Universidad Europea

La fuerte apuesta del fondo Permira -que pagó 770 millones- por la Universidad Europea de Madrid (entre otros centros) corre el riesgo de hundirse. En principio, gente de poca consideración, creen que tras decretarse el aprobado general de poco sirven los centros privados con mucha publicidad y poca reputación. Aunque un análisis más profundo delata unos costes fijos excesivos, una compleja red de créditos entre empresas del grupo (al menos, hasta su venta) y una estrategia en el ámbito académico low cost que en plena crisis puede saltar por los aires.

La realidad es que la Universidad Europea de Madrid (también sirve para la de Valencia o Canarias) nunca ha sido una referencia académica. Más bien todo lo contrario. Además, los centros ahora pertenecientes a Permira han optado por la política del ‘la cosa está tan mal que mejor no doy datos’. Así, el U-Ranking, elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) y la Fundación BBVA, coloca al centro sin puntuación. Por la sencilla razón de que existe “falta de información”.

Pero, ¿sobresalía cuando se daban los datos? Por la cola, sí. De hecho, en 2016, la Universidad Europea de Madrid lideraba el vagón de cola entre las 15 peores universidades del país. Nada mal. Una posición poco esperanzadora que en ningún momento preocupó a Permira, dado que lo más importante es que la Universidad Europea de Madrid es una máquina de generar dinero. Un mecanismo con un número elevado de grados y cursos, unos precios muy por encima de las prestaciones y un gasto muy pequeño en el profesorado. Todo ello, engrasado con un volumen de publicidad y marketing enorme que sirve de gancho.

EDUCACIÓN LOW COST, PERO LA PUBLICIDAD DISPARADA

Por lo general, la apuesta de crecimiento a largo plazo de una universidad, ya sea pública o privada, se debe principalmente a su capital humano. El hecho de tener mejores profesionales en sus aulas debería atraer a alumnos más capaces que, a su vez, saldrían más preparados y obtendrían mayores logros en su vida profesional. Ambos factores, retroalimentarían el círculo virtuoso. Hasta aquí la teoría que suena muy bien, pero no sirve para hacer negocio rápido. Por ello, los antiguos propietarios de la Universidad Europea, Laureate Education, invirtieron los factores y dieron prioridad al gasto en publicidad antes que al resto. Una jugada que les salió muy bien.

Solo así, bajo la premisa del marketing por encima del rendimiento académico, se entienden las cuentas de la compañía en los últimos años. Por ello, el cajón de sastre denominado ‘otros gastos de explotación’ es recurrentemente superior a los gatos de personal. Aunque va más allá, en especial, en el gasto destinados a publicidad. De hecho, la Universidad Europea de Madrid ha gastado en el último lustro (entre 2014 y 2018) más en propaganda de lo que ha ganado en forma de beneficios, 54,7 millones frente a 54,3 millones. Además, la inversión publicitaria registró su récord, con un crecimiento cercano al 20%, en el mismo año en el que se consiguió colocar en el mercado, el 2018.

Pese al gasto estelar en publicidad y propaganda, el destinado a los docentes no supera el umbral del low cost. Primero, por las condiciones, ya que solo poco más de un tercio de los docentes mantienen una modalidad de contrato indefinido, mientras que el resto (más de 800 profesionales) están contratados bajo la modalidad de indefinidos. Así, el gasto medio final por docente apenas alcanza los 39.000 euros, muy por debajo de sus compañeros en las universidades públicas. Aunque eso sí, en dicha universidad no hay brecha de género en las altas cumbres. De hecho, los 26 miembros que componían la Alta Dirección de la Universidad Europea de Madrid en 2018 eran todo hombres.

ÉXITO ECONÓMICO DE LA UNIVERSIDAD EUROPEA DE MADRID

El hecho de que tener un perfil docente mal pagado, para reducir gastos, tiene una desventaja evidente y es la mala fotografía en los rankings. Así, el ya citado U-Ranking otorga las notas en función a tres parámetros: el rendimiento docente, el rendimiento investigador y los resultados de innovación y desarrollo tecnológico. Esos mismos, a su vez, se desglosan en otros importantes como: los artículos científicos publicados y su relevancia, las tesis doctorales defendidas, las tasas de éxito docente, el porcentaje de profesores por alumno los programas de intercambio, las notas de corte, las patentes o el presupuesto.

Pero, tiene una ventaja si se saben tapar dichas carencias con millones en publicidad: unos beneficios disparados. Hasta el punto, de que solo la Universidad Europea de Madrid ha generado en la última década 136,8 millones de euros. Además, los últimos años incrementó un 60% su facturación y siempre ha obtenido un volumen considerable de flujo de caja libre. De ahí, que el propio fondo Permira mirase a otro lado con el tema de los rankings y se lanzase a adquirir los centros.

En definitiva, una gallina de los huevos de oro. Y así lo pagó el fondo. Los 770 millones en una cifra que supera con creces el per 10, que supondría una media anual de 77 millones de beneficio, aun sumándole los otros centros adquiridos. Incluso, en pleno 2018 cuando los beneficios estaban dopados. Que, ahora, además se enfrenta a una pandemia que puede cambiar el paradigma de la universidad e, inevitablemente, repercutirá sobre los precios de las matriculas. A lo que se suman los compromisos de pagos por instalaciones que suponen decenas de millones al año. La salida, como hace años, será intentar rascar millones del ICO, pero eso no será suficiente para salvar una apuesta excesiva por parte del fondo.