación sobre el futuro de una marca española en el mercado nacional.
Ese regreso tuvo, además, una dimensión humana. La recuperación de la actividad permitió reincorporar a centenares de antiguos trabajadores de Nissan y reconstruir parte del ecosistema profesional e industrial asociado a la planta. En un sector transformado por la electrificación, la digitalización y los nuevos modelos de producción, mantener conocimiento, empleo y capacidad fabril en el territorio se convirtió en un valor central del proyecto.
Si 2024 fue el año del regreso, 2025 sirvió para comprobar si ese regreso podía convertirse en consolidación. En compromiso. En una realidad cada vez más visible en nuestras carreteras.
Durante su primer ejercicio completo de actividad, EBRO Motors Group alcanzó unos ingresos de 357 millones de euros, mientras que la marca registró 12.459 matriculaciones. Al cierre del año, EBRO contaba con 85 puntos de venta en España y el grupo superaba los 1.450 empleos directos. Las cifras mostraban que el relanzamiento había dejado atrás la fase simbólica y empezaba a medirse en términos de mercado, red comercial, producción y empleo.
Paralelamente, la gama fue creciendo y adaptándose a las nuevas demandas de los conductores. La electrificación adquirió protagonismo mediante versiones híbridas e híbridas enchufables, mientras EBRO reforzaba su presencia en uno de los segmentos más disputados del mercado europeo: el de los SUV.
La propuesta buscaba combinar una marca reconocible para el público español con tecnologías actuales, conectividad y soluciones de movilidad electrificada. Esa mezcla entre memoria e innovación terminó convirtiéndose en uno de los rasgos más singulares de la nueva EBRO: no partir de cero, pero tampoco vivir del pasado.
Y en 2026 ha llegado otro hito capaz de poner cifras a esa evolución.
En agosto, apenas veinte meses después del reinicio de su actividad industrial y comercial, EBRO ha superado las 30.000 matriculaciones en España. La marca ha alcanzado concretamente las 30.478 unidades. Solo entre enero y agosto de 2026 ha matriculado 17.992 vehículos, un 208% más que en el mismo periodo del año anterior.
El dato transforma la idea del regreso en una realidad visible. Recuperar una marca histórica podía tener un evidente componente emocional e industrial. Conseguir que decenas de miles de clientes vuelvan a elegir un vehículo con el nombre EBRO supone, además, validar ese regreso en el mercado.
La compañía logró situarse entre las diez marcas con mayor cuota en el canal de particulares y entre las tres primeras del mercado español de híbridos enchufables durante agosto. Una posición que refleja hasta qué punto el proyecto ha acelerado en un periodo muy corto.

Vista con perspectiva, el renacimiento de EBRO constituye una historia poco habitual en la industria del automóvil. Comienza con la recuperación de un nombre y desemboca en una fábrica activa, una gama de modelos, una red comercial desplegada por toda España, que alcanza ya los 100 puntos de venta, y más de 30.000 vehículos matriculados.
Por el camino quedan una alianza internacional, la reindustrialización de una planta histórica, la recuperación de empleo y la entrada de EBRO en una nueva etapa marcada por la electrificación.
En el año en el que Merca2 celebra su décimo aniversario, la trayectoria reciente de EBRO demuestra que un gran hito no siempre puede resumirse en una fecha, un modelo o una cifra. El verdadero logro ha sido convertir una marca vinculada a la memoria industrial española en un proyecto con presente y futuro.
EBRO ha vuelto. Y lo ha hecho no para repetir su historia, sino para empezar a escribir la siguiente.





