lunes, 26 enero 2026

El enemigo invisible bajo tu cama que podría estar robándote el descanso

- El descanso podría depender no solo del colchón, sino también de lo que ocurre bajo el suelo donde dormimos.

El descanso a veces depende de cosas que ni imaginamos. Dormir bien… qué tema, ¿verdad? A veces pensamos que todo depende del colchón, de apagar el móvil pronto o de conseguir un poco de silencio. Pero según el experto Pere León, hay algo más. Algo invisible, casi inquietante, que podría estar bajo nuestros pies.

Hablamos de las llamadas geopatías. Un concepto que todavía despierta debate, sí, pero que cada vez genera más curiosidad en el mundo de la salud ambiental.

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La palabra lo dice todo: “geo” significa tierra y “pathos”, enfermedad. Como si el propio suelo pudiera, en ciertas circunstancias, enfermarnos sin que lo sepamos.

Geopatías: cuando el subsuelo “se mueve”

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Las geopatías podrían influir en el descanso sin que lo notemos. Fuente: IA

Pere León explica algo interesante: no es que el agua subterránea sea mala en sí. No. El problema aparece cuando esa agua está en movimiento y roza con el terreno.

Esa fricción, sobre todo si el suelo tiene materiales ferromagnéticos, puede generar un fenómeno de ionización. Dicho de forma sencilla: una especie de alteración energética que asciende verticalmente hacia la superficie.

Y aquí viene lo sorprendente.

Según León, estas emisiones podrían alcanzar hasta 1.500 metros de altura. Es decir, vivir en un piso alto o incluso en un ático no sería necesariamente una protección. Porque si la geopatía está bajo el edificio… atraviesa todo.

Otro detalle curioso: cuanto más profunda es la corriente de agua, más patógena podría resultar para el organismo humano. Es como si, desde abajo, el impacto llegara más “afilado”. (Suena extraño, lo sé, pero así lo describe).

Síntomas que llegan poco a poco

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Corrientes subterráneas pueden generar alteraciones energéticas invisibles. Fuente: IA

Lo más desconcertante de todo esto es que no ocurre de golpe. Nadie se acuesta una noche sobre una geopatía y se despierta enfermo al día siguiente. No. Los efectos, según Pere León, aparecen lentamente. Como una gota constante. Un desgaste silencioso.

Y hay un caso especialmente llamativo: el síndrome de piernas inquietas. León afirma que en personas predispuestas genéticamente, las crisis pueden intensificarse muchísimo si la cama está situada sobre una geopatía.

Como si el cuerpo, por dentro, estuviera más alerta de lo que creemos.

El tiempo: la clave del efecto acumulativo

Otro punto importante es el factor tiempo. Esto no es inmediato. No es un “impacto”.

Es acumulación.

Pere León sitúa una ventana aproximada de entre 2 y 8 años durmiendo en un lugar alterado para que puedan manifestarse enfermedades más graves.

Dicho de otra forma: durante un tiempo el cuerpo aguanta, compensa, se adapta… pero poco a poco se va desgastando. Como una pared que se agrieta lentamente sin que nadie lo note.

Genética: el interruptor que despierta lo latente

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Los síntomas aparecen lentamente, como un desgaste silencioso. Fuente: IA

Aquí entra un aspecto delicado: las geopatías no “crean” enfermedades de la nada. No es magia.

Lo que podrían hacer, según León, es actuar como un detonante. Un interruptor.

Si una persona tiene predisposición genética a una enfermedad autoinmune o a ciertas dolencias latentes, dormir sobre un lugar alterado durante años podría “despertar” esa condición.

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No sería la causa única, pero sí el empujón que activa algo que ya estaba en los genes.

Un fenómeno que sigue abriendo preguntas

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Aunque este campo sigue siendo discutido y necesita más investigación, el planteamiento invita a mirar el descanso con otra perspectiva.

Porque tal vez dormir bien no sea solo cuestión de rutina o de silencio. Tal vez también influya el entorno, lo invisible, lo que no se ve pero está ahí.

Y en un mundo donde el descanso es un pilar esencial de la salud… estas preguntas, por lo menos, merecen ser exploradas con calma y rigor.


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