sábado, 29 noviembre 2025

Dra. Sandra Olivares Cruz, cirujana vascular: «Lo ideal sería utilizar un tacón entre 2 y 5 centímetros para favorecer el retorno venoso»

- Un recorrido claro y humano por lo que realmente ocurre en tus venas cuando aparecen las várices.

Un simple tacón puede cambiar por completo cómo trabajan tus piernas. La insuficiencia venosa crónica —las conocidas y temidas várices— es de esas cosas que casi todos hemos visto alguna vez, quizá en nosotros mismos, en un familiar, o en las piernas hinchadas de alguien que queremos. Pero pocas veces somos conscientes de lo que realmente significan. No es solo “algo feo”. Es una enfermedad que avanza en silencio y que, si no se atiende, puede dar problemas serios. La Dra. Sandra Olivares Cruz lo explica con una claridad que solo da la experiencia clínica.

El reto de las venas: un viaje cuesta arriba

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Venas dilatadas por fallo valvular en las piernas. Fuente: Canva

Si lo piensas un segundo, el cuerpo es un pequeño prodigio. El corazón bombea sin descanso, sí… pero las venas tienen que hacer el camino de vuelta. Y en las piernas, ese viaje es casi épico: la sangre sube desde los pies hasta el corazón luchando contra la gravedad. Ese trayecto cuesta arriba es uno de los mayores retos del sistema venoso.

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La doctora lo resume de manera sencilla: las venas son como tuberías con pequeñas compuertas que evitan que la sangre se regrese. Cuando todo va bien, se abren y se cierran sin que nos demos cuenta. Pero cuando empiezan a fallar… aparece el estancamiento. La sangre se queda ahí, atrapada, y las venas se ensanchan. “Las válvulas tardan en cerrar y la sangre se acumula”, explica. Y entonces llegan las várices, esas que muchas veces intentamos tapar con ropa larga, como si ignorarlas hiciera que desaparecieran.

Lo que heredamos… y lo que hacemos sin querer

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Ejercicios simples ayudan a activar la circulación diaria. Fuente: Canva

A veces tocaría reconocer que algunas cosas vienen ya “de fábrica”. La genética influye muchísimo: si tu madre, tu abuela o tus tías tienen várices, las probabilidades suben. Ser mujer también cuenta (las hormonas tienen un papel tremendo aquí) y el embarazo es un factor que multiplica el riesgo. La herencia es uno de los factores que no podemos cambiar.

Pero no todo es cuestión de suerte. El estilo de vida pesa. Y mucho.
Horas de pie sin moverse. Horas sentados sin mover ni un músculo de las piernas. Falta de ejercicio. Sobrepeso. Una rutina que nos deja las piernas cargadas al final del día. Todo eso va debilitando el sistema venoso poco a poco.

La doctora insiste en algo muy simple que casi siempre olvidamos: movernos. Hacer punta-talón varias veces al día, aunque sea en la oficina o mientras esperamos a que se haga el café. “Son medidas de higiene venosa”, comenta. Gestos tan simples como mover el pie pueden activar la bomba muscular de la pantorrilla.

También recomienda las medias de compresión —sí, esas que a veces nos dan pereza usar—, pero que ayudan muchísimo cuando estamos de pie. Y caminar. Caminar todos los días, aunque sea media hora. Caminar 30 minutos al día puede transformar la salud circulatoria.

Cuando el problema avanza: más que estética

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La compresión graduada mejora el retorno venoso. Fuente: Canva

Aquí es donde la gente suele sorprenderse. Porque las várices no solo son venas marcadas. Son venas enfermas. Y eso puede traer complicaciones bastante serias. Las várices avanzadas pueden ser incapacitantes.

Por un lado están los trombos, esos coágulos que pueden formarse cuando la sangre no fluye bien. Si uno de ellos se mueve hacia el sistema profundo, el riesgo de embolia pulmonar existe. No es para tomárselo a la ligera. Un trombo puede convertirse en una emergencia médica.

La otra complicación son las úlceras venosas. Heridas que se abren porque la piel deja de recibir el oxígeno y los nutrientes necesarios. Son dolorosas, largas de curar y afectan muchísimo al día a día. Las úlceras venosas son una de las fases más dolorosas y difíciles de tratar.

Y, como casi siempre, el cuerpo avisa antes: piernas pesadas, sensación de presión, cansancio… un dolor que aparece sobre todo al final del día, cuando ya hemos acumulado horas y horas luchando contra la gravedad. Las piernas “cansadas” son uno de los primeros avisos.

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