Elon Musk, fundador de Tesla
Fuente: Bloomberg.

Y Tesla volvió a cantar bingo, este pasado jueves, con sus resultados semestrales: pérdidas acumuladas de 1.100 millones hasta junio y derrumbe de dos dígitos (se acercó al 15% abajo) en una sola sesión. Todo correcto en aquellos lares. Pese a ello, los incondicionales de la firma, que los tiene cual equipo de fútbol, se quedaron con que han sido bastante buenos (se sabía que iba a perder mucho dinero), debido a que la firma reafirmó las estimaciones de entregas y no hay, o eso dicen por ahora, retrasos en las entregas. Por su lado, los más desconfiados hablan de estancamiento de ingresos, una de las palancas de crecimiento más importantes para cualquier firma disruptora.

El problema de lo anterior, es que probablemente cada facción tenga una buena parte de razón. Así, las entregas se comportaron bastante bien en el segundo trimestre, aunque en el acumulado siga la cifra lastrada por el pésimo primer trimestre, pero el motivo fue la bajada de precios que ha estado acometiendo Tesla. Lo anterior, se puede comprobar fácilmente al acudir al denominado margen bruto, la diferencia entre lo que cuesta fabricar un coche de la marca y venderlo, que cayó al 14,5% desde el 22% que presentaba anteriormente. En definitiva, lo que ha ayudado a mantener las esperanzas de uno ha dado razones a otros para desconfiar.

Aunque lo importante, al final, es intentar averiguar a donde se dirige la firma, y aquí parece que Elon Musk lo tiene claro: seguir reduciendo los precios, aun a coste de limar márgenes y tensar más la estructura financiera, ¿su quiebra, quizás? De hecho, a lo largo de los primeros días de julio Tesla rebajó sus precios en torno a 1.875 dólares para absorber el denominado Impuesto Federal a la Renta, una semana después, a mediados de este mismo mes, puso en marcha más recortes en su prototipo de masas el Model 3, en el Performance la rebaja es de hasta 5.000 dólares, y también en los más exclusivos Model S y el Model X.

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Lo anterior, no debería sorprender a nadie, puesto que se trata de la última fase que Musk tenía en su mente cuando constituyo Tesla: “Accelerate the advent of sustainable transport“, que es básicamente acelerar, forzar a la industria automovilística, la llegada del transporte sostenible por medio del vehículo eléctrico. Todo comenzó muchos años atrás, de hecho, antes de que alguien soñase con el coche eléctrico, en plena universidad, señaló que el futuro de la humanidad se discutiría en torno a la evolución en las siguientes décadas de cinco campos principalmente que eran Internet, la energía sostenible, la exploración espacial, la inteligencia artificial y la capacidad de reprogramar el código genético humano. Ahora, exactamente 30 años después posee una empresa puntera en cada una de ellas.

TESLA Y SUS TRES FASES PARA CAMBIAR EL MUNDO

En el caso del coche eléctrico, el plan contaba con tres fases muy diferenciadas, o al menos eso es lo que aparece sobre el papel. En primer lugar, se crearía un coche de alto precio y bajo volumen para los denominados súper ricos, de tal manera que no sufriría tanto con los márgenes y las fuertes barreras iniciales. Con ello, nació el Tesla Roadster que demostró que si bien Tesla era real, manejar una compañía de tal magnitud sería muy difícil: tuvo problemas en los tiempos de fabricación, los envíos tenían defectos y los costes resultaron ser mucho más altos de lo previsible. En definitiva, los problemas que todavía hoy lastran a la firma son los mismos que hace más de una década.

Aun así, se terminó por convertir en un juguete para los más acaudalados que atrajo ingresos suficientes para iniciar la fase dos, de volumen medio y precio medio, era el turno del flamante Model S. Quizás uno de los vehículos más revolucionarios de la historia del automóvil, tanto por lo que supuso como por su línea (una de las obras maestras del genial Frank von Holzhausen) y contó con la ayuda de los ingenieros de SpaceX para equilibrarlo y reducir peso en su armazón, puesto que las baterías ya de por sí eran muy pesadas. El prototipo dio los mismos problemas que el Roadster, pero multiplicados varias veces, aunque eso sí, los mismos resultados de mantener a la compañía al alza.

El sueño de Musk, de generar un gran cambio en la sociedad con el VE, solo lo puedo lograr reduciendo precios, pero eso supondría llevar a la propia Tesla cerca de la ruina, ¿renunciará a ello?

Con todo ello, se alcanzó el punto tres, también la decisión más importante de Musk, ya que debía dilucidar si Tesla se quedaba en su confortable nicho de marca de lujo, disruptora, con altos márgenes y limitadas unidades producidas, lo que reducía los problemas que estaban matando a la compañía. Con ello, el fundador enterraría su principal ambición en la creación de la misma: obligar a la industria del automóvil a resideñarse hacía un modelo sostenible y a apostar firmemente por el desarrollo del coche eléctrico. Finalmente, apostó por seguir con su cometido inicial y, en ese preciso momento, arrancó la tercera y última etapa: crear un vehículo de masas a un precio reducido para que pudiese llegar a todo el mundo, ese iba (y debe) ser el Model 3.

Pero claro, si fabricar una porción pequeña de vehículos era un dolor de cabeza enorme para Tesla, hacerlo con líneas de producción que deben llegar al millón de coches son palabras mayores. A lo anterior, se debe añadir el desfalco económico que supone, puesto que si producir una serie pequeña de unidades y venderlas a más de 100.000 dólares no generaba ni beneficios ni flujos positivos, hacer lo mismo pero a un precio un 60% inferior de media sería una auténtica sangría. Y justo en ese momento está el sueño de Musk, en el de seguir apostando por rebajar precios para que Tesla pueda llegar a todos los hogares pese a que los números probablemente nunca salgan, lo que le ha costado quemar más de 9.000 millones de dólares.

En definitiva, Elon Musk simplemente está siendo, una vez más, Elon Musk: “En el momento en que la persona que dirige una compañía piensa que los números tienen valor por sí mismos, la compañía ha terminado. En el momento en el que el consejero delegado (CEO) se convierte en el director financiero (CFO) se acabó el juego”. Parece que ese momento está llegando, ¿renunciará Musk a su sueño?