Los 10 obstáculos del vehículo eléctrico: un presente poco realista

El reto del vehículo eléctrico (VE) plantea una situación compleja. Para cumplir con los objetivos previstos por la regulación europea sobre movilidad en los próximos años “no solo es necesario poner coches eléctricos a la venta, sino que se necesitan personas que quieran comprarlos y puedan pagarlos”. Si no se logra que esos vehículos sean asequibles, “impactaremos sobre la libertad de su movilidad y será un gran problema para las democracias modernas». Son declaraciones de Carlos Tavares, CEO de Stellantis, que refrendan que la venta y uso del VE encuentra todavía serios obstáculos en su camino.

Se puede hablar más alto, pero no más claro. El argumento es de peso. Y no lo dice el primero que pasaba por allí. Lo afirma el máximo responsable del cuarto grupo automovilístico mundial en número de vehículos vendidos, y tercero en volumen de negocio, por detrás de Toyota y de Volkswagen.

Y no es el único, muchos expertos critican a los diferentes gobiernos por consensuar unos objetivos de movilidad eléctrica en un plazo de tiempo muy corto, cuando la tecnología todavía no está lo suficientemente desarrollada y no existe una infraestructura de recarga solvente.

El sector de la automoción está viviendo momentos muy complicados, y en España se acentúa más que en otros países que disponen de un mayor poder adquisitivo. Los españoles que viven en ciudades con severas restricciones a la movilidad a los coches de combustión (Madrid o Barcelona, por ejemplo), han frenado las compras de vehículos de todo tipo porque temen que esas restricciones se sigan ampliando y les pille con un coche recién comprado.

Además, esas restricciones no han hecho que los españoles compremos más coches eléctricos, porque existe gran temor y desconfianza en una tecnología que todavía está en desarrollo. Esa incertidumbre es la base de los factores que retraen a los españoles de comprar un coche eléctrico, y que han hecho que en el mes de agosto de 2021 solo se hayan vendido 1.309 coches eléctricos en toda España, de los cuales, los usuarios particulares han matriculado solo 683 unidades.

ALTO PRECIO

El precio es uno de los grandes problemas que ven los españoles para comprar un coche eléctrico, ya que los costes son muy superiores a los del mismo modelo de combustión. Pocos españoles se gastan en un coche de 30.000 € para arriba. En 2020 la media de inversión en un vehículo estaba sobre los 18.000 €. Los coches eléctricos, como dice el CEO de Stellantis, son caros en la actualidad y no están al alcance de la gran mayoría.

¿Qué hay ayudas de las administraciones que lo abaratan?, Sí, pero la gran mayoría van unidas a achatarrar un vehículo viejo de combustión y, por ejemplo, un joven de 18 años no tiene ese vehículo viejo para poder acceder a esa ayuda.

POCA AUTONOMÍA

La falta de autonomía es, sin duda, el segundo gran factor que retrae a los españoles de comprar este tipo de vehículos. En la actualidad el VE que presenta una mayor autonomía es el Tesla Model S, capaz de recorrer hasta 652 kilómetros sin recargar, pero para conseguir esas prestaciones, las más convencionales en cualquier coche de combustión, deberemos pagar 89.990€. Una cifra como para pensársela dos veces o más.

La gran mayoría de los vehículos eléctricos del mercado no superan los 400 kilómetros de autonomía, lo que obliga a planificar concienzudamente cualquier viaje que se desee hacer, a poco largo que sea.

ESCASA RED DE RECARGA

La tercera gran pega para que se vendan más coches eléctricos es que en la actualidad la red de recarga es muy escasa. La gente está acostumbrada a tener gasolineras cada 50/70km en las que en cinco minutos consigues una autonomía de más de 600 kms.

Resulta muy difícil en un mundo como el actual, en el que la inmediatez es un factor determinante, cambiar de golpe la forma de pensar y de actuar de millones de personas, exigiéndoles paciencia y una previsión hasta ahora desconocidas.

MENOS LIBERTAD

La merma en la libertad es consecuencia directa de todo lo anterior y otro de los factores que los conductores no están dispuestos a sufrir. El coche es sinónimo de libertad. De libertad de movimientos, de libertad de horarios, de libertad de pensamientos. En la actualidad el conductor de un coche eléctrico tiene que asumir una falta de esa libertad, porque la capacidad de las baterías es todavía muy baja, porque se pierde mucho tiempo en la recarga de esas baterías y porque se pierde la espontaneidad que te ofrece un vehículo de combustión. La dificultad de improvisar planes sobre la marcha resta encanto al coche. Se pierde la magia del momento, todo hay que calcularlo consultando la app adecuada.

PÉRDIDA DE TIEMPO

Una gran mayoría de aquellos que poseen un coche eléctrico confiesan que los recargan por la noche en sus garajes privados mientras duermen, y que no pierden casi tiempo y les sale muy barato. Eso es algo muy cómodo, el problema es que la forma habitual de vida en España es en edificios altos de comunidades de vecinos en los que, si hay suerte, existe un garaje comunitario, y en otros muchos no.

Por eso, aquel que no dispone de un garaje para sí solo, tiene que acudir a los puntos de recarga públicos, en medio de la ciudad, de los cuales hay muy pocos en las grandes ciudades, casi ninguno en las pequeñas y posiblemente ninguno en los pueblos.

Además encontrar uno de esos escasos puntos de recarga no te garantiza que no esté siendo utilizado por otro usuario, que puede tardar más de 40 minutos en recargar su coche. Si a eso le añades los otros 40 minutos que tardarás en recargar el tuyo, el tiempo que absorbe el repostaje del vehículo supera con mucho lo razonable.

La mayoría de la gente aparca el coche en la calle y muchos de los que tienen garaje en la ciudad es en alquiler.

PROBLEMAS EN LOS IMPREVISTOS

Cuántas veces una situación imprevista se ha solucionado en un instante o no ha empeorado gracias a tener un coche a mano. Pero en la actualidad, por todos los factores anteriormente expuestos, el coche eléctrico ya no es garantía de sacarte de un apuro o solucionar una situación imprevista.

El vehículo eléctrico, por el momento, requiere de una previsión y un comportamiento mucho más rígido y predecible que, muy alejado de un sobresalto o un problema repentino que requiera un desplazamiento.

DESGASTE DE LAS BATERÍAS

El desgaste de las baterías es algo a lo que nos hemos acostumbrado con los teléfonos móviles. En un par de años o menos, las baterías de nuestros smathphones ya no rinden como el primer día. Con los VE pasa algo parecido aunque en menor medida. Las baterías no son eternas y con el uso van perdiendo capacidad, o lo que es lo mismo, el coche va perdiendo autonomía.

Si al comprarlo era capaz de circular durante 400 kilómetros sin recargar, a los años esa autonomía bajará, y a los ocho años, esa batería será inservible, con la tecnología actual (seguramente en el futuro cercano se fabricarán baterías más duraderas). El precio de una batería de un VE puede superar los 3.000 euros.

ESPERANZA EN EL FUTURO CERCANO

La esperanza de que los ingenieros y expertos consigan mejorar las prestaciones que ofrecen los vehículos eléctricos en la actualidad, y de que los Gobiernos amplíen la red de recarga, es uno de los factores que hacen que muchos españoles hayan decidido esperar para comprar un coche nuevo.

¿Para que vas a comprar un eléctrico ahora, si dentro de dos años van a ser más baratos, van a tener más autonomía y se van a resolver otros problemas que ahora mismo les atañen? Tiene toda la lógica y, por eso, muchos van a seguir esperando, alargando la vida de su vehículos de combustión, hasta que el nuevo eléctrico les de prestaciones parecidas.

SIN ESPACIO PARA EL VEHÍCULO ELÉCTRICO

La mayoría de conductores que tienen un coche eléctrico en la actualidad posee también un coche de combustión. Este dato no se tiene en cuenta en muchos casos pero es muy significativo, ya que siempre es más fácil convivir con las limitaciones que tiene todavía el coche eléctrico, teniendo el respaldo de un vehículo de gasolina o gasoil.

Pero claro, no todo el mundo posee un garaje para aparcar dos coches, ni tiene la capacidad de mantener dos coches, por su poder adquisitivo. Además, el aparcamiento público cada vez está más limitado y complicado. Las motos en Madrid ya no pueden aparcar en las aceras y las terrazas han restado miles de plazas de aparcamiento en las calles, con lo que si ya es difícil aparcar un coche, no digamos si tenemos que tener dos coches durmiendo a la intemperie.

FALTA DE INFORMACIÓN

Por último, seguramente un porcentaje de españoles estarían dispuestos a adquirir un coche eléctrico, pese a todo, pero no tienen la información adecuada para tomar una decisión tan importante como gastar cifras que rondan o superan los 25.000 euros.

Gente mayor a la que se le hace muy farragoso buscar si cumplen con las condiciones para obtener las ayudas públicas, o depender de una app para localizar los puntos de recarga de su ruta, o conocer los trámites que tienen que seguir para poner un punto de recarga en su garaje privado. 

CON MUCHO FUTURO, PERO SIN PRESENTE

Seguramente al 95% de los españoles por no decir el 100% preferirían tener un coche eléctrico en vez de uno de combustión. Si no lo tienen no es porque les encante contaminar el medio ambiente, sino porque no se lo pueden permitir en la situación económica actual y con la tecnología que no alcanza su fase de madurez.

Hay un dato incuestionable, en la actualidad se venden muchos más coches usados que nuevos. De hecho, en comparación con los automóviles de este tipo vendidos en el 2020, se ha producido un incremento de un 135% en sus ventas de este año.

Todavía no existe un mercado del vehículo usado eléctrico, es evidente que el día que así ocurra, será mucho más fácil acceder a ese tipo de coches y el parque electrificado crecerá, con el consiguiente descenso de vehículos de combustión en las carreteras.

El futuro pasa por el coche eléctrico, evidentemente. El coche eléctrico es el futuro de la movilidad pero, aunque algunos dirigentes nos lo intenten imponer a toda costa, las cifras no engañan, el vehículo eléctrico no es el presente y en países como España tardará en llegar a serlo.