EEUU China Trump

La guerra comercial abierta entre Estados Unidos y China, y que tiene entre sus prisioneros al fabricante tecnológico Huawei, puede dar un giro negativo para los intereses americanos gracias, paradójicamente, a las ideas que pone sobre la mesa el presidente Donald Trump. Básicamente porque el mandatario estadounidense no evalúa los riesgos de capar las industrias auxiliares que también fomentan el desarrollo.

Así lo explican en el diario The Telegraph, que se hace eco sobre el anuncio de la Casa Blanca de bloquear los negocios de Huawei con la industria de desarrollo de semiconductores y chips con base en Estados Unidos. Es decir, Trump pretende que muchas de sus empresas no tengan acceso a tecnología china, y viceversa, lo cual supone un golpe para sus propios intereses.

Las medidas, previstas para entrar en vigor en septiembre, afectan por ejemplo al gigante taiwanés TSMC, que suministra chips a Huawei utilizando equipos estadounidenses. El objetivo, en este caso, sería perjudicar a los intereses chinos al no poder acceder a cierta tecnología del sector de los semiconductores.

Esta ofensiva está diseñada para golpear el corazón de la cadena de suministro de Huawei, que todavía depende de la experiencia en semiconductores de EEUU. Sin embargo, la Asociación de la Industria de Semiconductores (SIA, por sus siglas en inglés), el organismo comercial que representa a empresas como Intel, Qualcomm y Nvidia, ha advertido que estas medidas fomentarán el desarrollo de la tecnología en el extranjero y pueden dejar atrás a EEUU en tecnologías como la del 5G.

MEDIDAS EQUIVOCADAS

Esta situación, en la que Donald Trump daña los intereses de EEUU, se produce desde hace tiempo. Así, hace unas semanas, según un informe público de la consultora Boston Consulting Group, el ataque directo al que está sometiendo el presidente americano a Huawei tiene visos de afectar por completo a la industria de chips y componentes de electrónica de su propio país. El documento dibuja dos escenarios.

El primero de ellos refleja una caída de ingresos por encima del 15% si la situación se mantiene como hasta ahora. Es decir, con una serie de restricciones a la venta y negocios cruzados de Huawei con empresas auxiliares y proveedores de origen estadounidense. Sin embargo, si esas restricciones pasan a otro nivel, asegura el informe, la caída en el negocio de muchas empresas del país podrían llegar al 40%. Este contexto sería uno en que Donald Trump ejerce un veto total sobre la compañía de origen chino y suspende cualquier tipo de relación bilateral.

Bien es cierto que se trata, todavía, de dos escenarios -sobre todo el segundo- que se están configurando en estos momentos. Gran parte de lo que suceda dependerá del resultado que dejen las urnas en las próximas elecciones americanas donde Donald Trump parece bastante confiado. Y es que, precisamente, parte de la guerra comercial que se mantiene con China y salpica a Huawei refleja esos matices políticos que tiene el asunto.

HUAWEI EN MITAD DE LA POLÍTICA

El problema que está generando el presidente electo de Estados Unidos para sus propias empresas solo se puede leer en clave política. La capacidad que ha demostrado Huawei durante los últimos años para convertirse en un actor relevante en el ámbito de la tecnología, en materia de telecomunicaciones y componentes, ha sido el acicate para los recelos contradictorios de Trump. Es decir, intenta defender la economía de su país con restricciones a uno de los proveedores que ahora mismo ofrece mayor capacidad de productos.

De igual modo, el arma arrojadiza de la ciberseguridad y sus problemas, algo que EEUU todavía no ha podido demostrar contra Huawei, es otro de los condicionantes que esgrime Trump en su particular obsesión frente a la compañía de origen chino.

Por último, en ese plano político, las próximas elecciones serán un punto de inflexión en la relación de Estados Unidos con China y, por lo tanto, los efectos que todo ello pueda tener sobre Huawei. La validación de Trump en el puesto supondría un supuesto espaldarazo a sus políticas contra empresas e intereses de otros países. Aunque las cifras no den la razón al todavía presidente de EEUU, y el gran impacto lo sufra su propia economía, parece que su posición frente al fabricante asiático se mantendrá hasta el final.