Repsol
Estación de servicio de Repsol | Angel Navarrete/Bloomberg

El autodenominado gobierno más “verde” de la historia en España no deja indiferente a nadie. Obligación tiene. Exige Bruselas y el propio cielo negruzco de muchas grandes ciudades. Otra cuestión será el impacto que reciban algunas compañías, sobre todo las que tienen grandes cuotas de mercado en sus segmentos, como es el caso de Repsol. Por si fuera poco, la incertidumbre política añade más dudas sobre las empresas.

Todo arranca cuando el Gobierno decide mostrar el borrador de la futura Ley de Cambio Climático que debe tener listo antes de que acabe el año. Entre los titulares que se encuentran en el documento: restricción a la venta de vehículos diésel y gasolina a partir del año 2040. Bombazo para la industria del motor, tanto en su vertiente de fabricación como en el sector de refino y venta de combustibles.

Primeras reacciones de contrariedad en el sector, y el gran campeón nacional, Repsol, en medio de la encrucijada. Pero ahí no acaba la película. Esta misma semana, en el marco de un encuentro organizado por la Asociación de Operadores Petrolíferos (AOP), las ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera; y la de Industria, Reyes Maroto, vuelven a globosondear. Aseguran que la futura ley todavía se está redactando y aún quedan matices por pulir. Incluido el asunto de la restricción en la venta a partir de 2040.

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Con estos bandazos que se arropan en la incertidumbre, surge un informe de Bloomberg que pone en entredicho la salud de Repsol para los próximos años si, definitivamente, se aplican todas las restricciones, tanto de venta (2040) como circulación (2050) de los vehículos impulsados con tecnologías contaminantes.

REPSOL, EXPUESTA ANTE LA LEY

Según explican desde la agencia estadounidense, Repsol es una de las mayores petroleras europeas y, en concreto en el mercado español, es uno de los principales actores. Por eso, añaden, cualquier tipo de medida que se tome en el recorte de vehículos circulando en la carretera afectará.

De este modo, Bloomberg señala la gran exposición de la compañía presidida por Antonio Brufau en caso de que la Ley de Cambio Climático mantenga esta medida. El informe profundiza en que si el Gobierno de Sánchez se mantiene firme con esta y otras medidas, que en gran parte socavan la tecnología de los hidrocarburos, Repsol se enfrenta a “diversas dificultades” durante la próxima década.

Según los datos que aporta, la demanda de diésel en España aumentó 2,8% en el primer semestre del año con respecto al mismo periodo del ejercicio anterior. Pero a tenor de las normas previstas en dicha Ley, desde Bloomberg esperan que se deteriore para 2020 si la apuesta industrial del Gobierno se centra en los coches enchufables.

Por lo que respecta a la gasolina, a pesar de que ha aumentado ligeramente su consumo en los últimos años, entre otros motivos por la criminalización que se ha trasladado desde el Gobierno socialista hacia el diésel, lo cierto es que la demanda de gasolina en España ha caído alrededor del 40% desde principios de la década del 2000.

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Añaden desde Bloomberg que es probable que se tarden bastantes años en alcanzar el objetivo de eliminar los motores de combustión interna; pero, una vez llevado a cabo, se reduciría la demanda de petróleo de Europa en unos 8 millones de barriles por día. En este contexto, el diésel y la gasolina europeos representan aproximadamente el 60% de la demanda de petróleo de la región. Por ello, dar la espalda a dichos combustibles podría presionar significativamente el crecimiento de los ingresos para los minoristas y refinadores en la región. Siendo Repsol, aseguran, el que tiene la cartera más ponderada en el continente.

Cabe recordar que al cierre de 2017, el negocio dowstream de Repsol supuso un 78% del resultado neto ajustado de la compañía. Es decir, donde se encuadra el negocio de venta de combustible que representa una parte importante en la cuenta de resultados que no se puede obviar.

LOS EJEMPLOS QUE INQUIETAN A REPSOL

Además de añadir esta serie de datos, el informe de Bloomberg pone diversos ejemplos para contextualizar lo que puede suceder con Repsol. En el caso alemán, explican, las políticas antidiésel llevan varios años incorporándose a la economía y, lógicamente, la industria lo ha notado.

Así, frente a la mencionada subida en el consumo de diésel en España, en Alemania ha tenido una caída del 7,4% en el primer semestre del año con respecto al mismo periodo del año anterior. De ahí asumen que, una vez legislado a favor de un tipo de vehículo, la incidencia sobre los consumidores y, por lo tanto, cómo hacen rodar los coches, tenga impacto en la venta de combustible. No obstante, en el ejemplo alemán, se debe tener en cuenta que todavía no hay una fecha final reglamentada -como sucede en otros países- para que este tipo de vehículos deje de circular.

Un caso concreto es el de Noruega, donde se elimina la venta de vehículos a gasolina y diésel para 2025. Así, desde Bloomberg estiman que si el país nórdico cumple su objetivo, esto reduciría el nicho de negocio en la demanda de petróleo en el transporte por carretera en un 30% en 2025 en comparación con 2017.

Por si fuera poco, el informe también saca a colación la nula rentabilidad que supondrá el estacionamiento de coches eléctricos. Primero porque, según el borrador de Ley de Cambio Climático, habrá que hacer una inversión mínima en infraestructura para electrolineras que costará amortizar; y segundo, porque los propietarios de dichos coches, poco a poco, tendrán capacidad de carga en sus domicilios, por lo que será poco probable la necesidad de repostar tan a menudo sucede actualmente.

¿UN FUTURO TAN NEGRO?

Por ahora Repsol no ha querido hacer grandes pronunciamientos en público. De hecho, el último en alzar la voz ha sido el consejero delegado de la compañía, Josu Jon Imaz, precisamente en el congreso de los operadores petrolíferos. Aunque no se ha mojado ni los tobillos.

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Imaz asume que la ley será un golpe en la línea de flotación, pero para la economía en su conjunto. Lo más arriesgado que postula es que debe haber una neutralidad tecnológica por la que debería apostar el Gobierno. Donde sí hace hincapié es la incertidumbre. Sobre todo, asegura, porque se encuentra el efecto contrario. Es decir, si la gente duda sobre comprar o no un coche nuevo, que consuma lo que consuma siempre será menos contaminante que los actuales; si no sucede eso habrá un parque automovilístico muy envejecido y contaminante.

Ahora bien, al margen del negocio más conocido de Repsol, ¿realmente sufriría un impacto tan grande en su negocio? La petrolera, precisamente, tiene al margen del refino de crudo para combustible otra gran actividad. Y eso va mucho más allá de España, Europa, y los mercados que menciona el informe de Bloomberg.

Se trata de un operador mundial con presencia en diversos países. Y, por otro lado, hay que tener en cuenta que, al menos por ahora, los únicos carburantes a los que se quiere meter manos es a los automóviles particulares. Pero el transporte de mercancía en barcos, o de pasajeros en aviones, representa un volumen importante en el Ebitda de la compañía.

Misma situación con tantos y tantos productos, para el hogar, la sanidad, la tecnología, que están sustentados por el refino de crudo y, por ahora, seguirán manteniendo su actual nivel de comercialización. Incluso, en el uso del coche particular, Repsol apuesta de manera decidida por el autogas, nicho donde quiere ganar cada vez más terreno en esa apuesta por lo verde.