tarjeta de crédito y tarjeta de débito diferencias

La tarjeta de débito arrasa en España, es el sistema de pago favorito. De 2018 a 2019 el número de personas que optaron por ella frente a la de crédito o prepago subió en un 4,2%. En total, un 87,5% de españoles usaron estas tarjetas cada día pese a que algunas entidades cobran hasta 60 euros al año por ella.

Según un estudio de Mastercard el efectivo se mantiene como la opción más elegida , de hecho un 19% de encuestados afirma pagar siempre de esta manera frente a un 15% que lo hace siempre con tarjeta. Sin embargo, a partir de los 15 o 20 euros de gasto, la balanza se inclina a favor del pago con tarjeta para uno de cada tres usuarios.

Y de los que deciden usar tarjeta, solo un 18,3% opta por la tarjetas de crédito y un 3,7% usa la de prepago. Mientras que un 87,5% prefiere la de débito. El atractivo de estas tarjetas es que están vinculadas directamente a la cuenta corriente bancaria. Es decir, solo se puede gastar el dinero que haya en la cuenta salvo que admitan descubiertos.

De hecho, su principal característica es que al pagar con ella el importe se carga automáticamente en la cuenta y es más fácil llevar el control de gastos mensuales. Por ello, no se puede pagar a plazos. Pero el problema es que algunas tarjetas de débito tienen comisiones que alcanzan los 40 euros.

22 EUROS DE MEDIA

Según varios comparadores financieros, la cuota media que cobran los bancos españoles por sus tarjetas de débito es de 22 euros al año. La más común es la cuota de emisión para cubrir los gastos administrativos por tramitar la solicitud y los de fabricación de la tarjeta de débito. Esta suele rondar los 28 euros, la mismo que cobran los bancos españoles por el mantenimiento de la tarjeta.

Esta comisión es periódica y depende de la entidad se cobra al mes, al trimestre o al año. Las hay que alcanzan los 60 euros, como Kutxabank. Y otras como BBVA que cobran una cuota total de emisión y mantenimiento de 43 euros.

También se pagará comisión si se solicita un duplicado de tarjeta o por pedir una tarjeta extra a nombre de otra persona. Esta situación suele darse cuando la cuenta tiene más de un titular y todos quieren su propia tarjeta. Además, el banco puede cobrar una comisión por estampación de la tarjeta, es decir por elegir un diseño predeterminado.

Sin embargo, el más habitual es la comisión por disponer de efectivo en cajeros, que no suele darse cuando el cliente saca dinero en su propia entidad, pero si en uno de la competencia.  Y este caso, se pagará desde 1,85 euros en un Banco Santander, hasta  2 euros en un cajero de BBVA.

Lo mismo ocurre si decidimos sacar a débito en un cajero que esté en el extranjero, donde tendremos que pagar una comisión probablemente más alta. Los bancos cobran hasta un 4% con un mínimo de tres o cuatro euros. Las entidades que más comisiones cobran son BBVA, Sabadell y CaixaBank (4,5%),seguidas por Bankia y Bankinter (4%).

Los hay incluso que cobran por otras operaciones en cajeros ajenos, como la consulta de saldo, las recargas del móvil o los pagos de recibos.

TARJETAS SIN COMISIONES

Pese a todo, cada vez hay más entidades que ofrecen tarjetas sin comisiones.  Incluso los bancos tradicionales (como el Sabadell) ya optan por no cobrar cuota de emisión ni de renovación.

Pero el resto de las comisiones dependen de cómo opera el cliente, por lo que se pagarán en función del uso que se le dé a la tarjeta. Mientras que las cuotas de emisión y de mantenimiento se pagan por el simple hecho de tenerla, aunque no se use.

Quienes llevan la delantera en este sentido son los neobancos (Bnext, Revolut o N26) que solo ofrecen tarjetas sin comisiones. Aunque no cuentan con sucursales, tienen acuerdos con la mayoría de bancos para que sus clientes puedan sacar dinero gratis. Y también eximen al titular de pagar otros costes como la comisión por cambio de divisa (que suele ser del 3%) al pagar o sacar dinero fuera de España.

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