Ante la confirmación de que el conflicto bélico en Irán (geopolítica) puede llevar más tiempo del previsto y de las consecuencias que pueda tener en las previsiones para 2026, los datos del día: ADP o los resultados de Adidas, Broadcom o Bayer pasan a segundo plano.
Lo más destacado de hoy miércoles serían la encuesta de Empleo Privada ADP de febrero en Estados Unidos y los resultados de Adidas, Okta, Bayer o Broadcom. Recordemos que con casi todo el índice S&P 500 ya publicado, la nota ha sido positiva: con 481 compañías publicadas el incremento medio del BPA es del 15% frente al 8,8% esperado (antes de la publicación de la primera compañía).
El saldo cualitativo es el siguiente: baten expectativas el 73%, 5% en línea y el restante 22% decepcionan. En el trimestre pasado, el BPA fue del 14,9% frente al 8,5% esperado.
Irán causará volatilidad pero no precios disparados: “El estrecho de Ormuz no se va a cortar”
La geopolítica pasa al primer plano
Pero todo eso no importa, pues al mercado le interesa más la geopolítica y lo que pueda provocar un conflicto más largo. Por ejemplo, Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier, señala:
«Hemos modelizado dos escenarios para el conflicto entre EE. UU.-Israel e Irán. El primero, que consideramos que se está materializando en la actualidad, es un escenario de escalada limitada y de incremento limitado del precio del petróleo. El segundo, que no es nuestro escenario principal, es un choque petrolero global, con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y una fuerte confrontación militar, lo que llevaría a un aumento de hasta 50 dólares por barril en el precio del petróleo. Es importante destacar que, en ambos casos, esperamos que el precio del petróleo vuelva a sus rangos recientes tras seis meses.
En nuestro escenario base de escalada limitada, esperamos un aumento de la inflación general media en EE. UU. del 2,5 % al 2,6 % en 2026, con el crecimiento real del PIB sin cambios en el 2,2 %, y mantenemos sin cambios nuestro escenario de tres recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, ya que esperaríamos que la Fed pasara por alto cualquier aumento moderado de la inflación general.
En el escenario de riesgo de un choque petrolero global, los efectos incluirían un aumento de la inflación y una disminución de diversas medidas de actividad, especialmente la producción industrial, donde los precios de la energía son un insumo importante. El crecimiento real del PIB en EE. UU. disminuiría y la tarea de la Fed de equilibrar su doble mandato se volvería más difícil.
Si las expectativas de inflación a largo plazo se mantuvieran ancladas, como ocurrió durante la pandemia y durante las incertidumbres arancelarias, esperaríamos que la Fed considerara los efectos sobre la inflación como temporales. Si el aumento del desempleo fuera relativamente contenido, esperaríamos que priorizara la estabilidad frente a recortes agresivos.
Sin embargo, si la tasa de desempleo superara el 5,5 % —un nivel mucho peor de lo que indica nuestro modelo—, entonces la Fed pasaría a una estrategia agresiva de recorte de tipos hacia el 2,5 % o menos.
Para otras economías, especialmente en Asia y en los mercados emergentes de Europa, Oriente Medio y África, el segundo escenario justificaría una mayor revisión a la baja del crecimiento real del PIB y revisiones al alza de la inflación debido a su elevada dependencia de las importaciones energéticas procedentes del exterior.

Y Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, apunta: “El conflicto se intensifica más allá de la contención: los ataques estadounidenses-israelíes en Irán parecen estar dirigidos a un cambio de régimen, no a un intento de disuasión, lo que marca un conflicto fundamentalmente distinto al del año pasado.
Los riesgos para el petróleo y la inflación dominan el panorama macroeconómico: El principal riesgo económico es un bloqueo en el Estrecho de Ormuz, punto estratégico marítimo clave frente a la costa sur de Irán. Un cierre prolongado podría llevar al petróleo hacia los 100 dólares por barril y elevar de forma material las expectativas de inflación global.
El shock energético complicaría la trayectoria de los tipos de interés: unos precios del petróleo más elevados incrementarían los riesgos de que aumenten la inflación y los tipos de interés, especialmente en EE. UU., donde alcanzar la cifra de 100 dólares por barril podría empujar el IPC de nuevo hacia el 4%. Esto pondría en cuestión la reciente narrativa de desinflación.
Asia es la región más expuesta, pero las reservas limitan el impacto a corto plazo: aunque el excedente de capacidad de la OPEP y las reservas estratégicas pueden compensar la pérdida de suministro iraní, Asia tendría que soportar la mayor parte de una interrupción prolongada debido a su fuerte dependencia del estrecho de Ormuz para el petróleo y el GNL.
Los mercados afrontan un riesgo de cola, no a un escenario base de interrupción: Irán podría tener dificultades para imponer un cierre prolongado del estrecho, pero incluso un bloqueo parcial con unos consecuentes costes mayores de seguros, retrasos en los envíos o ataques a infraestructuras podría mantener elevados los precios de la energía y la volatilidad”.


