martes, 15 junio 2021 5:22

Freud y el consejo de Telefónica

“Matar al padre” como símbolo de quitarse las cadenas. El padre del psicoanálisis a principios del siglo XX había definido perfectamente lo que ocurre en la dirección y Consejo de Administración de Telefónica.

Se trata de una figura metafórica y dramática en la que uno se libra de la tutela del padre, en este caso de César Alierta, para volar libre fuera del nido.

Hace año y medio Alierta decidió dejar la presidencia de Telefónica. Pensó que la Fundación de la compañía podría ser una buena jubilación para seguir activo y mantener su influencia en la vida pública. Para ello se ocupó de dotarla con una importante presupuesto y de encontrar un sucesor. Sus cercanos decían que más que estar cansado, lo que estaba es aburrido.

Aunque algunos accionistas lo veían con muy buenos ojos, la opción de Pablo Isla, hasta ahora consejero de la operadora y con antigüedad suficiente en el cargo, que además ya había sucedido a César Alierta en Tabacalera, resultaba difícil. Su excelente trabajo en Inditex y la tranquilidad del puesto complicaban que el ejecutivo pudiera siquiera plantear moverse de esa situación. Políticamente hubiera sido un paso adelante; profesionalmente, sin embargo, era una decisión de riesgo. No fue un hasta siempre, pese a su reciente salida del consejo de administración del operador, más bien un “ahora no es el mejor momento”.

En ese escenario, durante años hubo una puja por la sucesión entre varios directivos de la compañía. En esa terna la primera descolgada hace ya un par de años fue Eva Castillo. Entonces, las miradas se dirigieron a Luis Miguel Gil Pérez, Presidente de Telefónica España y el actual presidente el propio Álvarez-Pallete. Que finalmente resultó elegido.

Distrito Telefónica: Querer copiar Googleplex y hacerlo como el culo

César Alierta había tomado una decisión cuestionada por muchos de sus directivos más cercanos, que le preguntaban si de verdad consideraba que era el mejor candidato. Cada vez que a Alierta le insistían en si tenía sentido su elección, este replicaba que era “el más preparado para el futuro, el que más sabía del negocio que vendría”. El núcleo duro alrededor de Alierta consideraba a Álvarez-Pallete como un outsider, una gestión no continuista en la que perderían su influencia, y con la que sabían además que su propia continuidad en la empresa sería difícil. De hecho, hacían numerosas bromas sobre su figura, y sobre su afición al running.

Le llamaban despectivamente “maratón-man”, y se declaraban perplejos por sus comentarios sobre qué teléfono debían o no utilizar, cuando Pallete poco más o menos que pasaba en las reuniones revista a los mismos. Consideraban que no entendía en qué se sigue sosteniendo a nivel de ingresos el negocio de la compañía. La parte más tradicional. Estos directivos durante el último año han ido abandonando posiciones clave. Algunos dejando la empresa en prejubilaciones incentivadas, otros simplemente pasando a posiciones secundarias dentro de la misma. Alvarez Pallete ha ido paulatinamente tomando posiciones, y aún lo sigue haciendo, pero el problema fundamental es que una parte importante de su equipo de confianza es demasiado joven y falto de experiencia.

Cuando llegó el momento del relevo César Alierta creyó haberse reservado el derecho de influencia en la vida pública. Más que un presidente ha sido un político, y con ese criterio ha tomado decisiones económicas discutibles. El ex presidente pretendía poder seguir ejerciendo sus relaciones tras abandonar el cargo. Así lo negoció, y así se ha visto defraudado. No ha sido posible, y esto tiene lógica. Poco a poco todos aquellos que acudían a pedir los tradicionales favores a Alierta se han ido dado cuenta de que cada día tenía menos ascendiente sobre Álvarez-Pallete, hasta el punto que hoy, es mejor no llamar a su puerta para conseguir algo del operador. Su influencia con su pupilo está bajo mínimos y empeorará.

El actual presidente de Telefónica sabe que tiene que ir eliminando, poco a poco, muchos de esos acuerdos y compromisos políticos de su antecesor, que cuestan dinero absurdo al operador, y que sólo se justifican en el poder absoluto que Alierta llegó a amasar. Los tiene identificados, y van a ser decisiones duras que le acarrearán problemas, pero sabe que debe afrontarlos. Veremos si los rebaja poco a poco, provocando un aterrizaje suave, o si se atreve a hacerlo de golpe. Un equipo ciclista y uno de fútbol sala, por lo pronto, deberían estar preocupados. Ni los Rajoy, ni los Rubalcaba, ni las amistades de algunos con Soraya Sáez de Santamaría van a salvar determinadas relaciones. Algunos medios de comunicación también deberían preocuparse. Hay determinados favores caros e ilógicos, que se van a objetivar en el futuro, o eso promete.

Juan Luis Cebrián, presidente del Grupo Prisa

Dicen que uno de los puntos de inflexión llegó hace meses, cuando Alierta instó a Alvarez Pallete a aumentar la presencia accionarial del operador en el Grupo Prisa. El expresidente quería más dinero para poder controlar el grupo de medios de comunicación –o como él mismo decía, salvarlo patrióticamente-. Quedó perplejo cuando la respuesta fue que no había dinero para eso y “bastante que no vendemos la participación que tenemos”. Quedó perplejo. NO era eso lo pactado. La caja que esperaba seguir controlando en la sombra, ya no era suya.

La influencia del ex presidente ha caído tan rápido, que aquellos que antaño le reían todas las gracias, hoy hablan de él como el Ángel Caído refiriéndose a él como “el emérito” y comparando su cada vez menor influencia con la que hoy tienen Juan Carlos I en la Casa Real.

La política y Telefónica, unidas de la mano

Y es que durante los años de poder casi absoluto a César Alierta nunca le divirtió el negocio. Le divertían la política y los medios de comunicación, donde su influencia, apoyada en la caja del operador, era superior a la de un ministro.

Fue ese interés por los colaterales del cargo, el que hizo lógico que eligiera como sucesor un perfil técnico para poder reservarse el ese papel. Álvarez-Pallete es un hombre de negocio y eso son buenas noticias para la casa, pero poco a poco irá vislumbrando, que, aunque no quiera, esa silla implica un papel político y social que tiene obligación de jugar. Muchos de los que en los últimos meses pedían la intermediación del “emérito”, saben que ya no es la puerta a la que acudir para llegar a su delfín. Y algunos de ellos no van a aceptar que se ponga de perfil en determinadas cuestiones.

Así queda el Consejo de Telefónica tras el adiós de Alierta

Alvarez-Pallete está reformando el Consejo de Administración de Telefónica, y esa reestructuración aún no ha terminado, está en pleno proceso. Algunos consejeros habían sido críticos con las primeras medidas y la gestión del nuevo presidente en los últimos meses, calificándolas en privado de efectistas y discutiendo su idoneidad. El Consejo está hoy compuesto por Isidro Fainé Casas (CAIXA), José María Abril Pérez, Julio Linares López, Eva Castillo Sanz, Juan Ignacio Cirac Sasturain, José Javier Echenique Landiribar, Peter Erskine, Sabina Fluxà Thienemann, Luiz Fernando Furlán, Carmen García de Andrés, Peter Löscher, Antonio Massanell Lavilla (CAIXA), Ignacio Moreno Martínez (BBVA), Francisco Javier de Paz Mancho, Francisco José Riberas Mera, Wang Xiaochu (China Unicom), Ramiro Sánchez de Lerín García-Ovies, María Luz Medrano Aranguren. Se esperan varias sustituciones y salidas voluntarias en los próximos meses.

También movimientos de directivos, especialmente porque algunos de los ya realizados han sido ampliamente discutidos. Hay importantes retos por delante y Álvarez-Pallete tendrá que ofrecer unos buenos resultados operativos a los accionistas en los próximos 12 meses. El primer año ha sido de toma de posición interna y de irse liberando, primero poco a poco, y en las últimas semanas más bruscamente, de las cadenas de un padre, que, perplejo, ingenuamente no parecía esperarlo.

El futuro de Pallete

Varios accionistas de referencia han optado por un voto de confianza, dejar trabajar a José María Álvarez-Pallete, intercediendo incluso para que Alierta abandonara el consejo de la compañía alejándose definitivamente a la Fundación. Están expectantes para ver si Alvarez Pallete es el hombre que debe llevar el timón en los próximos años. Para ello su gestión durante los próximos 12 meses será clave.

De momento, este curso parece que ha empezado relativamente bien en cuanto a beneficios. Las cuentas que acaba de presentar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) alcanzan un beneficio de 749 millones de euros. Un 42,2% más. Cifra que se obtiene tras el ajuste realizado por la inclusión de O2 en el perímetro del grupo, lo que ha hecho que el resultado neto del año 2016 se reduzca hasta los 548 millones de Euros. Si no se tiene en cuenta esto, y se toman los datos reportados hace un año (776 millones) el beneficio apenas crecería un 0,4%.

Los analistas

Los ingresos alcanzan los 13.132 millones de euros que, en términos orgánicos, suponen un avance de poco más de un punto y medio. Ahora bien, la deuda (auténtica preocupación de los analistas) está en los 48.776 millones de euros; lo que supone una reducción del 2% en términos interanuales y un ligero repunte respecto al cierre de las cuentas anuales. Unos números en los que el tipo de cambio ha jugado en favor de Telefónica. Es decir, que la gestión ha sido postiva lo que da al presidente de Telefónica respaldo para seguir con las reformas que tiene que llevar a cabo en la operadora.

Ahora bien, no puede descuidarse. La base de clientes permanece estable en algo más de 346 millones y la televisión de pago en España ha retrocedido ligeramente; así como los ingresos en nuestro país. Además, desde Citi ya avisan de que Brasil se puede ver muy impactado por una depreciación del Real Brasileño de hasta un 6,5%. Y no es el único Estado, también puede ocurrir a otros países Latinoamericanos. De hecho, para el conjunto de países donde opera Telefónica, estiman una caída de las divisas del 5%, algo que redundará en contra de los beneficios de la operadora. Ahora bien, los analistas de la casa recomiendan comprar títulos de la compañía a la que sitúan en un precio objetivo de 13,5 euros por acción. Es decir, confían en una buena evolución de la operadora en el mercado, donde Pallete ya ha empezado a ser reconocido por los inversores. Desde que llegó a la presidencia, los títulos se han revalorizado un 14% hasta alcanzar los 10,4 euros por título frente a los 9,13 que valían en marzo de 2016.


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