lunes, 26 enero 2026

Si sientes que nunca es suficiente, puede que esta sea la razón

- Perseguir expectativas imposibles puede convertir el éxito en ansiedad y la vida en una carrera sin descanso.

A veces, ni siquiera lo suficiente parece suficiente. Vivimos en una época un poquito delicada, la verdad. Y no lo digo por dramatizar, sino porque basta con abrir el móvil cinco minutos para sentirlo. Redes sociales, mensajes motivacionales, vidas perfectas… todo parece diseñado para recordarnos que siempre falta algo.

Se ha instalado una idea peligrosa: que si no eres millonario a los 20, si no tienes un coche de lujo a los 30 o si no has conseguido “algo grande” antes de cierta edad… entonces has fracasado. Así, sin matices. Y claro, esa presión silenciosa se va colando poco a poco, como agua entre las grietas, hasta que empieza a pesar demasiado.

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El problema es que ya no medimos el valor de las personas por lo que son, sino por lo que logran. Y eso, sinceramente, es agotador. Porque la identidad acaba reducida a un currículum, a un número, a una apariencia. Como si ser humano fuera solo producir resultados.

La dopamina, el logro y ese cansancio que no se va

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Las redes pueden empujarnos a perseguir metas que no son reales. Fuente: IA

Marc Romera habla mucho de esto: de cómo convertir la vida en una carrera interminable puede ser una trampa psicológica enorme.

Uno de los riesgos más grandes es la llamada “adicción al logro”. Suena fuerte, pero tiene sentido. Nos volvemos pequeños esclavos de la dopamina, esa chispa química que nos empuja a perseguir objetivos pensando que, al alcanzarlos, por fin estaremos bien.

Pero ocurre algo curioso… llegas a la meta, y en lugar de celebrar, ya estás mirando la siguiente. Nunca es suficiente. Nunca se descansa del todo.

Y así llega el burnout. Romera cuenta que ha vivido dos episodios de agotamiento extremo. Momentos en los que desaparece la pasión y queda solo un cansancio gris, constante, que lo cubre todo. Ese tipo de cansancio que ni siquiera se arregla durmiendo.

A esto se suma otra trampa muy humana: la comparación. La hierba del vecino siempre parece más verde… pero claro, no vemos la factura de la luz de ese jardín. Solo vemos el escaparate, nunca el esfuerzo escondido detrás.

El “ser” frente al “hacer”: volver a lo esencial

Si sientes que nunca es suficiente2 Merca2.es
El logro constante alimenta ansiedad, no siempre felicidad. Fuente: IA

Romera insiste en algo que da un poco de vértigo: muchas personas construyen un personaje basado en el ego, la competencia, el éxito externo… y con el tiempo se olvidan de quiénes son de verdad.

A veces nos protegemos detrás de títulos. “Soy médico”, “soy empresario”, “soy alguien importante”. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿quién serías si te quitaran todo eso?

Los estoicos hablaban de vivir dentro de una fantasía: pensar que primero hay que hacer para tener, y solo entonces ser. Pero esa fórmula está condenada, porque la plenitud no llega desde fuera. No aparece mágicamente cuando consigues el siguiente objetivo.

La pasión como motor real de impacto

Si sientes que nunca es suficiente3 Merca2.es
Compararse desgasta más de lo que parece por fuera. Fuente: IA

Y aquí viene lo bonito. Porque Romera lo deja claro: el verdadero impacto no siempre lo generan los títulos o el dinero. Lo genera la pasión.

Muchos jóvenes eligen carreras como derecho o medicina por presión familiar o económica… cuando quizá su vocación estaba en otro sitio. En la cocina. En el arte. En un oficio sencillo, pero lleno de sentido.

Y es que un jardinero que ama lo que hace puede cambiar más el mundo que alguien que solo busca reconocimiento. Incluso en Forbes hay personas que transformaron la sociedad sin caminos tradicionales, simplemente porque se atrevieron a escuchar esa voz interna.

En un mundo lleno de ruido, recuperar el valor del “ser” frente al “hacer” no es un lujo. Es casi una necesidad urgente. Porque al final… ¿de qué sirve llegar muy lejos si te pierdes a ti mismo por el camino?

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