Fernando Giménez Barriocanal avisó en otoño del año pasado la entonces 13 TV debía moderar su tono político: “Nos hemos equivocado muchas veces. Llevo seis años como presidente de la COPE, y delante de la exvicepresidenta Joana Ortega en Barcelona pedimos disculpas por comentarios que hubieran podido generar desazón, crispación, desunión, a cualquier catalán”. Y 13 TV ha cambiado de tono en los últimos tiempos y hasta de nombre, Trece. Esta moderación ha venido precedida de la cancelación de espacios como ‘La Marimorena’ o ‘Más claro agua’ y del despido de Alfredo Urdaci.

También dejaron el canal por voluntad ajena varios tertulianos: Jaime González, Antonio Pérez Henares, Carlos Dávila, María Claver, Alfonso Rojo, Ricardo Martín y Antonio Naranjo. Antonio Jiménez explicaba en Ecoteuve este aluvión de salidas: “Muchos de los analistas que no están ha sido porque se han buscado compañeros que estén ligados a COPE, porque queremos que haya una sinergia con la emisora. Trece es una cadena del Grupo COPE y queremos que la televisión esté ligada a su ‘hermana'”.

Es evidente que Trece ha buscado aumentar las sinergias con su hermana radiofónica por dos intenciones: rebajar su tono político y recortar sus sangrantes pérdidas, que rondan los 73 millones de euros desde sus inicios en 2010. Pero al menos el canal está teniendo cierto respaldo de audiencia: 2,1% de share en octubre, por lo cual iguala su mejor dato en este mes y alcanza el 0,9% en target comercial. Trece cerró el mes como tercer canal de TDT más visto (empatado con Nova), sigue siendo líder en TDT entre los mayores de 35 años, y ‘El Cascabel’ acabó con una media del 3,3%, cifras con las que superaron a ‘La Noche en 24 horas’ gracias a rozar en algunas ediciones los 700.000 fieles.

Estos máximos del programa coinciden con inclusión de una nueva temática más social y con su cobertura sobre Catalunya. Y también coinciden con el recorte en el canal de la producción propia, en una parrilla que contiene alrededor de 6 horas diarias de espacios en directo en vez de las 10 de la pasada temporada. El cine ha ganado terreno gracias al éxito del género western, que duplica la media diaria cada tarde con un share en torno al 4% de share. En el fin de semana Trece se convierte prácticamente en un canal temático cinematográfico, a excepción de la programación socio-religiosa matinal.

Pero Trece tiene una enorme tarea pendiente: alcanzar un equilibrio económico. A este hecho ayuda el ahorro que le ha supuesto conseguir una licencia gubernamental, por lo cual se acaban los 3 millones de euros que ronda el alquiler en el mercado televisivo. Y a esta situación ayudaría nuevos cambios de regulación que exigió Barriocanal en una reciente entrevista en El Economista: “El año pasado fueron de 9 millones (de pérdidas) y en 2017, serán de unos 8 millones. Con un 2% de share y un 0,8% de share comercial, en la práctica están facturando la mitad de lo que le corresponde. Trece factura unos 10 millones y solo el traslado de la señal a través de Abertis cuesta ya más de 5 millones. No parece justo que las teles pequeñas paguen igual por la señal o contribuyan del mismo modo al canon de RTVE o al cine”.

El directivo pretende que el Gobierno regule el mercado de la comercialización publicitaria, pero mientras tanto negocia, según El Confidencial Digital, con Sony. La intención sería cerrar un acuerdo al similar al que llegó en su día Discovery con Veo 7: rellenar el day-time de su parrilla con series, cine o documentales y mantener en propiedad las franjas de la ‘Santa Misa’ o ‘El Cascabel’, programa que está creciendo de la mano de su nueva co-directora, Virginia García. 

Pero este modelo cuenta con un desagradable aspecto ético: destruye el empleo periodístico y técnico, ya que las majors americanas, a excepción de DMax, no tienen demasiada predilección por la producción propia y exprimen sus ajetreados catálogos gracias a acuerdos algunos empresarios nacionales ligados a periódicos, ABC o El Mundo, que fueron incapaces de rentabilizar sus escuálidas mercerías fundadas en las cercanías de “El Corte Inglés” audiovisual que suponen las rentabilísimas Mediaset y Atresmedia.

Es evidente Barriocanal tiene legitimidad para buscar un modelo económico equilibrado para Trece, pero ni aunque el Gobierno regule podría ocultar que el canal no sido acertadamente pilotado por una desacertada OPA a Intereconomía en pleno divorcio público entre Ariza y Moncloa. Una operación que ni ayudó a mejorar su envejecido target comercial, ni consiguió que 13 TV se desprendiese de la etiqueta política que la ha perseguido en los últimos años. Un etiquetaje del que la nueva Trece está buscando alejarse con un creciente apoyo de la audiencia.