Este artículo también es neutro en carbono.

Cabify es una compañía interesante y poco habitual en España. Pero siempre ha tenido una sobredosis de marketing. A su fundador y consejero delegado, Juan de Antonio, le gusta lucir ese estilo básico para hacer notar que su empresa tiene que ver con la tecnología-cool.

Les deleita verse a sí mismos como una evolución, más sofisticada y adaptada, de los taxis. Se consideran un “unicornio español”. Esto del unicornio no es más que un término hortera usado dentro del sector de las startups para definir compañías con valoración de más de 1000 millones de dólares, ganen o pierdan dinero. De Antonio suele aderezar sus intervenciones con frases tan pomposas como vacías. “Queríamos que las ciudades fueran más para las personas y no tanto para los vehículos”, suelen repetir. Como si su negocio fuese construir calles peatonales y no un servicio rodado.

Además de las frases happy flower, Cabify siempre ha mostrado tener un trauma con otro asunto. No, no nos referimos a esa obsesión que tienen de copiar a Uber prácticamente en todo. Nos referimos en este caso a su tributación. La compañía gusta de amenazar con acciones legales (como si la justicia fuera un juego) a aquellos que la ponen en duda. Pero, ¿quién podría poner en duda semejante estructura, siendo esta tan cristalina? Al fin y al cabo, su sede fiscal (donde paga impuestos de sociedades) está en Delaware y su beneficiaria última reside en Luxemburgo. En España están más para cobrar que para pagar, poco más o menos que están aquí de paso. Para los temas fiscales son de Delaware, para el marketing y cobrar, empresa 100% española.

Recientemente, ese complejo entramado tributario de Cabify le volvió a jugar una mala pasada. Así, hace algunos días desde el departamento de comunicación y firmado por Irene Recio emitieron un delirante “comunicado oficial” frente a esta publicación de MERCA2.

En este documento, más que defender su supuesta inocencia fiscal demostraron una falta de comprensión lectora preocupante. Vamos, que si en lugar de fecharla el 11 de diciembre lo hubieran hecho el 28 quizás habría tenido más sentido.

Así nosotros, conmovidos por la aparente incomprensión del español desde el mundo de los unicornios, queremos analizarlo punto por punto.

“CABIFY ABONA EL 100% DE LOS IMPUESTOS CORRESPONDIENTES A SU ACTIVIDAD

Curioso el añadido “a su actividad”. Con ese eufemismo quieren indicar que pagan la seguridad social de sus empleados y el IVA. Cómo hacemos todos los contribuyentes en España. Vamos, ¡sólo faltaba! Otra cosa es como buscan beneficios fiscales en el impuesto de sociedades. Basta decir que la empresa paga más impuestos por este concepto en Latinoamérica que en España

En el primer punto, se puede leer: “Es completamente falsa la existencia de ninguna intrincada red para minimizar los impuestos en Luxemburgo. Cabify abona el 100% de los impuestos correspondientes a su actividad en todos y cada uno de los países en los que opera, entre ellos también en España”.

Una afirmación que es sorprendente y que no tiene mucho sentido. puedes estirar la ley para aprovechar todo tipo de beneficios, pero al menos, reconócelo.

En primer lugar, no es algo noticiable, ya que es el día a día de todos los españoles, incluidos los que creen ser un unicornio, que a fecha de hoy la ley debiera ser la misma para todos. Por otro, que pagar los tributos correspondientes a “su actividad” no es lo mismo que pagar todos los que debería. La diferencia es importante.

Se puede empezar con dónde paga realmente sus impuestos y ese lugar no es España, sino EEUU. Más en concreto en el estado de Delaware, una región famosa tanto por tener una tributación casi inexistente como porque tiene más empresas registradas que ciudadanos. Esto no es ilegal, pero evidentemente es una argucia que ayuda a reducir la factura que se debería abonar en nuestro país. ¿Qué diríamos si Inditex se domiciliara fiscalmente en Delaware? Pagaría impuestos en España de su actividad (por ejemplo, la seguridad social de sus pocos empleados), pero no todos los que debería como cualquier empresa española. Si algún día Cabify quiere ser un unicornio español, a lo mejor debería empezar por mantener sede fiscal en su país, como Telefónica, Iberdrola o como otros miles de compañías. Así no tendría que avergonzarse luego de sus propias decisiones.

Cabify tiene sede en Delaware (USA) para minimizar sus impuestos en España, cuando ni siquiera opera en ese país.

En 2018, tras multitud de críticas por como opera, Cabify prometió públicamente que cambiaría su sede fiscal desde Delaware a España, cosa que evidentemente no han cumplido y define claramente la doble moral de la compañía. Hace pocas fechas, preguntado por este asunto, su compromiso público de traer la matriz de Delaware a España y tributar en nuestro país, Mariano Silveyra, vicepresidente de asuntos públicos de Cabify no sólo se jactaba de incumplir su compromiso público sino que decía “no es algo que tengamos en mente en el corto plazo, no es algo que tampoco sea necesario. No tenemos ninguna necesidad de hacerlo. Fue algo que se dijo en aquel entonces, pero no es algo que realmente tengamos presente ahora”

Así. Con un par. Esa es la credibilidad que tiene una compañía que parece que quiere salir a bolsa en nuestro país. Si lo logran los requisitos de compliance parece que se les van a atragantar un poco.

Delaware, Luxemburgo, son zonas de especial tributación que seguro que conocen nuestros lectores. Pero volviendo al temerario comunicado estamos seguros que Cabify no está domiciliada allí por ningún beneficio fiscal, yo creo que es por casualidad: han domiciliado allí sus matrices empresariales por sus playas y gastronomía.

Escuchandoles parece que la matriz esta domiciliada en Delaware y Luxemburgo no por un tema fiscal, sino por sus playas y gastronomía.

Se puede seguir claramente el rastro de cómo opera Cabify. A grandes rasgos, el beneficiario último, Rakuten SARL inyecta, a través de Luxemburgo, decenas de millones que luego son retribuidos con intereses excesivos que oscilan entre el 7 y el 7,5% mensual.

Los pagos se realizan aún expensas de dejar a la compañía en números rojos de forma crónica. Eso no parece importar demasiado a la hora de exprimir la vaca. Por no hablar, de los cientos de millones que se pagan en concepto de “aprovisionamientos”. Unas salidas que han supuesto más de 330 millones en los últimos años y de los que solo se sabe (nota 10.2 de sus propias cuentas) que son “correspondientes a los servicios prestados por terceros”. La empresa, preguntada por este punto, no ha querido desglosar detalle de esos importes.

En definitiva, para Cabify tener una sede fiscal en el segundo estado más pequeño de EEUU, país en el que por cierto no opera. Por supuesto se trata del estado que más ventajas fiscales proporciona, y al “beneficiario último” de la empresa, establecido en Luxemburgo desde donde, además, inyecta decenas de millones que luego recibe con intereses casi abusivos “no es una intrincada red para minimizar los impuestos”. ¡Demos gracias al Señor!

Esa singular estructura fiscal permite que esta empresa, que presume de revolucionar la movilidad urbana, que presume de rondas de capitalización, y de valoración de casi 1500 millones para una supuesta salida a bolsa haya abonado por impuestos de sociedades en el total de los últimos 10 años 209.165 Euros. ¡Hay bares de pueblo que pagan más! En 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018 no pagaron un solo euro en España en este concepto, al no obtener beneficios, de ahí quizás esa fijación por ordeñar tanto a la vaca española.

¿MIENTE EL AUDITOR DE LAS CUENTAS DE CABIFY?

El siguiente punto del atrevido comunicado de la empresa es aún más ridículo, porque no se sabe muy bien en que punto deja al propio auditor de sus cuentas (una empresa del prestigio de EY)

“Tras cerrar el mejor ejercicio de su historia en España, el grupo ha decidido apoyar al negocio de la sociedad española para abordar la progresiva recuperación con los recursos de caja necesarios. La posición financiera de la compañía es sólida y está lejos de un escenario de quiebra”.

Presumen de ser un “unicornio”, pero han pagado en 10 años menos impuestos de sociedades que un bar de carretera: 209.000 euros en todo ese periodo

El “mejor ejercicio de su historia”, realmente es el único bueno, el único en el que han dado beneficio, unas ligeras ganancias de 2,7 millones, después de más de cien millones quemados a lo largo de los años. Estas ligeras ganancias servirán, imagino, para sustentar los teóricos miles de millones de su valoración. Pero, al fin y al cabo, si la posición financiera de la compañía es “sólida”, como se dice, ¿por qué “el grupo ha decidido apoyarlo”? Para aclarar la incoherencia podemos acudir al auditor que advierte de que la situación es bastante más complicada de lo que la empresa dice.

EY en la auditoría reconoce “la existencia de una incertidumbre material que puede generar dudas significativas sobre la capacidad de la Sociedad para continuar como empresa en funcionamiento”. Además, añade que esas dudas “significativas” se extienden “sobre la capacidad de dichas participadas para continuar como empresa en funcionamiento”. Y, por último, deja claro que la decisión del principal acreedor, que es su beneficiario último Rakuten Europe, de dejar en el aire los pagos de 2020 ha servido para “asegurar la continuidad de las operaciones”, ya que la empresa sigue en funcionamiento gracias a “contar con el apoyo financiero del grupo al que pertenece”. A continuación, se incrusta la opinión del auditor para facilitar el seguimiento al departamento de comunicación de la empresa, dado que, posiblemente, no leyeron por completo sus propias cuentas.

ESPERA, QUE AHORA, SI NOS INTERESA LO QUE DICE EL AUDITOR

“Es completamente falso que la compañía tenga una estructura opaca destinada a hacer más eficiente el grupo desde un punto de vista fiscal. El informe de auditoría para la presentación anual de nuestras cuentas, al que se refiere el propio artículo, es la prueba evidente de que esta afirmación es falsa, pues en este informe se presenta nuestra estructura societaria en España en la que declaramos el 100% de nuestra operación local y la correspondiente liquidación impuestos”.

Y de nuevo, ‘vuelta la burra al trigo’. El punto de “estructura opaca” ya lo habían intentado desmentir con lo de “compleja red” al principio. Aunque es un intento de intoxicación meritorio, defrauda profundamente el obsesivo interés por seguir haciendo el ridículo.

Hasta en tres ocasiones el auditor utiliza el término “dudas significativas” para explicar la situación de la compañía.

¿Es una falta de compresión lectora alarmante o simplemente se hace a propósito? Desgraciadamente, visto lo visto, apostamos por la primera opción.

RIDÍCULO EN EL PAÍS DE LOS UNICORNIOS

En nuestro artículo original nos referimos a Rakuten con el “término sociedad dominante”. Parece que no ha gustado en las entrañas de Cabify. ¿Sociedad dominante? Nada de eso, somos una startup de espíritu indomable, ¡nadie puede dominar a un bello y salvaje unicornio!

Así el comunicado reza indignado: “Rakuten es accionista del grupo y beneficiario último, pero no la sociedad ‘dominante'”.

Esto se merecía colocar a ese macaco tan gracioso del WhatsApp con las manos tapándose los ojos. No tienen un mínimo sentido del ridículo máxime cuando no se han leído sus propias cuentas, pero lanzan panfletos hablando ex catedra.

A continuación, adjuntamos la página 71 de las referidas cuentas del 2019 (en la 56 del 2018, si se prefiere) aparece escrito: “Rakuten Europe SARL sociedad dominante última”. Ya que nosotros si hemos tenido la santa paciencia de analizar los cerca de 100 folios del informe, y ya que los responsables de empresa parecían desconocerlo les facilitamos la información con objeto que no hagan más el ridículo negando obviedades, escritas negro sobre blanco en sus propias cuentas.

En definitiva, Cabify pretende desacreditar nuestro artículo en un comunicado que pareciera escrito por un becario de copas un jueves por la noche. En el incurre en errores de bulto, incorrecciones y contradicciones (algunas, pensamos, de forma deliberada). Una situación impropia y en cierta medida sonrojante para una firma que pretende ser de prestigio y que tal vez debiera centrar sus esfuerzos en recuperar parte de los 130 millones de euros que ha quemado desde 2016, porque si el unicornio sigue así, pronto no va a tener ni para alpiste.

Juan de Antonio, fundador del unicornio Cabify

Cabify es un ejemplo de startup exitosa en España, así lo reconoció MERCA2 en sus premios de 2018 nombrando a su fundador, Juan de Antonio como “emprendedor del año”. Pero del mismo modo que decimos eso, decimos abiertamente que no es un buen ejemplo fiscal, ya que si todos fuéramos tan insolidarios como está startup este país se iría a pique.

Es además un lamentable business case de política de comunicación, una gestión muy mediocre desde sus inicios que no estaba a la altura de la empresa, con constantes cambios de rumbo, cambios de agencias, y con profesionales, cuanto menos, por ser elegantes, poco habilidosos.

Lo que no son cuentas, son cuentos. Y en el mundo de la fantasía los que se creen unicornios puede que se muevan como la seda en su mundo irreal, pero al final la verdad siempre acaba por retratarlos.