El pan sigue siendo uno de los primeros alimentos que muchas personas eliminan de su menú diario cuando quieren perder peso. Durante años se ha instalado la idea de que reducir hidratos de carbono es casi una obligación para adelgazar. Pero no siempre quitar alimentos básicos ayuda a conseguir mejores resultados y a veces puede ocurrir justo lo contrario: que la alimentación se vuelva más difícil de seguir, menos equilibrada y más fácil de abandonar.
Desde la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital La Paz de Madrid se llevó a cabo un estudio en mujeres con sobrepeso u obesidad para comprobar qué ocurría al seguir dos dietas hipocalóricas equilibradas: una con pan y otra sin pan. Y la conclusión fue que incluir pan no interfiere en la pérdida de peso y facilita seguir mejor las pautas nutricionales durante más tiempo.
El pan no impide adelgazar si la dieta está bien planteada
El estudio analizó durante 16 semanas a participantes que presentaban una alimentación por encima de sus necesidades energéticas y un perfil dietético poco equilibrado. Aparte, muchas de ellas mostraban déficits en algunas vitaminas y minerales, así como un nivel bajo de actividad física.
Tras la intervención, los resultados mostraron una mejora clara del estado nutricional general. Tanto el grupo que siguió la dieta con pan como el que hizo la dieta sin él consiguió adelgazar. En ambos casos se redujo el peso corporal, el porcentaje de grasa, la circunferencia de la cintura y la grasa visceral, mientras que la masa muscular y el metabolismo basal se mantuvieron estables.
Ahora bien, uno de los datos más llamativos es que no se encontraron diferencias significativas en la evolución de la pérdida de peso entre ambos grupos. La media fue de cuatro kilos menos y los resultados fueron muy similares. Es decir, retirar el pan no hizo que se adelgazara más.

La gran diferencia estuvo en el equilibrio de la dieta
El estudio sí encontró diferencias importantes en la forma en la que ambas dietas se ajustaban a las recomendaciones nutricionales. El grupo que incluyó pan mejoró de forma significativa su perfil calórico, reduciendo el porcentaje de grasa e incrementando la proporción de hidratos de carbono hasta acercarse más a lo que recomiendan los expertos.
En cambio, en el grupo sin pan, aunque también se consiguió reducir la ingesta calórica, ese equilibrio no mejoró de la misma manera. De hecho, al retirar este alimento, aumentó la discrepancia con la cantidad recomendada de cereales y se observó un mayor consumo de carnes. Además, aunque en ambos grupos bajó la ingesta de grasas y azúcares, esa reducción solo fue significativa entre quienes sí mantenían el pan en su alimentación.
Un alimento muy cuestionado, pero mejor valorado tras el estudio
Al principio y al final del tratamiento, las participantes completaron además un cuestionario sobre sus conocimientos y percepción del pan. Y los resultados también fueron reveladores. Aunque desde el inicio ya existía una valoración bastante positiva sobre este alimento, tras el programa educativo aumentó de forma clara el número de personas que consideraban saludable incluirlo en todas las comidas, hasta rozar casi la totalidad.
Este trabajo realizado por la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital La Paz de Madrid vuelve a poner sobre la mesa una idea que muchas veces se pasa por alto: el problema no está en el pan por sí mismo, sino en el conjunto de la dieta y en cómo se organiza la alimentación diaria. Porque adelgazar no consiste en eliminar sin más, sino en aprender a comer mejor, con equilibrio y con una pauta que realmente se pueda mantener en el tiempo.




