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El sector del jamón atraviesa una época de turbulencias. Más allá de los deslices del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, con el jamón ibérico y el serrano, el sector ha estado marcado este año por la confusión en su etiquetado, la polémica de los jamones de origen polaco y la caída de una de las grandes del sector: Comapa. Todo ello ha impactado en los precios de este producto de cara al consumidor.

En septiembre de este año, Comapa –principal empresa del sector cárnico en España– se declaraba en concurso de acreedores por la “negligente” gestión de la anterior dirección, a cargo de los hermanos David y Jaime Álvarez, que fueron relevados en abril, según la compañía. Los accionistas Vall Companys y Blai Parés asumieron el control de Comapa. La primera es otra de las principales empresas del sector cárnico.

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Expertos del sector aseguran que la consecuencia directa de la caída de Comapa es que los precios han aumentado al concentrarse la oferta en un solo oferente. Anteriormente, la oferta era muy elevada y los precios muy bajos, lo que permitía llamar la atención del consumidor –a pesar de la confusión en el etiquetado–.

Detrás de Comapa pesaba una serie de investigaciones y denuncias que habían tirado por tierra su imagen. El pasado 1 de agosto, Facua denunció a Comapa ante la Dirección General de Consumo de la Comunidad de Madrid por vender jamones de Polonia como si fueran de Granada, bajo la marca “Sierra Alpujarra”.

Comapa, principal proveedor de Carrefour, comercializaba el jamón curado bajo la marca Sierra Alpujarra y con el nombre de Granada con carne traída de Polonia. La asociación de productores y expertos del sector denunciaron un engaño al consumidor por la confusión con los jamones de La Alpujarra, reconocida como Marca de Garantía; mientras la empresa defendió la legalidad de su marca.

En cuanto a la procedencia de los jamones bajo la marca Sierra Alpujarra no es ilegal comercializar jamón de Polonia o de otro país de la comunidad europea, según la asociación. Lo ilegal, en este caso, es no curar el producto en La Alpujarra y eso es algo que la asociación pone en duda sobre Comapa.

Fuentes del sector explicaron a MERCA2 que “la cadena gala adquiere a un precio fijo que ronda los 16-17 euros la pieza. En el mejor de los casos los vende a 38 euros, pero de manera recurrente elabora ofertas con grandes descuentos de 50 euros dos piezas”. Situación que ya se ha revertido.

COMAPA, INVESTIGADA

Esta no es la única polémica en la que se ve envuelta la empresa. El pasado 21 de diciembre de 2018, el representante legal y presidente de Comapa, Blai Parés, compareció en calidad de investigado por su implicación en una trama de empresas que manipulaban jamones y lomos mezclados con fecha de caducidad pasada y origen desconocido.

Esta investigación, llevada a cabo por la Guardia Civil, aún está abierta. Se destapó en agosto de 2017, cuando la máxima autoridad sanitaria de la Junta de Extremadura dio la voz de alarma al encontrar cerca de 300.000 kilos de productos cárnicos mezclados con restos de excrementos de rata, con fecha de caducidad pasada y origen desconocido, sin documentación y etiquetados con un número de registro sanitario falso. Así lo explicó el perito ante el Juzgado de Instrucción número 1 de Fregenal de la Sierra (Badajoz) realizada el pasado 23 de marzo de 2018.

ETIQUETADO DEL JAMÓN

Por otro lado, al sector también le ha salpicado los problemas de etiquetado que generan confusión en el comprador. Denominaciones de Origen y expertos del sector llevan años denunciando el engaño al consumidor de jamón 100% ibérico que amenaza con manchar el buen nombre del jamón ibérico ante la pasividad de las administraciones y una normativa demasiado laxa.

Los consumidores adquieren jamón ibérico de cerdos híbridos mezclados con otras razas, principalmente Duroc. Estos animales están alimentados a base de piensos. Los usuarios no lo saben, y compran atraídos en base a dos atractivos: precios más bajos a la raza pura y un etiquetado confuso. Tanto que se omite información sobre la raza mezclada (Duroc) en el etiquetado.

Así, muchas cadenas de supermercados ofrecen en sus lineales este producto con una etiqueta que anuncia que se trata de un “jamón ibérico” o “jamón de bellota ibérico” para acompañarlo en la letra pequeña con el porcentaje que revela la mezcla: “un 50% o un 75% de ibérico”. Y estas etiquetas vienen amparadas por la ambigua legislación –Real Decreto 4/2014– que no diferencia claramente entre producto y raza. Es jamón, sí; pero no es 100% ibérico.