miércoles, 1 diciembre 2021 1:19

Hidrógeno renovable al rescate energético: un almacén de sol y viento

La energía generada a partir de fuentes renovables como el sol o el viento encuentran un aliado en el hidrógeno. Y es que, combinados, estos recursos arrojan luz sobre uno de los grandes interrogantes de la transición hacia un modelo energético bajo en carbono: cómo “guardar” el excedente de energía sostenible para poder usarlo en momentos de poca producción.

España es una fuente inagotable de sol y viento. El paraíso europeo del turismo de sol y playa y de los molinos de viento de Don Quijote ya es el cuarto país del continente por volumen de producción de energía renovable, con un parque de generación que, al cierre de 2020, contaba con 59.860 MW, según recoge el informe ‘Las energías renovables en el sistema eléctrico español’ elaborado por Red Eléctrica de España (REE). Pero para que el país consiga aprovechar a su favor todo el potencial de los recursos naturales, aún hay que avanzar en el desarrollo de mecanismos que aporten estabilidad al sistema y ayuden a reservar el excedente energético que se consigue cuando el clima trabaja a favor.

Una de las soluciones destacadas para conservar la electricidad sobrante durante varios meses es convertirla en hidrógeno renovable. En cuanto aumente la cuota de energías renovables, este gas, que también tiene aplicaciones en la industria y la movilidad, jugará un papel crucial para almacenar excedentes de electricidad renovable a gran escala.

CONVERTIR EL SOL Y EL VIENTO EN HIDRÓGENO

Básicamente, las renovables se producen «en función de la condición climática y ésta no siempre coincide con la necesidad de consumo de energía», comenta Tomás Malango, director de Hidrógeno de Repsol.

Precisamente por eso, «en ocasiones se produce un desajuste que se puede resolver a través del almacenamiento de energía que, para que dure mucho en el tiempo, debe hacerse en forma de sustancias químicas, puesto que los almacenamientos de otro tipo subsisten relativamente poco». En este sentido, «el hidrógeno o sus derivados permiten convertir la energía que nos sobra, en el momento», de forma que «nos permita consumirla cuando nos haga falta o incluso transportarla a otros sitios en los que no tengamos energía en ese momento», apunta Malango.

Pero, ¿cómo se obtiene el hidrógeno renovable? La electricidad que producen aerogeneradores y placas fotovoltaicas puede utilizarse para separar el oxígeno y el hidrógeno del agua, a través de un equipo denominado electrolizador. Al utilizar la corriente procedente de fuentes renovables, este proceso consigue generar energía sin emitir dióxido de carbono a la atmósfera. Si se quiere reservar este hidrógeno durante varios meses, una opción de futuro podría ser su almacenamiento subterráneo a gran escala, una tecnología que aún se encuentra en desarrollo. Por eso es fundamental considerar también otras opciones, entre las que destaca su transformación en combustibles sintéticos, también conocidos como e-fuels.

«Convertir el hidrógeno en combustible sintético es mucho más sencillo que guardar el hidrógeno directamente, porque el almacenamiento de líquidos es un tema absolutamente resuelto», explica Javier Aríztegui, gerente de Transición Energética y Movilidad de Repsol Technology Lab, en relación las oportunidades de provisión que se generan alrededor de este vector energético.

ESPAÑA, POTENCIAL EXPORTADOR DE ENERGÍA

Entre las principales ventajas que presenta, «el hidrógeno es un vector porque puede utilizarse y consumirse de distintas formas y en distintos segmentos y sectores», afirma Malango, que destaca la versatilidad de este elemento: «A diferencia de una forma de energía concreta, como podría ser la gasolina, que solo se puede utilizar en un motor de combustión, el hidrógeno se puede usar como almacenamiento de energía y esa versatilidad que le permite utilizarlo en distintas aplicaciones y en distintas formas es lo que califica como vector energético».

Este hecho será clave para la expansión del consumo de este vector energético en sectores difíciles de descarbonizar, incluyendo la fabricación de combustibles sintéticos para el transporte marítimo y aéreo, y los procesos energéticos industriales de alta temperatura.

Entre sus objetivos para 2030, la Hoja de Ruta del Hidrógeno impulsada por el Gobierno contempla que, una vez concluida esta década, se producirá una aceleración de la producción y aplicación del hidrógeno renovable en España, que serán plenamente competitivas frente a otras tecnologías de producción y demandadas por su entorno. «Debido a su potencial como productor, la Hoja de Ruta prevé que España pueda convertirse en un exportador de hidrógeno renovable al resto de Europa», recoge el documento.

El despliegue de este vector energético sostenible será imprescindible para que España alcance la neutralidad climática, con un sistema eléctrico 100% renovable, no más tarde de 2050. Y todo, con un desarrollo del hidrógeno renovable que incentivará la creación de cadenas de valor industrial innovadoras en nuestro país, el conocimiento tecnológico y la generación de empleo sostenible, contribuyendo a la reactivación hacía una economía verde de alto valor añadido.


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