miércoles, 20 octubre 2021 2:02

Endesa hace acopio de carbón en previsión de un crudo invierno

Asoma el frío y la coyuntura energética no cede. El precio del gas, por encima de los 80 euros MWh, seguirá marcando las fluctuaciones del pool. Con una generación renovable insuficiente, una nuclear con parones por mantenimiento y el cierre temporal de uno de los dos gasoductos con origen en Argelia, parecía lógico tirar de carbón, al menos, mientras en España, tres centrales térmicas peninsulares estuvieran en disponibilidad de funcionar. Y la lógica se impone. Endesa hace acopio de carbón en previsión de un invierno crudo. Esta semana llegan a As Pontes 80.000 toneladas: 60.000 tn procedentes de Kazajistán y 20.000 de Indonesia. Y se trataría sólo de la primera entrega.

En la central térmica de As Pontes (A Coruña) está previsto que comience a funcionar uno de los cuatro equipos de generación de electricidad a partir de carbón. Otras dos centrales Carboneras (Almería) de Endesa y Los Barrios (Cádiz) de Viesgo-EDP también están en disposición de activarse en caso de que fuera necesario.

En previsión de episodios de frío, Endesa vuelve su mirada al carbón. El parón previsto en las centrales nucleares a partir de noviembre, -finalmente será escalonado- supondrá 3.000 MW menos. Además, el conflicto de Argelia y Marruecos dejará una sola línea de suministro de gas abierta a España.

Uno de los dos gasoductos que importa gas argelino atraviesa Marruecos y conecta con Andalucía. Tras bloquear ese conducto, España se ve abocada a explotar al máximo el gasoducto de Medgaz, que conecta directamente Almería con Argelia. Al mismo tiempo, tendría que buscar la forma de aumentar la llegada de gas a través de buques, de EEUU o Qatar, para evitar futuros problemas de suministro.

En mitad del caos energético que amenaza con un invierno duro, la descarbonización del sistema eléctrico prevista en la transición ecológica del Gobierno echa el freno. El ritmo marcado hacia un nuevo modelo energético se ha demostrado demasiado ambicioso y poco realista. Mientras el Ministerio para la Transición Ecológica mantiene sus objetivos y Endesa hace lo propio con su hoja de ruta para desmantelar las centrales de carbón, la evidencia pone a todos los pies en el suelo.

Y el año del cierre de la térmica de As Pontes hay que echar mano de nuevo del carbón para garantizar el suministro energético en invierno y rebajar el precio de la electricidad en el mercado regulado.

Algo se está haciendo mal «cuando una compañía energética requiere la puesta en marcha de los equipos que va a cerrar porque las energías que iban a sustituirlos no cubren la demanda». Una de las certezas que la crisis energética ha puesto de manifiesto es que «no tenemos capacidad de cerrar el carbón de golpe», manifiesta a MERCA2, el secretario de organización de UGT FICA Galicia, Marcos Prieto, «en Alemania, están escalonando el cierre», concluye.

AS PONTES PREPARA LA VUELTA AL CARBÓN

Los representantes de los trabajadores consideran que la actual coyuntura abre un espacio inmejorable a la reflexión y permite replantear el cierre de la térmica o, al menos, los plazos de la clausura. Por ejemplo, se podría pensar «no cerrar los cuatros equipos, es decir, dejar dos», propone Prieto. Sin embargo, esta vuelta atrás parece más un parche a una situación de emergencia que una revisión de la estrategia y sus tiempos, «en contra de lo que dicta el sentido común», afirma el sindicalista.

En un supuesto hipotético en el que pudiera opinar, Prieto comenta que «haría las cosas más despacio, ‘con buena letra’, compaginando la reindustrialización de las comarcas mineras, con una sustitución razonada, y solo una vez asegurada la energía suficiente para las peores circunstancias» y apela mayor flexibilidad, «tengamos capacidad de resistir y aguantar, sin que haya apagones».

De esta forma, la necesidad de un grupo generador (de electricidad) resulta incuestionable, al menos de refuerzo del sistema para los meses de otoño e invierno, que se prevén duros. Entretanto, la solicitud de cierre de la central sigue encima de la mesa, «seguimos preparando las instalaciones para la demolición, pese a la disponibilidad para operar y la adaptación a la normativa europea de emisiones (en la que Endesa invirtió 217 M€ en 2018 para prolongar su vida útil 20 años) y para dar un servicio y rebajar el precio de la factura eléctrica», critica Prieto.

De esta forma, aunque sea de forma coyuntural, la puesta en funcionamiento de As Pontes para generar energía a partir de carbón reducirá el precio del MWh al meter en el pool energía más barata, puesto que se consigue cubrir antes la demanda y se necesita menos gas, la más cara y la que determina el precio final de la energía.

Los 32 trabajadores que quedan en la actualidad trabajando en labores de mantenimiento en la térmica de Endesa en As Pontes serán insuficientes llegado del momento de activar el carbón como fuente de respaldo para cubrir la demanda energética. Endesa está en conversaciones de antiguos trabajadores para negociar más incorporaciones de cara a los próximos meses.

EL CIERRE SIGUE SU CURSO

Pese a todo, Endesa sigue con la hoja de ruta de cierre de la central cuya continuidad se presenta difícil. Los últimos flecos del proyecto del desmantelamiento están pendientes del visto bueno de Patrimonio y Medio Ambiente, los dos últimos estamentos de la Xunta de Galicia pendientes de validar el Informe de Impacto Ambiental. Una vez se resuelva, desde el Ministerio se autorizará el cierre. No habrá vuelta atrás: «es difícil que desde el Gobierno reconozcan que se han pasado de frenada», comenta Prieto.

La central térmica de Carboneras (Almería), también de Endesa, recibió la autorización de cierre hace 15 días. La previsión allí es quemar el carbón restante y después achatarrarla.

En cuanto al futuro de la comarca de As Pontes, es incierto. Si bien Endesa ha procurado alternativas viables y atractivos proyectos, parques de aerogeneración en diferentes emplazamientos de Galicia y proyectos de hidrógeno verde, la puesta en marcha de estas iniciativas podría retrasarse hasta enero de 2024. Un salto en el tiempo difícil de salvar para las familias de la comarca gallega, que piden una implicación del Gobierno con medidas realistas y ajustadas a la situación actual.


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