El aumento del precio del diésel puede hacer variar la demanda de vehículos con este combustible. Foto: Bloomberg.

Últimamente, nos estamos acostumbrando a ver cómo desde el Gobierno está tratando de demonizar al diésel. Sin embargo, ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos. Para aclarar la cosa, por lo general, los motores diésel emiten menos CO2 a la atmósfera que los modelos gasolina. Por su parte, expulsan más gases perjudiciales para el ser humano como el óxido de nitrógeno (NOx).

Hace años, el gasóleo obtuvo un trato preferencial por su menor consumo y emisiones de CO2, principal gas que provoca el calentamiento global, por lo que está sujeto a menos impuestos. Hoy en día, con el problema de la calidad del aire en las grandes ciudades, se ha dejado un poco atrás el problema de la subida de temperatura del planeta y se ha querido potenciar la gasolina, por ser menos perjudicial para las personas. De ahí que todas las campanas suenen hacia una subida del impuesto al diésel para equiparlo al de la gasolina, siempre teniendo en cuenta el interés recaudatorio que está detrás de esa medida.

Desde la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac) han querido manifestar su rechazo hacia las manifestaciones políticas en contra del diésel, en general, ya que a su entender no responden a la realidad actual de esta tecnología.

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Estas declaraciones están generando incertidumbre entre los ciudadanos y pueden debilitar las ventas de vehículos diésel nuevos. Sin embargo, para desarrollar políticas medioambientales es importante actuar contra el parque automovilística cada vez más envejecido.

Tal como explica la asociación, una posible subida de los impuestos al carburante diésel no puede estar justificada por sus emisiones contaminantes. Los automóviles nuevos diésel emiten un 84% menos de emisiones contaminantes NOx y un 90% menos de partículas que los automóviles de más de 15 años de antigüedad. “La constante innovación tecnológica ha ayudado progresivamente a disminuir los límites de NOx y de partículas de los motores diésel hasta asimilarlos a los de gasolina”, aseguran desde Anfac.

LA GASOLINA, LA GRAN BENEFICIADA

El descenso de las ventas de vehículos diésel, que han perdido seis puntos de cuota de mercado en lo que va de año, contrasta con el crecimiento de las matriculaciones de modelos gasolina. El incremento de las entregas de este tipo de combustible, que no podemos olvidar que emite más CO2, dificulta la lucha contra el cambio climático, una de las metas claves expresadas por el Gobierno.

De esta manera, Anfac ha manifestado la necesidad de trabajar “en una transición adecuada y no forzada hacia la movilidad cero y bajas emisiones con políticas apropiadas y con plazos razonables”.

Hay que tener en cuenta que en España se ensamblan cada año más de 1,4 millones de vehículos diésel y dos millones de motores al año, por lo que una caída brusca de la demanda podría tener consecuencias económicas para todo el país.