José Elías Navarro (49), empresario: “Si quieres hacer dinero, la única forma es con deuda ajena”

El empresario José Elías Navarro defiende que la deuda, bien planificada, es clave para crecer: permite multiplicar recursos, siempre que exista respaldo financiero, control del riesgo y capacidad real de pago sostenida en el tiempo.

Pocas palabras generan tanto rechazo instintivo como «deuda». La educación financiera tradicional la ha convertido en sinónimo de peligro y fracaso, empujando a muchos a evitarla a toda costa. Sin embargo, José Elías Navarro, empresario, defiende exactamente lo contrario: la deuda bien utilizada no solo es saludable sino que es la única herramienta real para multiplicar el patrimonio.

«Tu dinero es finito. Lo que puedes deberle al mundo es infinito», sentencia Navarro con una claridad que descoloca a quienes llevan años huyendo de cualquier tipo de financiación ajena. Su visión no es temeraria ni irresponsable. Es, en realidad, una lectura fría y práctica de cómo funciona el dinero cuando se usa con criterio.

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Por qué la deuda ajena vale más que el dinero propio

Por qué la deuda ajena vale más que el dinero propio
Fuente: agencias

La lógica que defiende Navarro parte de la premisa de que el capital propio siempre tiene un techo. Se puede contar, pesar y agotar. La deuda en cambio abre un horizonte que ningún ahorro personal puede igualar. Cuando un empresario financia su crecimiento con recursos ajenos está multiplicando su capacidad de acción sin consumir lo que ya tiene. «El dinero de otro es siempre más barato que el tuyo porque el tuyo se acaba», explica.

Para Navarro la deuda es buena siempre y cuando se pueda pagar. Esa condición no es un matiz menor: es el núcleo de toda su filosofía financiera. Endeudarse con un respaldo sólido y con ingresos previsibles que cubran las obligaciones es una decisión inteligente. Hacerlo al límite sin margen de maniobra es una apuesta que tarde o temprano sale mal. «Si tú tienes 100 y te endeudas en 20 no pasa nada. El problema es cuando te endeudas en 100 para comprar 100. Ahí estás muerto», advierte sin rodeos.

El error más frecuente que observa en inversores novatos es confundir el optimismo con la planificación. Hay personas que se lanzan a comprar un piso para alquilar con una nómina justa contando con que el inquilino pagará los doce meses del año. Pero la realidad rara vez es tan limpia. Tres meses de piso vacío o un impago puntual pueden desestabilizar toda la operación si no existe un colchón previo. «No puedes contar que vas a ingresar los doce meses al año. Cuenta que ingresas diez y ten reserva para tres meses de cuota», recomienda.

La deuda inteligente tiene reglas y el banco lo sabe

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Navarro no defiende cualquier tipo de deuda sino la que responde a una lógica de retorno claro y un riesgo calculado. En ese sentido distingue muy bien entre apalancarse para comprar un activo que genera ingresos predecibles y hacerlo para invertir en mercados volátiles como la bolsa. La deuda para comprar acciones implica depender de factores que están completamente fuera del control del inversor. La que se destina a un inmueble bien seleccionado tiene un comportamiento mucho más predecible aunque no exento de riesgos que hay que tener en cuenta desde el primer día.

En ese contexto el papel del banco como filtro no le parece mal al empresario. Las entidades financieras exigen que las cuotas no superen el 35 o el 40% de los ingresos del solicitante precisamente para evitar situaciones de sobreendeudamiento. Me parece bien que el banco te tutele un poco porque si no la gente se pasa», afirma con una honestidad poco habitual en quien podría haber defendido la total autonomía del inversor.

Según Navarro, la deuda no es el enemigo. El enemigo es la falta de planificación. Quien entra en una operación financiada sin colchón de emergencia sin haber calculado los escenarios negativos y sin asegurarse de que puede asumir la cuota incluso en un mes malo no está usando la deuda como herramienta sino como trampolín hacia un problema mayor.

Crecer con dinero propio tiene sus virtudes pero tiene un límite evidente. Crecer con deuda bien estructurada es lo que ha permitido construir las grandes fortunas y los grandes negocios. No como excepción sino como regla. «Si quieres hacer dinero de verdad la única forma es con deuda ajena», repite Navarro. Una frase que incomoda a muchos pero que pocos pueden rebatir con argumentos sólidos cuando miran cómo funciona realmente el mundo de los negocios.


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