lunes, 2 marzo 2026

José Luis Royo, biólogo y genetista: “Tus genes no deciden tu destino… pero sí marcan el punto de partida”

- La genética influye, pero el estilo de vida y el entorno siguen teniendo la última palabra.

Los genes susurran el inicio, pero no dictan el final. Hay frases que, cuando las escuchas, te quitan un peso de encima. Esta es una de ellas: la genética no es una condena escrita en piedra. El biólogo y experto en genética José Luis Royo lo plantea así, con una claridad que casi reconforta. No somos marionetas de nuestro ADN. Somos, como mucho, sus primeros lectores.

Y eso cambia mucho las cosas.

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Porque durante años hemos oído esa idea medio fatalista de “está en tus genes” como si fuera un veredicto definitivo. Pero Royo propone otra mirada: el ADN no es una jaula, es un libro de instrucciones. Un manual con el que llegamos al mundo. Y, como todo manual, se puede interpretar, adaptar, incluso compensar.

Un libro interno que orienta… pero no encierra

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El ADN marca el inicio, pero no escribe toda la historia. Fuente: IA

Royo lo explica con una metáfora que a mí, personalmente, me encanta. Dice que la genética es “lo que tu libro interno dice que tienes que ser y sobre eso podemos construir”. Es decir, nacemos con un guion base. Pero no con la película terminada.

Ese libro es el ADN, organizado en cromosomas, dando órdenes silenciosas a cada célula. Gracias a él, unas células fabrican melanina y otras producen insulina. Todo funciona como una orquesta afinada. Es fascinante pensarlo así: millones de instrucciones ejecutándose sin que nos demos cuenta.

Ahora bien… que algo esté escrito no significa que no haya margen de maniobra. ¿O acaso todos los que comparten ciertos genes viven exactamente igual? No. Y ahí empieza lo interesante.

Ni todo es genética, ni todo es ambiente

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Nuestros genes influyen, pero el entorno también deja huella. Fuente: IA

Uno de los grandes mitos que Royo desmonta es el determinismo absoluto. No, no todo está decidido desde el minuto uno. Él habla de un “gradiente”. Hay rasgos que son prácticamente cien por cien genéticos, como el albinismo. Pero otros —la altura, la personalidad, incluso el estado de ánimo— se mueven en una zona mucho más flexible.

Y aquí viene un dato que a mí me hizo detenerme un segundo: solo un 25% de nuestra esperanza de vida depende de la genética. El resto —ese enorme 75%— está vinculado a cómo vivimos. Lo que comemos. Si nos movemos. Si fumamos. Si dormimos bien. Pequeñas decisiones repetidas durante años.

No elegimos las cartas iniciales. Pero sí cómo jugarlas. Y esa idea, en el fondo, es profundamente empoderadora.

Alzheimer: riesgo no significa destino

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El estilo de vida puede modificar riesgos genéticos. Fuente: IA

Cuando hablamos de enfermedades como el Alzheimer, el miedo aparece casi de inmediato. Royo lo aborda con honestidad y sin alarmismos. Explica que su heredabilidad ronda el 60%, pero eso no quiere decir que quien tenga cierta predisposición vaya a desarrollarlo inevitablemente.

Existe un tipo poco común, de inicio temprano, ligado a un solo gen. Pero la mayoría de los casos son más complejos: intervienen varios genes y, de nuevo, el entorno. El famoso gen APOE4 aumenta el riesgo, sí. Pero no es una sentencia.

Me gustó mucho cómo lo resumió: es como una partida de póker. Tienes unas cartas iniciales, pero la partida no se decide solo con eso. Influyen las jugadas, el contexto, las decisiones. Y eso, llevado a la vida real, significa hábitos, prevención, estilo de vida.

Medicina a medida y límites éticos

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La medicina personalizada nace del conocimiento del ADN. Fuente: IA

La genética también está transformando la medicina. La llamada farmacogenómica —aunque el nombre suene técnico— no es más que algo bastante lógico: no todos reaccionamos igual a un mismo medicamento. Porque por dentro también somos distintos. Nuestro hígado, por ejemplo, puede procesar una pastilla de forma diferente al del vecino (aunque por fuera parezcamos casi iguales).

Y luego está la edición genética, técnicas como CRISPR, que ya se utilizan para tratar enfermedades graves. Aquí Royo es prudente. Sí a curar patologías serias. Pero cuidado con cruzar ciertas líneas. Modificar rasgos estéticos en embriones abre debates que todavía necesitan reflexión y límites claros.

Porque la genética es una herramienta poderosa. Y como toda herramienta poderosa, exige responsabilidad.

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