Y de repente, cuando todo parecía perdido, llegó la esperanza. En forma de vacuna. Con ella, los mercados reaccionaron como pocas veces lo habían hecho en la historia ante la idea de un mejor 2021 de lo esperado. Una realidad que ya es evidente. Pero la gran pregunta ahora es cuánto mejor puede ser. En el caso de España, la diferencia vendrá con alcanzar una cierta normalidad en primavera y, sobretodo, en verano. Una posibilidad real, que aun así cuenta con muchos hándicaps en contra que van desde la producción o distribución hasta la reacción psicológica de las personas.

Primero, empecemos por las buenas noticias. Así, los anuncios de Pfizer y BioNTech o posteriormente el de Moderna de que sus curas tienen una eficacia que oscila entre el 90 y el 95% fueron espectaculares. De hecho, esas cifras son casi tan buenas como la que tiene actualmente la vacuna del sarampión y supera con margen la de la gripe, que no supera el 60%. Además, dichos resultados batieron con creces las mejores previsiones, que hablaban del 70%, y destrozaron el umbral mínimo de aprobación, que era del 50%.

“Los resultados son objetivamente buenos”, señala Juan Martínez García, gestor de fondos de biotecnología y ex Goldman Sachs. Pero también alerta de que “se necesitan más datos” y que “en la vida real esos porcentajes suelen ser bajar”. Así, pese a todo el optimismo reinante en las siguientes semanas y meses se deben responder a otras cuestiones técnicas importantes. Pfizer y BioNTech calculan que la inmunidad durar cerca de un año y que funciona muy bien con la población mayor de 65 años, una apreciación que también ha hecho AstraZeneca y Oxford, pero eso se deberá comprobar con los muchos datos que todavía faltan por recopilar.

EL CALENDARIO: LAS PRIMERAS DOSIS, ANTES DE NAVIDAD

“Por ahora, nos basamos en notas de prensa, por lo que no podremos dar respuesta a todos esos interrogantes hasta que no veamos todos los datos contrastados en publicaciones científicas”, advierte Carolina Hurtado Marcos, responsable de la Unidad Docente de Inmunología de la Universidad CEU San Pablo. La información extra que llegara en las siguientes semanas (y meses) también debería servir para responder si la vacuna detiene los casos leves o graves o si las personas inoculadas todavía pueden causar infecciones a otras que no han sido vacunadas. Demasiadas preguntas que, aun así, no detienen la vertiginosa agenda de las grandes farmacéuticas.

El siguiente paso para Pfizer será la aportación de toda la ingente cantidad de datos de los estudios de Fase III, y posteriormente, lo hará Moderna. Con ello, ambas compañías se lanzarán a buscar la aprobación de las distintas agencias gubernamentales. Así, la primera toma de contacto llegará, previsiblemente, el próximo 23 de noviembre cuando el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización de la FDA (organismo gubernamental que debe aprobar los medicamente en EEUU) se reúna con los representantes de Pfizer. En el caso de Moderna, esa reunión previa a una posible aprobación llegaría entre siete y diez días después, se estima.

Todo ello, con vistas a una aprobación oficial, bajo la vitola de emergencia, a lo largo del mes de diciembre. “Si todo va bien, podría imaginar que obtenemos la aprobación en la segunda quincena de diciembre y comenzamos las entregas antes de Navidad, pero realmente solo si todo va bien”, señaló este pasado miércoles el consejero delegado de BioNTech, Ugur Sahin. Pocos días después, estiman los expertos, podría llegar también la autorización para Moderna. En ese mismo momento, una vez tengan el visto bueno de la FDA y la EMA (su homóloga europea) las empresas empezarán a distribuir las dosis.

EL MAYOR DESAFÍO DE LA CADENA DE SUMINISTRO DE LA HISTORIA

En el transcurso de este tiempo todavía deberían llegar los resultados de otras vacunas como la de AstraZeneca, Johnson & Johson, Sinovac o Novavax. Sin embargo, la atención mediática estará en otro punto: el de dar respuesta al mayor desafío de una cadena de suministro de la historia. En otras palabras, fabricar y distribuir miles de millones de dosis en un campo en el que la capacidad siempre ha sido limitada. Aunque, en principio, se parte con una ventaja, dado que estas primeras vacunas, creadas con la tecnología ARN, son más fáciles de hacer a escala que otras.

Pese a que se pueden hacer en una escala mayor, las vacunas de Pfizer o Moderna necesitan dos dosis, por lo que el trabajo es doble. “La producción de miles de dosis lleva muchísimo tiempo”, advierte Hurtado. Además, la capacidad de fabricación no es el único factor limitante. Los analistas de UBS, un banco de inversión, advierten de que el punto de “llenar y terminar”, cuando la vacuna se coloca en viales y se empaqueta, podría ser uno de los cuellos de botella más importantes.

A pesar de los problemas evidentes, el tema también se podría estar magnificando, como ya ocurrió con el tiempo necesario para obtener una vacuna. Así, muchos ‘expertos’ (en España hay distintos casos) afirmaban que no habría vacuna hasta 2022. Pero las farmacéuticas no han parado pulverizar los tiempos estimados en el desarrollo de las vacunas. Ahora podría pasar de forma parecida. Al fin y al cabo, la vacuna de Moderna no necesita una cadena de frío o la de J&J contiene una sola dosis. Además, a lo largo del primer trimestre podría haber hasta ocho grandes laboratorios trabajando a destajo. Aun así, es evidente que la vacuna será escasa durante la mayor parte del año.

EL GRAN RETO PARA SALVAR EL VERANO PODRÍA SER LA DESINFORMACIÓN

Incluso, con la ciencia avanzando a ritmos vertiginosos y con una solución logística nunca vista, la estupidez humana todavía podría hacernos ‘perder’ el verano. A estas alturas, parece prácticamente seguro que el movimiento antivacunas intentará tener su hueco mediático. Aun así, el problema va más lejos, puesto que hay un gran número de personas, que no están en ese grupo, que duda de sí vacunarse o no. “Desgraciadamente vamos a recibir muchos bulos e informaciones sesgadas acerca de este asunto en los próximos meses”, advierte Ignacio Blanco, profesor de Periodismo de la Universidad CEU San Pablo y experto en Fake News.

En España, el número de personas dispuestas a vacunarse una vez llegue la vacuna se ha reducido con fuerza desde el pasado mes de agosto, según la encuesta IPSOS MORI realizada por World Economic Forum. En concreto, ese porcentaje ha bajado casi diez puntos porcentuales hasta los niveles más bajos, solo nos supera Francia, entre los países desarrollados. Una disminución que viene explicada, principalmente, por el miedo a un desarrollo tan rápido. Una explicación que obvia que dichas vacunas “vienen de unas investigaciones que llevan en marcha muchos años (…) el actual covid-19 es muy parecido a otros virus con los que hemos trabajado”, argumenta Hurtado. “Una vez aprobada, la vacuna será segura”, concluye la docente.

Todo ello, situación que podría complicar la época estival, lo que supondría una nueva ruina para la maltrecha economía española. “Si se gestiona bien, en verano podríamos estar bien”, explica Martínez. Pero también advierte de que “el miedo que se ha metido en los jóvenes, podría ir en nuestra contra”. Al fin y al cabo, una vez vacunadas las personas de riesgo, la población joven podría volver a retomar poco a poco su vida normal con o sin vacuna. Una opción que salvaría la economía, mientras las dosis siguen llegando.