El diésel se acerca peligrosamente a los 2 euros y amenaza con arruinarte: te explicamos por qué ya no hay vuelta atrás

La tregua se ha terminado. Mientras el precio de la gasolina 95 logra mantenerse en niveles soportables, el gasóleo se ha convertido en el gran lastre de la logística en España. El fin de los parches fiscales y la presión internacional sitúan al sector frente a un abismo: los 2 euros por litro ya no son una distopía, sino una amenaza real antes del verano.

A los transportistas españoles se les acaba el oxígeno. Lo que hace meses se veía como una estabilización tras los picos de la crisis energética, ha mutado en una escalada silenciosa pero implacable. El diésel, el combustible que mueve el 95% de las mercancías en nuestro país, ha iniciado una senda alcista que amenaza con desmantelar las cuentas de resultados de miles de autónomos y pymes. Los datos del último Boletín Petrolero de la Unión Europea no mienten: la brecha se ensancha y el diésel ya no es el hermano pobre (y barato).

La brecha creciente entre el precio del diésel y la gasolina 95

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que llenar el depósito de un vehículo diésel era la opción inteligente para el ahorro. Esa ventaja competitiva ha pasado a la historia. La realidad actual es que el gasóleo sufre una presión que la gasolina 95 consigue esquivar. ¿Por qué? Principalmente por una cuestión de estructura industrial en el Viejo Continente. Europa tiene un problema de base: sobra capacidad para producir gasolina, pero falta músculo para el diésel.

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Somos deficitarios por naturaleza. Esta dependencia nos obliga a mirar hacia fuera, importando masivamente de mercados que ahora mismo son un polvorín. Además, la fiscalidad ha dejado de ser un refugio. Las directrices que llegan desde Bruselas son claras: la «fiscalidad verde» no entiende de excepciones para los combustibles fósiles. La equiparación impositiva entre ambos carburantes está eliminando el último colchón que protegía al transporte profesional. Hoy, un transportista paga más por el litro de lo que dictaría la lógica de mercado, simplemente porque el sistema de refino europeo está al límite de sus capacidades y la carga impositiva ya no perdona.

Factores geopolíticos que disparan el coste del combustible

Si miramos al mapa, los focos de incendio son evidentes. El precio del barril de Brent es el titular fácil, pero el verdadero drama para el sector logístico está en los «márgenes de refino». La inestabilidad en el Mar Rojo ha obligado a desviar cargueros por rutas que añaden semanas de navegación y disparan los fletes. No es solo que el petróleo sea caro, es que traerlo y procesarlo se ha vuelto una odisea logística.

Desde el Ministerio de Transportes monitorizan con cautela una situación que ya escapa al control gubernamental. La política de recortes de la OPEP+ ha cumplido su objetivo de mantener el crudo en niveles altos, pero es la falta de inversión en refinerías en suelo europeo lo que realmente está pasando factura. Mientras el continente acelera su transición hacia el coche eléctrico, las plantas de tratamiento de crudo existentes cierran o reducen su actividad por falta de rentabilidad a largo plazo. Resultado: menos oferta de gasóleo en un mercado que, a pesar de los discursos ecologistas, sigue necesitando el diésel para que los supermercados amanezcan llenos cada mañana.

Previsiones: ¿Llegaremos a los 2 euros antes del verano?

La barrera psicológica de los dos euros ya no es una exageración de tertulia. Si la tendencia actual del Boletín Petrolero persiste, el sector se enfrenta a un escenario de máxima tensión. Con la llegada del buen tiempo y el aumento estacional de la movilidad, la demanda suele presionar aún más los precios. Si a esto le sumamos cualquier contratiempo geopolítico adicional, el precio en el monolito de la gasolinera podría empezar por el número dos antes de que las playas se llenen.

La preocupación en el sector del transporte es absoluta. El gasóleo supone, aproximadamente, el 35% de los costes operativos de un camión. Para muchas empresas, trabajar con el litro a 1,90 o 2 euros significa hacerlo a pérdidas. Existe una «cláusula de revisión de precios» por el coste del combustible, pero en la práctica, muchos autónomos tienen dificultades para aplicarla a sus clientes finales sin perder el contrato.

Desde el Ejecutivo, el margen de maniobra parece agotado. Sin los descuentos directos que vimos en el pasado (ya descartados por las nuevas reglas de gasto de la Comisión Europea), el transporte se siente abandonado a su suerte. No hay plan B. La electrificación del transporte pesado sigue siendo, a día de hoy, un proyecto a futuro que no soluciona las facturas que llegan mañana.

El diésel ha dejado de ser una variable previsible para convertirse en el factor de riesgo número uno de la economía española. La asfixia es real, y si el precio no da un respiro pronto, el impacto en la inflación subyacente y en el consumo será inevitable. El transporte no puede absorber más presión; la manguera se ha convertido en una soga


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