Superbowl anuncios audiencias

Dentro del innumerable abanico de eventos deportivos que se celebran a lo largo del año, la Superbowl se erige como uno de los más grandes a nivel de show, espectadores e impacto económico. Sin embargo, la relación entre algunos de estos factores no presenta sintonía alguna. La audiencia ha caído en los últimos años, pero el precio de los anuncios continúa al alza. Un sinsentido, bendecido por el hambre de promoción de decenas de empresas que buscan su espacio en el descanso.

Ese hueco durante la Superbowl saldrá más caro que nunca. 30 segundos de emisión les costará a los anunciantes una media de 5,6 millones de dólares, cuando hace sólo una década la cifra era prácticamente la mitad (2,77). Respecto al pasado año (4,6 millones de dólares), el incremento también es notable: casi un 25% más. Y eso que hasta la fecha el tope estaba en los 4,7 ‘kilos’ de 2017. En total, se estima que se emitan 77 anuncios por un coste total de 430 millones de dólares. Una auténtica locura.

Sobre todo si se tiene en cuenta que pese al ‘boom’ en otros países, en Estados Unidos las audiencias han caído. En 2019 se bajó de los 100 millones de espectadores por primera vez en una década. El dato registrado, con 98,2 millones de personas frente al televisor, fue el peor desde 2007. De ahí que parezca una incongruencia la maniobra de la CBS de cobrar mucho más, cuando claramente el evento pierde adeptos.

Y es que no es cosa de un año. Respecto a 2018 la audiencia se desplomó un 5%, pero el descenso se acentúa más (y va en línea) respecto a años anteriores. Un hecho que demuestra que la culpa del bajón del pasado año no se debió únicamente a la falta de emoción en esa final de la NFL (se impusieron los Patriots 13-3). No obstante, el show es de tal dimensión y tan seguido en cada rincón, que la CBS (encargada de retransmitir el duelo este año en EEUU), lejos de recular en los precios, los ha inflado. Y su plan ha funcionado.

Las empresas quieren figurar en la Superbowl sin importar el coste y las audiencias. O eso al menos parece, porque la CBS contará con marcas de todos los sectores. En Motor, Audi, Hyundai, Porsche y Taycan se harán notar. En cuanto a la comida (muy demandada durante el evento, por cierto), repiten un mítico como Doritos y regresa Cheetos tras más de diez años alejado de este evento. Luego están otras enseñas habituales como la cervecera Budweiser o Amazon, que aprovechará para dar el tirón final a su altavoz inteligente Alexa.

Algunas de estas empresas han arrancado ya su promoción al compartir sus 30 segundos en redes sociales en los últimas días. Pero a buen seguro, sus impresiones no serán las mismas que el próximo domingo 2 de febrero (la madrugada del lunes en España), cuando la Superbowl ponga sus respectivas compañías ante los ojos de casi 100 millones de espectadores en Estados Unidos.

LA SUPERBOWL, UN EVENTO ÚNICO A NIVEL ECONÓMICO

La Superbowl genera más de 400 millones de dólares. En estos términos, no tiene competidor alguno. El evento está por delante de los Juegos Olímpicos e incluso de un Mundial de Fútbol. Por poner en contraste las cifras, una edición de la Champions League genera poco más de 100 millones de euros.

Claro que la Superbowl afronta gastos importantes, como la puesta en escena de los espectáculos que se producen en el descanso del partido, y que tanto caracterizan a este evento. Este año entre serán Shakira y Jennifer López quienes acaparen los focos, aunque ellas no verán un sólo euro. Pese al caché de estas artistas, la Superbowl acuerda gastarse todo el dinero en la producción.

Para los cantantes no supone ningún inconveniente, porque su mera presencia en el escenario se traduce en futuras ganancias. El último ejemplo lo puso Bruno Mars, cuyas ventas se dispararon en un 93% tras actuar en la Superbowl. Otra muestra de que no es sólo un partido sino un negocio redondo. A veces, hasta un límite que roza el abuso, como el de este año. Precios que tocan techo y audiencias que tocan fondo. Pero las compañías están dispuesta a aceptar el chantaje con tal de inmiscuirse en la mayor atracción deportiva del año.