Durante los últimos tres años, la inteligencia artificial ha pasado de ser un tema reservado a especialistas a ocupar un lugar central en las conversaciones sobre tecnología, trabajo y creatividad. Sin embargo, su adopción real todavía está lejos de ser masiva.
Así lo sostiene el emprendedor y tecnólogo Santiago Bilinkis, quien advierte que, pese al enorme avance de la inteligencia artificial, la mayoría de las personas aún no la utiliza en su vida cotidiana. Según explica, la brecha entre lo que la tecnología puede hacer y lo que realmente se aprovecha sigue siendo enorme.
Inteligencia artificial: Una revolución tecnológica que todavía la mayoría no utiliza

Bilinkis es uno de los divulgadores tecnológicos más influyentes de habla hispana. Ingeniero, emprendedor y autor de varios libros sobre innovación, lleva años analizando cómo la inteligencia artificial está transformando la forma en que trabajamos, aprendemos y nos entretenemos.
A pesar de la enorme presencia mediática del tema, su diagnóstico es que “el 80% de la gente todavía no usa inteligencia artificial, tres años después de ChatGPT”. Se trata de un dato que, según explica, surge de mediciones realizadas en distintos países y con audiencias muy diferentes.
Incluso en entornos donde se esperaría una adopción más rápida, la realidad es similar. Durante una charla reciente con estudiantes avanzados de arquitectura y diseño, Bilinkis comprobó que dos de cada tres alumnos todavía no utilizaban herramientas de inteligencia artificial para generar imágenes o desarrollar ideas creativas.
Este retraso genera, en su opinión, una brecha cada vez mayor. Por un lado, están quienes incorporan la inteligencia artificial a su trabajo diario y multiplican su productividad. Por el otro, una gran mayoría que todavía observa el fenómeno desde afuera.
La situación resulta paradójica porque, como explica el tecnólogo, las herramientas actuales permiten resolver tareas que antes requerían días de trabajo. Desde crear imágenes complejas hasta desarrollar guiones o producir contenidos audiovisuales.
En el mundo del entretenimiento, por ejemplo, el potencial creativo es enorme. Una escena que antes requería exteriores, efectos especiales y equipos de producción ahora puede resolverse en minutos con herramientas de inteligencia artificial. Esto abre posibilidades que hace apenas unos años parecían imposibles para proyectos pequeños o independientes.
Sin embargo, la adopción avanza más despacio de lo que muchos imaginaban. Algo similar ocurrió con otras innovaciones tecnológicas. El propio Bilinkis recuerda que hace más de una década se pronosticaba el fin del libro en papel, una predicción que nunca terminó de cumplirse.
Televisión, streaming y el nuevo ecosistema de contenidos
Otro de los puntos centrales del análisis del emprendedor es el futuro de los medios. Durante años se ha repetido que la televisión estaba condenada a desaparecer. Sin embargo, su interpretación es diferente.
Para Santiago Bilinkis, la televisión no está muriendo, sino cambiando de forma. El consumo de contenidos se ha desplazado hacia las plataformas digitales, pero eso no significa que el formato haya desaparecido.
De hecho, un dato reciente muestra la magnitud del cambio. En Estados Unidos, el streaming superó por primera vez al consumo combinado de televisión abierta y cable. Para muchos analistas se trata de un punto de inflexión que confirma el cambio en los hábitos de la audiencia.
Aun así, el tecnólogo insiste en que la historia de los medios demuestra que rara vez desaparecen. Más bien se reinventan y encuentran nuevos espacios de distribución. Lo mismo ocurrió con la radio, que durante décadas fue considerada un formato condenado y hoy sigue siendo parte del ecosistema informativo.
En este nuevo escenario, plataformas como YouTube se han convertido en protagonistas. Según datos recientes, el consumo de esta plataforma ya supera al de otros servicios de streaming en varios mercados.
Bilinkis cree que el futuro del entretenimiento será cada vez más híbrido. Un mismo contenido podrá verse en televisión, en plataformas digitales o en fragmentos adaptados para redes sociales. La lógica de producción también cambiará a medida que la inteligencia artificial se integre en los procesos creativos. Pero el impacto de esta tecnología no se limita al entretenimiento. También está modificando la relación de las personas con la información, la educación e incluso la salud mental.
En Estados Unidos, por ejemplo, algunos estudios indican que uno de los usos más frecuentes de la inteligencia artificial ya no es buscar información, sino obtener acompañamiento emocional. Cada vez más personas utilizan chatbots para hablar de problemas personales o pedir consejos.
Este fenómeno plantea interrogantes importantes. Para Bilinkis, la inteligencia artificial no es una forma de inteligencia en el sentido clásico. Más bien funciona como una imitación extremadamente sofisticada del comportamiento humano.
Por eso propone una definición provocadora. “No es inteligencia artificial, es humanidad artificial”, explica. En otras palabras, sistemas que aprenden observando millones de textos y conversaciones humanas hasta poder reproducirlas con sorprendente naturalidad.



