Hay algo que pasa mucho más de lo que se dice en voz alta. Cada vez más personas llegan al salón preocupadas por su cabello. No por el color, ni por el corte. Por la caída. Por la rotura. Por esa sensación de que el pelo ya no responde como antes.
Los datos del sector lo confirman: más del 40 % de las clientas consulta por pérdida de densidad o por cabello que se parte con facilidad. Y la mayoría no llega en pánico… llega con una duda. ¿Me estoy quedando sin pelo o se me está rompiendo? No es lo mismo, pero a simple vista se siente igual.
Los profesionales lo tienen claro: el cabello de hoy es más sensible que el de hace veinte años. Está más expuesto, más procesado, más exigido. Decoloraciones frecuentes, planchas, estrés, cambios hormonales, rutinas rápidas en casa… todo suma. Y muchas de las teorías antiguas sobre “el pelo fuerte que aguanta todo” ya no sirven. El cabello ahora es otra historia.
Antes de decolorar: lo que no se ve es lo que más importa

Si hay algo que los expertos repiten casi como un mantra es esto: el daño no siempre depende del producto, sino del tiempo. El tiempo que el decolorante permanece en el cabello. El tiempo que la fibra está expuesta. El tiempo que nadie controla porque “solo son unos minutos más”.
Ahí empieza el problema. Cuando el cabello pasa demasiado rato con el decolorante, se vuelve poroso. No al instante. A los días. Ese momento en que te miras al espejo y notas el pelo esponjado, áspero, rebelde. Y piensas: ¿qué ha pasado aquí?

También entra en juego el famoso pH. Dicho de forma sencilla: el cabello sano es ligeramente ácido. Cuando se vuelve alcalino —algo que ocurre con muchos procesos químicos— pierde resistencia. Se debilita. Se quiebra con facilidad. Por eso cada vez más salones trabajan con tratamientos previos que refuerzan la fibra antes de tocarla. Bioserums, preparaciones protectoras… nombres técnicos para una idea bastante humana: proteger antes de transformar.
Al bajar el pH y reforzar la estructura interna, el cabello aguanta mejor el proceso. Aclara más rápido. Y, lo más importante, no necesita tantos retoques después. Es como preparar la piel antes del sol. Si no lo haces, lo pagas luego.
¿Se cae o se rompe? La pregunta que todos se hacen

Aquí viene la confusión clásica. Ves pelos en el cepillo. En la almohada. En la ducha. Y piensas: se me está cayendo. Pero muchas veces no se cae. Se rompe.
Después de una decoloración sin protección, el cabello puede partirse cerca de la raíz días después. Eso da la sensación de caída real, pero no lo es. La pista está en el pequeño punto blanco en la punta del pelo. Si está ahí, se ha caído desde la raíz. Si no, es fractura.
Puede parecer un detalle menor, pero cambia todo. Porque una cosa se trata reforzando la fibra… y la otra exige mirar más dentro: hormonas, cuero cabelludo, estrés, salud general. Y sí, a veces da pereza investigar. Pero merece la pena.
Hay una parte del cabello que casi siempre olvidamos: la piel de la cabeza. El cuero cabelludo. Ahí empieza todo. Y la decoloración, por ejemplo, es uno de los procesos que más radicales libres genera. Envejece la piel, la sensibiliza, la inflama. Si además se aclara con agua dura del grifo, el equilibrio se altera aún más.





