Telefónica
El equipo futbolero de Canal+

A finales de la semana pasada el regulador de los mercados anunciaba que Telefónica se verá sometida durante tres años más a las imposiciones derivadas de la autorización de compra por la adquisición de DTS (Canal+) en 2015. Salvo una nueva relación con las plataformas de video, todo sigue igual. Un peaje que el operador azul paga con gusto, puesto que la ganancia años después se nota en la tipología de su cartera de clientes.

En concreto, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha acordado prorrogar por tres años los compromisos a los que se subordinó la autorización de la concentración entre Telefónica y DTS hace cinco años. De esta manera, se mantienen todos los compromisos por el plazo máximo de tres años, salvo el relativo a la adquisición en exclusiva de derechos de emisión en España de contenidos audiovisuales no deportivos de estreno de terceros para su emisión en SVOD (‘Subscription Video On Demand’), que se suprime.

Pero este es un peaje que la compañía dirigida por José María Álvarez-Pallete asume sin problema en el mercado español. Que durante tres años más deba estar sometida a estas restricciones, como la obligación mayorista de ofertar ciertos canales premium a otros operadores, es positivo si la operación de mira con la perspectiva del tiempo.

En estos momentos, según datos del propio regulador al cierre de 2019, el número de accesos de televisión de pago en España se situaba en los 7,2 millones de usuarios. Telefónica contaba con más de 4 millones de abonados; mientras que sus dos inmediatos competidores, si es que se puede decir así, están en 1,3 millones y 675.000 usuarios, respectivamente. Es decir, ni juntos alcanzan apenas la mitad de la cuota de mercado. Por no hablar de la cuota de ingresos, que todavía es más favorable a Telefónica.

Y en este punto es donde está la clave de todo, y el motivo por el cual el operador azul siempre ha asumido de buen agrado las consideraciones hechas por el regulador. Permitían a la competencia acceder a contenidos de TV y establecer estrategias competitivas en el mercado, pero dejaban a Telefónica con la posibilidad de acceder a una base de potenciales clientes que nadie tenía en 2015.

TELEFÓNICA Y LOS VIP

Cinco años después de la compra de DTS por parte de Telefónica, se puede concluir que el voto particular que emitió el consejero Eduardo García Matilla contrario a la aceptación de la propuesta de compromisos que presentó el operador a los efectos de la toma de control de Canal+, ha sido una de las claves en la consolidación de los clientes de alto valor añadido.

En concreto, García Matilla aseguraba que en el corto plazo, no parecía que “el objetivo principal de esta operación sea para Telefónica obtener una posición de dominio en el segmento de la TV de pago, sino el acceder a una base de abonados de muy alto valor, susceptibles de convertirse también, con rapidez y sin grandes obstáculos, en clientes de su oferta integrada de teléfono fijo y móvil, banda ancha y contenidos audiovisuales. En esta etapa de despliegue intensivo de la fibra óptica, estos abonados (en torno a 1,5 millones) pertenecen al segmento de clientes más apreciado para los operadores de telecomunicaciones por diferentes razones”.

Y así fue como Telefónica, poco a poco, fue consolidando una cartera de clientes premium con un conocimiento de antemano de los potenciales clientes. Porque, añadía el consejero de la CNMC, era necesario destacar que “durante ese periodo Telefónica va a tener acceso a todos los datos de la base de abonados de DTS: el nivel de gasto de cada cliente, su ubicación (si está o no en la zona de despliegue de fibra óptica de Telefónica), sus consumos y preferencias”.

Bajo este contexto, parece razonable que Telefónica nunca se haya pronunciado de manera negativa por las condiciones que tuvo que ceder para la adquisición. Se trataba del inicio de la guerra convergente, y el operador azul partió con ventaja. Además, la prensa de esa época recogía las quejas de la competencia, sobre todo Orange y Vodafone, y casi todo se centraba en el porcentaje de contenido a compartir, o el nombre de los canales.

Sin embargo, dicha cuestión del acceso a la cartera de usuarios y la facilidad de acceso a los potenciales clientes no fue algo que llamara la atención en su momento. Algo clave ahora para que el Arpu de Telefónica sea el más sólido en las tarifas de mayor valor.

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