Las segundas residencias se convierten en el principal hogar de miles de familias españolas estos meses de verano, pero terminada la época estival vuelven a quedar vacías a la espera de escapadas de fin de semana o puentes. Que no estén habitadas no es sinónimo de que dejen de generar un coste, especialmente en lo que a la factura de la luz se refiere.
Consultar el precio de la luz puede ayudar a entender cómo evoluciona el coste de la electricidad y, sobre todo, a elegir una tarifa que encaje con el uso real de las segundas residencias, ya que no se consume igual en ellas que en la vivienda habitual, por lo que no tiene mucho sentido contratar la electricidad de la misma manera.
La potencia contratada como base del ahorro en la factura de la luz
Aunque una casa permanezca vacía durante buena parte del año, hay una parte de la factura que se paga igualmente: la correspondiente a la potencia contratada. Es el término fijo que permite disponer de una determinada cantidad de electricidad al mismo tiempo y no depende de que ese mes se haya consumido mucho o poco.
En una segunda residencia puede ser interesante comprobar si la potencia contratada se ajusta realmente a las necesidades de la vivienda. Una cifra demasiado elevada puede suponer pagar de más durante todo el año, mientras que una potencia insuficiente puede provocar que salten los plomos cuando coinciden varios aparatos funcionando.
La clave está en pensar en el uso habitual de la casa. Antes de reducir la potencia, eso sí, vale la pena revisar qué aparatos se utilizan simultáneamente y qué potencia necesitan. Ahorrar unos euros en el término fijo no compensa si después la instalación se queda corta.
¿Qué tarifa de luz conviene para una segunda vivienda?
Aquí no hay una respuesta universal. Y precisamente ese es el punto importante. La mejor tarifa será la que se adapte al momento y a la cantidad de consumo, no necesariamente la que tenga el precio del kWh más bajo sobre el papel.
Si la vivienda se utiliza principalmente durante los meses de verano, una tarifa con un precio estable puede resultar cómoda, ya que permite olvidarse de estar pendiente de las horas en las que se consume electricidad. En cambio, cuando buena parte del consumo puede concentrarse en determinadas franjas, una tarifa con discriminación horaria puede ser interesante.
También hay que mirar el término de potencia, el precio del kWh, las condiciones de contratación y, especialmente, si existe permanencia. En una vivienda de uso estacional, pagar durante todo el año por una tarifa que no encaja con el patrón de consumo puede acabar anulando cualquier supuesto ahorro.
Claves para ahorrar luz durante el verano
El verano cambia por completo el perfil de consumo de una segunda residencia. El aire acondicionado suele convertirse en el protagonista de la factura, especialmente durante los días más calurosos. Ajustar su temperatura y evitar mantenerlo encendido cuando no hay nadie en casa son dos medidas sencillas que pueden marcar la diferencia.
También conviene prestar atención a los electrodomésticos que permanecen conectados cuando la vivienda está vacía. Nevera, router, termo eléctrico y otros aparatos pueden seguir consumiendo, aunque nadie esté disfrutando de la casa. Cuando sea posible y seguro, desconectarlos durante los periodos de ausencia permite evitar consumos innecesarios.
Como explica Patricia Carril, responsable de energía en Rastreator, “ahorrar en la factura de la luz de una segunda vivienda durante los meses de verano requiere prestar atención a varios aspectos del consumo y no centrarse únicamente en una medida concreta”. Por ejemplo, “ajustar la temperatura del aire acondicionado o comprobar si la potencia contratada se corresponde con las necesidades reales de la vivienda son algunos de los cambios que pueden ayudar a reducir el gasto”, apunta la experta.
“A esto se suma la importancia de elegir una tarifa que se adapte al tiempo que se pasa en la vivienda y a los momentos en los que se concentra el consumo, especialmente cuando el uso es más puntual o estacional”, concluye la portavoz de Rastreator.
En definitiva, ahorrar en una segunda residencia es más sencillo de lo que parece. Se trata más bien de pagar por lo que realmente se necesita. Revisar la potencia, elegir una tarifa coherente con el uso de la casa, vigilar los principales focos de consumo y verificar en herramientas para comparar y analizar ofertas como Rastreator para evitar que la factura eléctrica se convierta en otro elevado gasto fijo más de una vivienda que, durante buena parte del año, permanece cerrada.




