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La pandemia del coronavirus no sólo ha paralizado el mundo entero sino que ha sacudido por completo los cimientos que sostenían a nuestra sociedad y que hasta ahora creíamos indestructibles. La era postcovid se abre paso ahora en forma de desescalada hacia una denominada “nueva normalidad” en la que ya nada será igual. Algunos de esos cambios irreversibles han alcanzado también a la industria alimentaria, incluyendo a los consumidores y a la forma de entender y valorar la comida.

En la etapa previa a la mayor crisis sanitaria y económica que se recuerda, y pese a pertenecer a una civilización apasionada por la gastronomía, en cierto sentido, se había ido perdiendo el respeto por la comida. Las cifras del desperdicio de alimentos hablan por sí solas.

Un tercio de toda la comida que se produce en el mundo se pierde o se desperdicia explican desde el principal lobby contra el desperdicio alimentario. “Esto son más de 1.600 millones de toneladas al año o, dicho de otra forma, unas 51 toneladas de alimentos que cada segundo terminan en la basura en todo el planeta”, afirma Oriol Reull, country manager en España de Too Good to Go. Y estas cifras son fruto de una sociedad acostumbrada a vivir y alimentarse en abundancia.

A lineales de los supermercados siempre llenos se sumaba el acceso total, y en todo momento, a la comida en supermercados, bares y cafeterías o máquinas expendedoras. “Poco a poco hemos ido perdiendo toda conexión con el verdadero valor de la comida”, explica el director general de la aplicación. “Apenas hay personas que se preguntan de dónde vienen los alimentos o qué recursos se utilizan para producirlos, por ejemplo, nos da igual comprar un aguacate de Sudamérica, unos kiwis de Nueva Zelanda o adquirir fresas en diciembre aunque  no sean de temporada”.

 Además, según ha aumentado el poder adquisitivo y el acceso a la compra inmediata de comida “nos hemos ido haciendo más propensos a su desperdicio”, en definitiva, los alimentos se habían convertido en una mercancía que ya casi no valorábamos.

Sin embargo el coronavirus llegó para poner algunas cosas en su sitio. Con él conocimos los tiempos de espera para comprar alimentos, las colas en los supermercados o las estanterías vacías que tardaban días en reponerse. Algo insólito en nuestra sociedad, que nos dejaba secuencias más propias de otras épocas. “La imagen de estanterías vacías y escasez de ciertos productos básicos en los supermercados o la de unos pocos restaurantes que han ido sobreviviendo con servicio de comida a domicilio se convirtieron en cotidianas”, recalca Reull.

“Y llegó el coronavirus y a su paso deja nuevas formas de entender las cosas, porque lo que antes parecía sencillo, como comprar un paquete de harina, ahora no lo es tanto y empezamos a tomar conciencia de lo importante que es la comida en nuestras vidas y volvemos a darle el valor estaba perdiendo”.

COMPRAS PLANIFICADAS Y CONSUMO DE PROXIMIDAD

La nueva tendencia, “nos acerca a las compras más planificadas, a la preferencia por el consumo de proximidad y de productos de temporada”, manifiesta Reull. Por otro lado, la cocina se ha convertido en una vía de escape: “según un estudio de la OCU el 51% de los españoles está cocinando más que antes, por tanto, nos estamos haciendo más autosuficientes al tiempo que descubrimos nuestra faceta como cocinillas y tiramos de creatividad para crear nuevas y deliciosas recetas cada día, aprovechando todo lo que tenemos en casa, y reduciendo el desperdicio de comida”.

Oriol Reull, country manager en España de Too Good to Go

Para el director de la plataforma contra el desperdicio de alimentos, “estamos aprendiendo lecciones muy valiosas como que el desperdicio de alimentos es un sinsentido que tiene un coste económico y también medioambiental”.

Según una encuesta realizada el año pasado por Too Good To Go, el 88% de los españoles no creía que tirar comida fuera un problema para el planeta. En cambio, los expertos recuerdan que el desperdicio alimentario es uno de los principales responsables del cambio climático produciendo hasta el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

LA OPORTUNIDAD DE LA DESESCALADA

España ha comenzado la fase de desescalada y la transición hacia una nueva normalidad en la que no conviene dar un paso atrás. El objetivo ahora debe ser “aprender de los errores pasados y aprovechar este momento para que esta nueva relación que hemos desarrollado con la comida y estos nuevos hábitos adquiridos se mantengan en el tiempo y sean parte de nuestra forma de vida”, asegura Reull.

Desde Too Good To Go consideran este momento como una gran oportunidad para que, tanto de manera individual como colectiva, volvamos a valorar y respetar la comida y sus beneficios, respetemos el planeta y sus recursos así como a quienes trabajan cada día para que tengamos siempre comida a nuestra disposición. “Sin duda, creo que esta es una oportunidad enorme para caminar hacia un consumo más responsable y sostenible de los alimentos y frenar de una vez por todas el desperdicio alimentario”, concluye el representante de la plataforma.

TOO GOOD TO GO ANTES DEL COVID-19

Mientras en España, Too Good To Go ha superado el millón de usuarios, en Europa ya son más de 18 millones sus clientes. De su negocio no solo se benefician los usuarios que compran más barato y las empresas que dan salida a sus excedentes no vendidos; sino la sociedad, ya que se presentan como un lobby contra el desperdicio.

La compañía comenzó el año salvando una comida cada segundo en Europa, esto quiere decir que se superaba la media de los 100.000 packs cada día. A principios de 2020, la empresa llevaba, a nivel europeo, más de 35 millones de packs salvados, con los que se ha permitido evitar la emisión de más de 87.000 toneladas de CO2 equivalente. En España se habían superado los 850.000 packs salvados y esto supone haber evitado la emisión de más de 2 millones de kilos de CO2 equivalente.

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