lunes, 6 diciembre 2021 11:48

Galán y Bogas capitanean la ofensiva de las eléctricas y meten presión a Ribera

Ignacio Sánchez Galán se ha erigido de motu propio en el líder de la guerra abierta que mantienen las grandes eléctricas con el Gobierno tras el denostado ‘decretazo’ del pasado mes de septiembre. El presidente de Iberdrola, de carácter fuerte, no deja pasar la oportunidad de criticar en público las decisiones tomadas por el ejecutivo de Pedro Sánchez y de escenificar el futuro que le espera a España si Teresa Ribera no da marcha atrás.

Mientras, en el Reino Unido le reciben con todos los honores, como merece el presidente de una compañía energética de su relevancia, que apuesta por invertir miles de millones en ese país para impulsar el desarrollo de fuentes de energía renovables. Una inversión que supone un gran paso para que haya suficiente energía eólica marina para todos los hogares británicos en 2030.

TERESA RIBERA, LA MINISTRA QUEMADA

Cuando se juega con fuego lo normal es quemarse. Eso es lo que le está pasando a la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, desde hace poco más de un mes. Cierto es que la vicepresidenta tercera del Gobierno tenía difícil salir airosa de la encrucijada en la que le metió el propio presidente, pero ella no esperaba que las llamas le alcanzaran por tantos frentes.

El lunes 13 de septiembre empezó a arder por un lado, con la bronca que recibió del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, antes de que se emitiera su entrevista en TVE, para que endureciera el ‘decretazo’ y conseguir así acercarse a la promesa de pagar lo mismo por la luz que en 2018. Consciente de que eso era una quimera y de que endurecer el Decreto Ley que tenía preparado iba a suponer el caos, prefirió evitar enfrentamientos y siguió adelante con el plan de Moncloa.

Así, Ribera prefirió seguir la corriente hacia la izquierda de la deriva del jefe del Ejecutivo y dar el ‘hachazo’ a las eléctricas, por lo que el fuego le alcanzó por el otro lado, ya que las utilities no aceptan que se intervengan sus beneficios y que se juegue con sus inversiones.

El ninguneo del Gobierno a las eléctricas desató la ‘guerra de la luz’ en España y contrasta con la imagen de Boris Johnson sentado junto a Ignacio Sánchez Galán

Otro foco del incendio se activaba para acabar de consumir la imagen de Ribera y del Gobierno por extensión: el de los inversores a la fuga ante la inseguridad jurídica generada en España a consecuencia del ‘decretazo’. Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank tampoco oculta su preocupación al respecto.

Debido al apoyo del Banco Central Europeo (BCE) en la compra de deuda pública, «parece que tenemos el dinero fácilmente, cuando no es así», por lo que «cualquier medida que tomemos para mantener la estabilidad jurídica es crítica a largo plazo porque vamos a necesitar la inversión extranjera, aunque solo sea por egoísmo», ha manifestado Gortázar.

RIBERA NO ENCUENTRA UNA SALIDA

Teresa Ribera parece bloqueada desde que comenzó 2021. Ni ella, ni ninguno de sus muchos asesores fueron capaces de anticiparse a lo que estaba por venir (los precios desorbitados del gas natural y de los derechos del CO2) y, cuando vino, se pasaron meses sin hacer absolutamente nada. Cuando han querido actuar, ha sido tarde y mal, porque la improvisación le ha jugado una mala pasada.

Humillar a las grandes eléctricas como hizo en el mes de septiembre es pegarse un tiro en el pie. Muchos lo califican como una huida hacia adelante, ya que en el Ministerio se sabían las consecuencias que iba a tener minorar los beneficios de energéticas como Iberdrola, Endesa y Naturgy, entre otras compañías.

En otras palabras, se podría decir que el Gobierno intentó ganar tiempo con el ‘decretazo’ para acallar el clamor popular de todo el país en su contra y para contentar a sus socios de legislatura, esperando ingenuamente que la tormenta escampara y que la situación se resolviera por sí misma, en un escenario que apenas duraría semanas.

Pero además lo hizo a la brava, sin reunirse con los presidentes de las compañías afectadas, sin intentar ni siquiera llegar a algún tipo de consenso, y avisándoles por teléfono el día previo a votar el ‘decretazo’ en el Consejo de Ministros.

¿No sabían Pedro Sánchez y Teresa Ribera que, para conseguir su tan manida transición ecológica, involucrar a la empresa privada es vital? ¿No sabían que la aportación de esas empresas es fundamental y que sin ellas no será posible? ¿No recordaba Sánchez del apoyo que le dio Galán en el mes de mayo cuando presentó el informe España 2050?

Ignacio Galán, presidente de Iberdrola, con el primer ministro del Reino Unido Boris Johnson en el marco del Global Investment Summit

En este contexto, Iberdrola ha paralizado sus inversiones en renovables en España (tiene programadas inversiones de más de 7.000 millones de euros en renovables hasta 2025 en España). Parece que Enel, la dueña de Endesa, piensa destinar cientos de millones que iba a invertir en España a otros proyectos fuera de nuestro país.

Ninguna de las dos grandes se presentó a la última subasta de renovables, dando un soberano plantón al Ministerio. El 80% de la minoración de beneficios que recoge el Decreto Ley de Ribera afecta a Iberdrola y Endesa en más de 1.000 millones a cada una.

Según el Plan del Gobierno de inversión en renovables de aquí a 2030, el 80% de los más de 240.000 millones necesarios para llevarlo a cabo debe salir del sector privado, el mismo que ahora huye de la inseguridad jurídica creada por el propio Gobierno. En esas inversiones deberían tener un claro protagonismo Iberdrola, Endesa y Naturgy, por lo que ahora mismo en el Ministerio liderado por Teresa Ribera están aterrorizados y buscando soluciones para rectificar, y con la presión añadida del PNV, vital para sacar adelante los presupuestos.

GALÁN: PALO Y ZANAHORIA

Cuando uno llega a presidir una compañía como Iberdrola, la tercera eléctrica del mundo, no lo hace por casualidad, y para conseguir todo lo que ha logrado la energética vasca, Galán ha tenido que ganar muchas guerras y defender con uñas y dientes sus intereses, que es lo que está haciendo ahora, ni más ni menos.

Como buen estratega, sabe que no se puede dejar avasallar por un Gobierno sin rumbo, pero que tampoco puede romper con el Ejecutivo. Por eso utiliza la estrategia del palo y la zanahoria. Durante un mes se ha dedicado a dar palos y explicar claramente a lo que se expone el Gobierno si mantiene en vigor la nueva ley. Y, en los últimos días, se muestra más conciliador (zanahoria), ante los rumores de que Ribera está haciendo encaje de bolillos para echar para atrás el ‘decretazo’, a pesar de que desde Unidas Podemos le exigen incluso que lo endurezca más. Difícil tesitura.

Galán declaró hace unos días que «ahora que parece evidente ya para todo el mundo que las empresas eléctricas no se han beneficiado en modo alguno del incremento de los precios eléctricos, sino que, muy al contrario, han soportado costes desorbitados del precio del gas natural, el Gobierno debe corregir dos errores, el Real Decreto y la Ley, que bien seguro se produjeron por falta de información».

Esa supuesta «falta de información» que de forma tan bien intencionada atribuye Galán a la ministra y vicepresidenta es su manera de lanzar un salvavidas a Teresa Ribera, para suavizar el mal trago que tendrá que pasar cuando acabe reculando.

BOGAS Y LA GUERRA EN LA SOMBRA

El consejero delegado de Endesa, José Bogas, no tiene la exposición mediática de Galán, sus acciones suelen tener menos repercusión pública, pero no por ello menos éxito.

En sus conversaciones con Teresa Ribera le ha dejado bien claro que no acepta las condiciones del ‘decretazo’ y que si no lo remedia, se expone a perder a Endesa como aliado de cara a la Transición Energética. También le ha trasladado a la ministra que no se puede invertir a largo plazo sin estabilidad jurídica y, en definitiva, que la minoración de beneficios de las eléctricas ha sido un error como un piano.

Bogas cree que Ribera acabará cediendo más pronto que tarde y en declaraciones a Cinco Días reconoce que «creo que hay elementos que pueden permitir incluso generar un déficit. Siempre hemos tenido un diálogo fluido con el Ministerio y tengo esperanzas en que la sensatez impere. No se puede minorar a las empresas que tenemos contratos bilaterales a precios razonables y hay que buscar una solución para la industria: o bajamos el precio del pool o intervenimos los precios del gas o generamos un déficit o ajustamos ya el Recore».


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