Farmacia de guardia no fue una serie cualquiera. En 1992, en pleno auge del pánico colectivo ante el SIDA, la producción de Antena 3 tomó una decisión que marcaría la historia de la televisión española. Una niña de Málaga llamada Montserrat Sierra había sido diagnosticada con VIH tras contagiarse con una jeringuilla de su madre toxicómana, y su historia era desgarradora: los padres del colegio se negaban a llevar a sus hijos a clase mientras ella estuviera allí.
La dirección de Antonio Mercero decidió hacer algo revolucionario. No contratar a una actriz que interpretara a esa niña, sino invitar a la propia Montserrat a participar en un capítulo que se convertiría en lección moral para todo un país. Y lo hicieron en directo, sin filtros, sin miedo.
La escena que rompió el silencio del miedo
El episodio comenzaba con dos madres entrando en la Farmacia de guardia indignadas. «No vamos a llevar a nuestras hijas al colegio», declaraban ante Lourdes Cano y Reyes Romero. El motivo era claro: una niña con VIH compartía aula con sus hijas y ellas consideraban que era un peligro mortal. «Los niños son muy guarros, se pasan babas, se hacen sangre jugando», argumentaban con una mezcla de temor e ignorancia.
Lourdes intentaba explicarles que el virus no se contagia por contacto casual, pero las madres insistían: «Que la lleven a algún sitio especial donde no sea un peligro». La tensión en la farmacia era palpable. Entonces, la puerta se abrió.
Montserrat Sierra entró junto a su tutora. Una niña preguntó en voz alta: «Si le doy un beso, ¿me puedo morir?». El silencio fue brutal, desgarrador.
El abrazo que cambió España
Reyes, interpretada por África Gonzalbes, se levantó sin dudarlo. Se acercó a Montserrat, la cogió en brazos con total naturalidad y la sentó en el mostrador de la farmacia. Y entonces, ante la mirada aterrada de las madres y de millones de espectadores, le dio un beso en la mejilla. «De verdad, qué tonterías dicen estos niños», comentó mientras le hacía carantoñas y charlaba con ella como si fuera la sobrina del barrio.
Lourdes observaba la escena con los ojos vidriosos. Las madres, en silencio incómodo, comprendieron su error sin que nadie tuviera que decirles nada más. Aquel gesto sencillo, ese abrazo televisado, demostró que el miedo era infundado y que el VIH no se transmite por cariño, juegos o convivencia diaria.
La audiencia quedó conmocionada. Aquella no era una actriz con maquillaje simulando lágrimas: era una niña real que sufría rechazo todos los días. Y Farmacia de guardia decidió convertir su dolor en pedagogía nacional.
El calvario real de Montserrat Sierra
La historia de Montserrat no era ficción. En Málaga, los padres de sus compañeros la obligaron a ir sola al colegio durante semanas. Un día vomitó en clase, y el pánico se desbordó: los padres exigieron su expulsión inmediata. Tuvo que cambiarse de centro educativo, pero en el siguiente también le impusieron restricciones de movimiento sin que existiera demanda legal alguna.
Solo pudo terminar sus estudios gracias a la intervención del Defensor del Pueblo andaluz, Manuel Conde Pumpido, quien obligó a la Delegación de Educación a proteger a la menor. Pero el daño psicológico ya estaba hecho. Montserrat vivió años de aislamiento, incomprensión y estigma social.
Cuando Farmacia de guardia decidió incluirla en su capítulo, no solo le dio voz: le devolvió dignidad pública. La serie demostró que el problema no era el virus, sino la ignorancia colectiva que lo rodeaba.
El impacto social del capítulo
Aquel episodio generó un terremoto mediático. Durante días, los informativos, periódicos y programas de debate hablaron del caso de Montserrat. Asociaciones de lucha contra el SIDA aplaudieron la valentía de la producción, mientras que sectores conservadores criticaron que se «expusiera» a una menor en televisión. Pero el resultado fue innegable: miles de personas comprendieron, por primera vez, que el VIH no se contagia por abrazos, besos o convivencia.
✓ Disminuyó el rechazo escolar hacia niños con VIH en toda España
✓ Impulsó campañas educativas sobre transmisión del virus
✓ Convirtió a Farmacia de guardia en referente de televisión con conciencia social
✓ Marcó un precedente de responsabilidad en series de ficción
✓ Demostró que la televisión podía educar sin perder audiencia
Antonio Mercero siempre defendió su decisión. «No podíamos mirar hacia otro lado. Teníamos responsabilidad social como creadores», declaró años después. La serie nunca perdió su esencia cómica, pero ese capítulo demostró que podía ser también tribuna de justicia.
Un legado que trasciende la pantalla
Décadas después, aquella escena sigue siendo compartida en redes sociales cada 1 de diciembre, Día Mundial del SIDA. Los comentarios se repiten: «Esto fue televisión con mayúsculas», «Así se hace pedagogía», «Qué vergüenza lo que vivió esa niña». Montserrat Sierra creció, superó el estigma y se convirtió en símbolo involuntario de una lucha que aún no ha terminado.
Farmacia de guardia emitió 169 episodios entre 1991 y 1995, pero ninguno tuvo el impacto emocional de aquel capítulo de 1992. No ganó premios especiales por ello, no hubo reconocimientos oficiales. Pero consiguió algo mucho más valioso: cambiar mentalidades, romper prejuicios y demostrar que un simple abrazo puede ser más poderoso que mil discursos.
La serie cerró en 1995, pero aquel gesto de África Gonzalbes abrazando a Montserrat sigue siendo una de las imágenes más icónicas de la televisión española. Porque Farmacia de guardia no solo entretuvo: educó, humanizó y recordó que el miedo se cura con información, y la ignorancia, con valentía.










