martes, 16 agosto 2022 11:30

Los padres, el único crédito de los jóvenes para acceder a una vivienda

Los llamados ‘millennials’ tienen muy complicado acceder a una vivienda. Los salarios y la casi nula capacidad de ahorro son los escollos a salvar. La gran mayoría prefiere comprar, pero casi todos acaban en el mercado de alquiler de manera forzada. Al final, son los padres los que tienen que acudir al rescate de sus hijos. Hasta un 70% de los jóvenes reconocen que necesitarían ayuda de sus progenitores para comprar un piso, según el último estudio elaborado por Aedas.

Los promotores inmobiliarios han comenzado a buscar un nuevo perfil de comprador. Las ventas por reposición -familias que cambian su vivienda por una de obra nueva- ha comenzado a dar síntomas inequívocos de agotamiento. El sector ha detectado esta fatiga y se centra ahora en el nuevo perfil de comprador: los ‘millennials’. Esta nueva fase se presenta más difícil que la anterior, porque los jóvenes tienen un menor poder adquisitivo y los inversores han de a ajustar más sus márgenes.

Los nuevos actores del mercado miran como miedo y recelo la compra de una vivienda. El trabajo ya no es un problema. De hecho el paro juvenil no para de descender, pero la remuneraciones y la falta de financiación si merman las posibilidades de los jóvenes. Esta situación está bien reflejada en el último estudio de Fotocasa. Este informe plasma como el porcentaje de clientes de entre 18 y 24 años que han intentado comprar un piso, pero no la conseguido ha aumentado de manera considerable. En concreto, el 8% de los encuestados han vivido esta situación, por el 3% registrado el ejercicio anterior. Un problema que se agudiza en el rango de edad entre los 25 y 34 -14% en el 2019 frente al 8% del año anterior-.

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Esta frustración tiene un claro culpable: la falta de ahorros. Los jóvenes tienen músculo financiero para afrontar una hipoteca, pero no lo tienen para desembolsar una entrada inicial que en la gran mayoría de casos supone el 30% del inmueble. Una barrera insalvable para la gran mayoría de ellos. Según el estudio de Aedas ‘Millennials y vivienda 2019’, sólo el 25% de los encuestados tenían ahorrados más de 30.000 euros. Es decir, uno de cada cuatro. El porcentaje más representativo es el de los jóvenes que tienen entre 5.000 y 10.000 euros apartados para la compra -un 37%-. Un dato que guarda consonancia con la cantidad que pueden ahorrar al mes: entre 100 y 200 euros -un 33% de los encuestados.

Con esta escasa capacidad para economizar los sueldos los jóvenes manejan presupuestos para acceder a viviendas de entre 100.000 y 125.000 euros. Es en este mercado donde tienen que empezar a moverse las promotoras, porque el 42% de los millennials afirman que es a la casa que pueden optar, según el informe de Aedas. Apenas un 13% sitúa este listón por encima de los 200.000 euros de media en toda España. “Llegan más fácilmente al importe más elevado los que ya tienen una casa en propiedad porque cuentan con el dinero de la venta de su casa para la compra”, Javier Sánchez, Director de Innovación y Marketing de Aedas.

A pesar de todo, los ‘millennials’ saben la única vía para comprar es el ahorro y por eso hasta el 58% afirma hacerlo ya y el 21% tiene previsto empezar a hacerlo pronto. 

“El problema del acceso de los jóvenes a la vivienda es claro y los promotores, administraciones y sector financiero debemos ser capaces de poner en marcha soluciones para solventarlo”, advierte Sánchez. “Estamos ante uno de los grandes retos para el sector inmobiliario y en Aedas ya estamos buscando fórmulas alternativas que faciliten el pago de la entrada. El 50% de los que hoy viven de alquiler, directamente, no puede hacer frente a este desembolso”, lamenta Sánchez.

SIN PADRES NO HAY ACCESO A LA VIVIENDA

En este escenario son los padres el mejor y único crédito de los jóvenes. De hecho, el 70% de los encuestados afirman que necesitarían la ayuda de sus progenitores para hacer frente a la entrada de la casa. El problema va en aumento y los ciudadanos cada vez tienen una sensación mayor de estar viviendo una burbuja inmobiliaria, a pesar de que los datos no refrendan este pensamiento.

El balón está en el tejado de las promotoras, las administraciones y los bancos. Las primeras han de rebajar el precio de la vivienda y adaptarlo a las nuevas necesidades de los jóvenes. Las segundas han de abrirse a nuevas fórmulas para resolver la cuestión -colaboración público privada, préstamos públicos…-. Y las últimas han de flexibilizar los accesos a la financiación.


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