martes, 3 febrero 2026

La OCU entra en proceso de apagado

En los últimos años, la OCU está sufriendo un declive acelerado.
Desde la pandemia ha perdido casi uno de cada tres suscriptores.
La mejoría en el último año ha levantado la firma, pero los problemas persisten.

Hubo un tiempo en el que la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) parecía no tener techo. Acumulaba más de 250.000 suscriptores, facturaba más de 31 millones de euros y su plantilla no dejaba de crecer hasta alcanzar un máximo de 235 trabajadores. Sin embargo, desde entonces la situación se ha ido apagando. La OCU ha perdido usuarios de forma acelerada en los últimos años y se ha visto obligada a reestructurar su plantilla, eliminando uno de cada cuatro puestos de trabajo para poder cuadrar las cifras.

Y, pese a todo, el proceso no ha sido sencillo ni parece estar completamente cerrado. De hecho, la propia OCU reconoce en sus últimas cuentas depositadas en el Registro Mercantil, bajo la denominación de OCU Ediciones, que las cifras actuales podrían “indicar algún tipo de duda respecto a la capacidad de la empresa para continuar con su actividad”.

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Entre las partidas que alimentan esas dudas sobre una posible quiebra de la compañía se encuentran un fondo de maniobra frecuentemente negativo, el acumulado de pérdidas de ejercicios anteriores —casi dos millones de euros en números rojos desde la pandemia— y el hecho de que, como consecuencia de esas pérdidas, los fondos propios se sitúen por debajo de la cifra de capital social. Aunque en 2024 se han revertido algunos de estos problemas, las cicatrices en las cuentas y en el balance de la OCU siguen siendo profundas.

El lento declive de la OCU

Uno a uno, los grandes baluartes que habían sostenido a la OCU en su época de esplendor han ido cayendo. El factor más relevante no es solo la evolución negativa del número de suscriptores, sino que esa tendencia a la baja se ha acelerado con el paso del tiempo. Hace una década, la organización presumía de superar los 250.000 usuarios, una cifra que además le permitió alcanzar su máximo histórico de facturación, con cerca de 31,2 millones de euros.

Desde entonces, entre 2016 y 2024, prácticamente año a año —con la única excepción de 2019— la OCU ha ido perdiendo socios. En una primera fase, la sangría no parecía alarmante: en cuatro años la cifra apenas retrocedió un 1,2%, incluyendo incluso una ganancia neta de usuarios en 2019. Pero con la llegada de la pandemia el escenario cambió de forma abrupta. Solo entre 2020 y 2021, el número de suscriptores se desplomó más de un 18%, al pasar de cerca de 250.000 a poco más de 203.000.

Los ejercicios posteriores tampoco han sido especialmente positivos. En 2022, la caída se ‘moderó’ hasta un 5,5%, mientras que en 2023 pareció aplanarse, con un retroceso de apenas el 0,5%. Sin embargo, en 2024 volvieron a cumplirse los peores presagios y la pérdida de usuarios volvió a superar el 5%, hasta marcar un mínimo de 181.454 suscriptores.

En términos agregados, desde su mejor momento la OCU ha perdido cerca de uno de cada tres usuarios. Este deterioro ha obligado a la organización a rehacer su plan de negocio. En primer lugar, mediante un severo plan de contención de gastos que ha supuesto una reducción del 23% de la plantilla desde 2020. A ello se suma un recorte significativo en otras partidas de gasto, lo que le ha permitido, en cierto modo, mantener su estructura de costes bajo control.

La OCU, salvada —por ahora— por los recortes

Precisamente, ese ajuste en los costes es lo que ha permitido mitigar, al menos parcialmente, las dudas “respecto a la capacidad de la empresa para continuar con su actividad” a las que alude la propia OCU en sus cuentas. En ese mismo documento se reconoce la existencia de “claros factores mitigantes de la incertidumbre”.

El principal de ellos son “los beneficios obtenidos en el ejercicio 2024”. En concreto, con más de 1,2 millones de euros de ganancias, la OCU cerró un año especialmente positivo en términos operativos. Esto ha permitido aliviar dos de los principales focos de tensión financiera: el fondo de maniobra, que ha pasado a ser positivo en unos 270.000 euros, y la posibilidad de compensar parcialmente las pérdidas acumuladas de ejercicios anteriores.

No obstante, conviene no lanzar las campanas al vuelo. La situación sigue siendo delicada. Las ganancias no responden a una mejora sustancial del desempeño del negocio: la facturación apenas creció un 0,3% en 2024 y el gasto de personal aumentó un 5,6%, a pesar de que la organización continuó reduciendo el número de empleados. Más bien, el resultado positivo se explica por un fuerte recorte —de 9 a 7 millones de euros— en una partida especialmente controvertida, la de otros servicios, dentro del epígrafe de otros gastos.

En definitiva, la situación de la OCU continúa siendo muy compleja. En parte, porque años de ajustes y recortes han limitado su capacidad para volver a crecer, dejándola en una posición de estancamiento o incluso de tendencia negativa. De cara a los próximos ejercicios, la organización confía en beneficiarse de un programa de fidelización que incluye líneas de asistencia telefónica y por chatbot, así como la gestión de casos judiciales relacionados con productos como las tarjetas revolving. Aun así, revertir la dinámica actual no parece una tarea sencilla.


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