Carmena
Manuela Carmena no consigue ejecutar los publicitados presupuestos partucipativos.

Es un debate eterno, que parece que nunca tiene fin, pero no por ello hay que dejar de insistir en la necesidad de poner coto a ciertos comportamientos que se producen en las redes sociales, y que seguramente nuestras leyes penales no contemplan como tales porque siguen estando obsoletas. Esta semana hemos asistido, de nuevo, a un doble ejemplo de los más despreciable que se mueve por las redes sociales.

Uno ha sido a raíz de la muerte inesperada del fiscal general del estado, José Manuel Maza, en Argentina. Poco tardaron los habituales incitadores al odio en dejar salir su lado mas miserables en las redes. No faltan entre ellos algunos políticos, bueno, por llamarlos de alguna manera, como un responsable de En Comú Podem que no dudó en brindar con cava, catalán, por el fallecimiento de Maza.

Tiene que ver eso con el hecho de que el fiscal general del Estado ha sido muy combativo, jurídicamente hablando, contra el proces independentista. Pero, ¿qué se esperaba que hiciera? Su deber era defender al Estado de Derecho. Eso puede gustar o no, pero desear la muerte de nadie y alegrarse por ello conlleva una carga de odio que lógicamente debe estar penada. Y probablemente no lo está lo suficiente en nuestras leyes.

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Y, sino, que se lo digan a la alcaldesa de Madrid que ha sido objeto estos días, también, de los insultos despreciables y las amenazas intolerables de un grupo de policías municipales, aunque esta vez los comentarios que no merece la pena reproducir aquí, se efectuaron a través de un grupo de whatsapp. La pregunta que todo el mundo se hace es si realmente esa aplicación es una red social o una forma privada de comunicación.

Pues bien, a todos los efectos, y en la medida en que la app une a cientos, y a miles de personas, whatsapp es una red social. Todos hemos sido protagonistas de mensajes que legan a nuestro móvil a través de la misma, y que al mismo tiempo llegaban a otros miles de usuarios. Por eso lo ocurrido en ese grupo de whatsapp debe ser castigado con la misma dureza que si se hubiera producido en twitter. Las redes sociales no pueden ser un escondrijo para lo más detestable del ser humano.