Las grandes empresas dedicadas a la guerra, especialmente las estadounidenses, tienen una nueva figura que venerar: Donald Trump. Y es que, el actual presidente de Estados Unidos es todo lo que podría soñar cualquier inversor en dichas compañías. Recientemente, se vanaglorió de haber gastado “dos billones de dólares [dos veces el PIB de España] en equipo militar”. Además, de aumentarlo a niveles récord. Tampoco le tiembla el pulso en usarlo y amenazar con él, aunque suponga un desafío a nivel global. Por último, lidera una cruzada para obligar a sus socios militares (a través de la OTAN) para que incrementen su gasto militar. Una maravilla (para ellas y sus accionistas) que las deja en máximos históricos y con 260.000 millones más en valoración.

La lista es larga, pero conocida. Los grandes contratistas del ejército estadounidense no han cambiado mucho con los años, simplemente se han ido haciendo más grandes a base de fusiones. Aunque íi en la remuneración que perciben. Así, el mayor fabricante de armas del mundo, Lockheed Martin, suministraba el polivalente F-16 por decenas a principios de los 80, mientras que ahora hace lo mismo con su nuevo y futurista F-35 que le gana (mucho) terreno, por ejemplo, al Eurofighter en su propia casa. Otra de las conocidas y en ascenso continuo, es Northrop Grumman, que por 80.000 millones de dólares tiene el cometido de renovar el grupo de bombarderos (los míticos B-52 y B-1) estadounidense que han sido símbolos del poderío militar de EEUU. Ambas, con Trump en el poder han incrementado su valor en bolsa en más de 67.000 millones, un 60% más.

Pese a la fulgurante evolución de dos de los pesos pesados, si omitimos a Boeing dado su peso también en el sector comercial, otras firmas también tradicionales han tenido revalorizaciones importantes. Así, otras también que aparecen en todos los rankings de empresas armamentísticas como Raytheon, que entre otras muchas armas fabrica el misil Tomahawk, ha incrementado su valor más de un 50%. Con ello, el índice del S&P500 aeroespacial y militar (el S5AEROX) supera en revalorización al S&P500, supera en un 384% al Eurostoxx50 y multiplica por 60 al Ibex, desde que Trump se convirtiese en presidente de EEUU.

Aunque en realidad, las grandes ganadoras son las nuevas empresas que se están especializando en la guerra moderna. Así, la principal firma dedicada a drones de batalla, Kratos, ha multiplicado por cuatro su valor con Trump como presidente. Lo hizo por tres durante los dos mandatos de Barack Obama. También L3 Harris, el sexto fabricante de armas más grande del mundo, ha vivido con la actual presidencia sus mejores años con una revalorización del 500% gracias a la fusión entre L3 Technologies y Harris Corporation. La compañía provee al ejército estadounidense de servicios de tecnología de la información, sistemas de aviación o antenas.  

LAS GRANDES TOCAN MÁXIMOS HISTÓRICOS

‘A río revuelto, ganancia de pescadores’ que se suele decir. En este caso, las aguas las agitan tanto Irán como Estados Unidos, personificado por Donald Trump, mientras que los pescadores son las grandes contratistas de armamento del ejército estadounidense. Así, firmas como Lockheed Martin, L-3 Harris, Raytheon o Northrop Grumman que suman ingresos por valor de 130.000 millones de dólares en armamento han superado máximos históricos después de los ataques perpetrados por Irán contra distintas bases americanas en suelo iraquí.

La primera superaba a comienzos de la sesión los 417 dólares por acción, aunque en preapertura la subida era mucho mayor, lo que supone un nuevo máximo para la firma. Por su parte, L3 Harris se situaba ya al principio de la jornada bursátil en los mismos niveles que allá por septiembre del año pasado en los que superó pro primera, y única, vez los 215 dólares por título. Raytheon también puso a prueba ayer las resistencias máximas de su cotización histórica que se sitúa levemente por encima de los 229 dólares, una posición que superó sobre el papel con las órdenes de compra anteriores a la apertura de mercado. Por último, Northrop Grumman inició su andadura bursátil este pasado miércoles a tan solo un 1% de los máximos marcados en septiembre de 2019.

PODRÍA HABER MÁS ATAQUES DE IRÁN

“Nos vengaremos”, avisó Hossein Salami, jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, en el funeral del afamado Qassem Suleimani, jefe de la fuerza de élite Quds. Apenas un par de días después, una oleada de dos decenas de misiles balísticos (se creen que eran Fateh, de creación iraní) en dos bases estadounidenses, Ain al-Asad y Erbil. Aunque uno y otro ataque han sido bien documentados no son más que la prolongación de una escalada de tensión en las últimas semanas. Así, el 27 de diciembre una milicia supuestamente respaldada por Irán (Kataib Hizbullah) atacó una base americana en Kirkuk. Más tarde, EEUU mato a más de dos docenas de milicianos tras varios ataques aéreos, lo que llevó a un ataque a la embajada estadounidense que intensificó el conflicto hasta sus dos siguientes, y conocidos, capítulos.

La respuesta pese a ser rápida no ha sido tan contundente como se pensaba, por lo que ha dejado abierto muchos interrogantes. De hecho, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Javad Zarif, minimizó el impacto y una mayor escalada al señalar en Twitter que su país había “concluido medidas proporcionales en defensa propia”. A lo que agregó: “No buscamos la escalada o la guerra, pero nos defenderemos de cualquier agresión”. Por su parte, Trump hizo caso omiso de los ataques. “¡Todo está bien!”, dijo en un tuit. Pero, en realidad el conflicto podría ir más allá como reconocen desde The Economist que señalan que “Irán tiene una larga historia de violencia contra sus enemigos” y que, incluso, podría alcanzar territorio americano. Una situación que, obviamente, desembocaría en un incidente mayor que multiplicaría los ingresos de dichas compañías.