La Dra. Pilar Riobó lleva años desmontando falsos mitos nutricionales que dominan nuestra cultura alimentaria. Entre todos ellos, destaca uno particularmente persistente: la idea de que el desayuno es la comida más importante del día. Esta frase, repetida hasta la saciedad por abuelas, médicos de familia y programas televisivos, tiene un origen sorprendente que poco tiene que ver con la ciencia y mucho con el marketing agresivo de principios del siglo pasado.
La realidad histórica muestra que esta creencia fue popularizada por Edward Bernays, el padre de la publicidad moderna, a petición de la empresa Kellogg’s en 1917. El objetivo no era mejorar la salud pública, sino incrementar las ventas de cereales procesados mediante una campaña sistemática de convencimiento social. Bernays logró que médicos colegiados recomendaran estos productos, creando una falsa autoridad científica que persistió durante décadas sin base empírica sólida.
Los trucos publicitarios que moldearon hábitos
La industria alimentaria construyó todo un sistema de creencias alrededor del desayuno mediante estrategias publicitarias sofisticadas. Algunas de las tácticas más efectivas incluían:
✓ Uso de supuesta autoridad médica para validar productos azucarados
✓ Creación de estudios patrocinados que solo mostraban resultados favorables
✓ Asociación emocional entre el desayuno familiar y valores tradicionales
✓ Demonización del hambre matutina como peligroso desequilibrio metabólico
Estas técnicas lograron que una simple recomendación comercial se convirtiera en verdad aceptada universalmente. La doctora Riobó ha señalado repetidamente que muchas de las investigaciones que respaldaban estas afirmaciones provenían de financiación directa de fabricantes de alimentos procesados, generando un evidente conflicto de intereses que invalida sus conclusiones.
La endocrinóloga riojana ha explicado que el cuerpo humano está diseñado para soportar períodos de ayuno sin sufrir daños metabólicos. De hecho, la evolución biológica nos preparó para alternar entre momentos de abundancia y escasez alimentaria, haciendo que el ayuno intermitente sea más natural que el consumo constante cada pocas horas.
Qué dicen realmente los estudios científicos
La evidencia científica actual contradice rotundamente el mito del desayuno obligatorio. Revisión tras revisión sistemática ha demostrado que no existe beneficio metabólico intrínseco en comer temprano versus saltarse esa ingesta. Un análisis publicado en el American Journal of Clinical Nutrition concluyó que la calidad total de la dieta importa infinitamente más que el momento específico de la primera comida.
Algunos estudios incluso sugieren que prolongar el ayuno nocturno puede mejorar la sensibilidad a la insulina y potenciar mecanismos de reparación celular conocidos como autofagia. La Dra. Pilar Riobó ha participado en debates donde señala que forzar la ingesta matutina cuando el cuerpo no demanda alimento puede generar resistencia a la insulina a largo plazo y dificultar el control ponderal.
Los datos epidemiológicos que asociaban el desayuno con menor obesidad resultaron estar confundidos por variables de estilo de vida. Las personas que desayunaban también tendían a fumar menos, hacer más ejercicio y tener mayor educación nutricional, factores que explicaban completamente las diferencias de peso sin necesidad de atribuir beneficios mágicos a la primera comida.
Por qué seguimos cayendo en la trampa
A pesar de la evidencia científica disponible, el mito persiste por varios mecanismos psicológicos y sociales profundamente arraigados. El condicionamiento cultural durante la infancia crea una asociación emocional difícil de erradicar, mientras que la industria alimentaria invierte miles de millones anuales en mantener viva esta creencia mediante publicidad constante.
Dra. Pilar Riobó ha advertido sobre la peligrosidad de seguir recomendaciones nutricionales basadas en intereses comerciales. La presión social para desayunar resulta particularmente intensa en entornos laborales y educativos, donde se estigmatiza a quienes prefieren esperar al mediodía para comer.
Además, el mercado de productos para el desayuno representa una industria multimillonaria que incluye cereales azucarados, bollería industrial y zumos de frutas procesados. Reconocer que esta comida no es esencial equivaldría a destruir un sector económico enorme, lo que explica la resistencia institucional a admitir la verdad científica.
Cómo organizar tus comidas sin mitos
La recomendación actual basada en evidencia real es sorprendentemente simple: come cuando tengas hambre real y elige alimentos de calidad independientemente del horario. La Dra. Pilar Riobó defiende la importancia de escuchar las señales fisiológicas genuinas en lugar de seguir horarios impuestos culturalmente.
Si prefieres comer temprano, opta por proteínas de calidad como huevos o yogur natural en lugar de carbohidratos refinados. Si tu cuerpo pide alimento más tarde, no hay beneficio metabólico en forzar una ingesta matutina. Lo realmente importante es mantener un balance energético adecuado durante todo el día y evitar el picoteo constante impulsado por picos de glucosa.
La ciencia nutricional moderna privilegia la calidad de los macronutrientes y el patrón global de alimentación sobre rígidos esquemas horarios. Escuchar tu cuerpo, priorizar alimentos reales y olvidar dogmas publicitarios del pasado resulta la estrategia más saludable según la endocrinología actual.










