lunes, 23 mayo 2022 20:56

Sorpasso de Marruecos ante la inacción de la UE con el gas y el petróleo

Marruecos pretende dar el sorpasso y ser uno de los principales proveedores de commodities y de energía de la Unión Europea en los próximos años, aprovechando su cercanía y las estrictas leyes europeas que no obligan a Marruecos y le dan así una ventaja a la hora de afrontar su objetivo. Recientemente ha descubierto a escasos kilómetros de las Islas Canarias un yacimiento submarino de petróleo que podría estar valorado en más 100.000 millones de euros.

Mientras los países de la Unión Europea se ponen todas las trabas posibles para conseguir ser autónomos en cuanto a las fuentes de energía se refiere (debido a su política verde), otros países se lanzan a la carrera para conseguir ser parte de la solución que necesita el viejo continente para dejar de depender de Rusia. Es el caso de Marruecos, nuestro vecino del sur, que está haciendo un gran esfuerzo en encontrar gas y petróleo en su territorio para su consumo propio y para exportarlo a terceros países.

Hace pocos días el reino alauita confirmaba el hallazgo de un yacimiento petrolífero submarino en unas prospecciones realizadas por la compañía británica Oil & Gas a escasos kilómetros de Canarias, concretamente a menos de 200 kilómetros de la isla de la Graciosa, en el permiso de Inezgane. Según los datos ofrecidos, el valor del petróleo encontrado puede alcanzar los 100.000 millones de euros, al precio al que se encuentra el crudo en la actualidad.

Europa ha querido lavarse las manos con las energías fósiles, pero sin poder dejar de utilizarlas

Sin duda, se trata de una cifra nada despreciable, que hace que los españoles nos preguntemos si el Gobierno no podía fomentar prospecciones por esa zona, dentro del límite de las aguas nacionales para intentar evitar la gran dependencia de España del petróleo extranjero. Pero la respuesta a esa pregunta es que el propio Gobierno, como pasa con otros países de la UE, desechó esa posibilidad al aprobar la ley de ‘Cambio climático y transición energética’.

Esa ley obliga al país a desinvertir en productos energéticos de origen fósil buscando alcanzar los objetivos marcados en la lucha contra el cambio climático de cara al año 2050.

En uno de los párrafos del documento publicado en el BOE dice que: «En el plazo de dos años desde la entrada en vigor de esta ley, el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico elaborarán un estudio del estado de situación y una propuesta de calendario para que la Administración General del Estado y los organismos y entidades que conforman el sector público estatal se desprendan de participaciones o instrumentos financieros de empresas o entidades cuya actividad mercantil incluya la extracción, refinado o procesado de productos energéticos de origen fósil».

En la coyuntura actual, esa ley parece hecha por el enemigo. El Gobierno debería velar por el bienestar de todos los ciudadanos y, al contrario, esa ley hace inviable el que España pueda aprovechar sus recursos fósiles en un momento en el que todos los países buscan gas y petróleo, en cualquier mercado, para dejar de comprarlo a Putin.

MARRUECOS APROVECHA EL EMPECINAMIENTO ECOLÓGICO DE LA UE

Marruecos se dio cuenta hace tiempo de que el empecinamiento verde de la Unión Europea podía ser su mejor baza para crecer económicamente y para alcanzar más notoriedad en el panorama geopolítico. Putin lo vio claro desde hace años y poco a poco fue haciendo que Rusia fuera imprescindible para el viejo continente en materia energética, alcanzando tanto poder como para lanzarse a la invasión de Ucrania y seguir recibiendo cientos de millones de euros cada día de los estados de la UE.

Ahora que Europa quiere desligarse de Rusia no puede, por lo menos a corto plazo. Precisamente por eso Marruecos sabe que tiene que darse prisa para que cuando lo haga pueda ofrecer sus commodities a buen precio y en suficiente cantidad como para ser una buena alternativa.

Marruecos también está descubriendo significativas reservas de gas durante los últimos meses. A comienzos de año, la empresa Chariot, una compañía que opera en la región, anunció que había encontrado unas importantes reservas de gas frente a las costas de Larache, una ciudad costera situada al noroeste del país. Días después fue Gas & Oil la empresa que descubrió una nueva cuenca de gas en la región de Guersif. Según los datos publicados, este último hallazgo podría ascender a unos 11.000 millones de metros cúbicos de gas.

El reino alauita se lanzará a explotar los yacimientos encontrados y seguirá  buscando otros nuevos, al igual que hizo hace décadas su vecino y rival, Argelia. El objetivo es que el norte de África sustituya como exportador de fuentes de energía al Este de Europa (concretamente a Rusia).

GRECIA, TAMBIÉN CON LAS MANOS ATADAS

Los movimientos de Marruecos y las facilidades que se dan a las empresas, muchas europeas, para explotar los yacimientos encontrados, chocan frontalmente con las trabas que ponen los países de la UE a esas mismas empresas para actuar en sus territorios.

El pacto verde europeo tiene maniatados a países como Grecia, que desearía explotar los ricos yacimientos del Mediterráneo oriental, ya que desde hace varios años se habla de extraer gas y petróleo de yacimientos submarinos en la cuenca mediterránea.

Aristofanis Stefatos, director de la Compañía Helena de Gestión de Hidrocarburos (EDEY), afirma que las reservas de gas en Grecia podrían ascender a 600.000 millones de metros cúbicos, y las existencias al sur de la isla de Creta y en el mar Jónico podrían cubrir el 20% del consumo en la Unión Europea (UE).

Si estos proyectos no se hubieran dejado olvidados, ahora ofrecerían una solución capaz de plantar cara a Vladimir Putin, pero la ambición de los políticos de la UE por querer ser los salvadores del planeta, los encerró en el baúl de los recuerdos.

Europa ha querido lavarse las manos con las energías fósiles, pero sin poder dejar de utilizarlas, mirando para otro lado con tal de poder decir que desde el viejo continente se lucha a favor del medio ambiente más que desde ningún otro lugar del mundo. Poco o nada ha importado a los líderes europeos que desde países cercanos contaminaran todo lo que quisieran para, precisamente, abastecer a los Veintisiete de las commodities que necesitan.


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