Enisa

“No te quedes sin tu ENISA”, “Financia tu empresa”, “Financia tu proyecto sin aportar garantías”, “Desde 20.000 euros”. Estas son algunas de las frases gancho que se pueden encontrar cuando se hace una búsqueda relacionada con algún término que tenga que ver con los préstamos ENISA en Google.

Son muchas las empresas y consultorías que se anuncian en el buscador como intermediarias para facilitar a las pymes y los emprendedores la obtención de este tipo de préstamos. Son conscientes de que los préstamos ENISA son un caramelo que muchos se quieren meter en la boca, sobre todo los emprendedores. ¿El motivo? No son subvenciones a fondo perdido, pero en la práctica casi funcionan así, porque al no implicar una responsabilidad personal de ningún tipo para sus beneficiarios muchos fundadores y empresarios acaban sin devolverlos. Esto es vox pópuli en el ecosistema emprendedor.

Para los que no estén familiarizados con ella, hay que aclarar que ENISA (o Empresa Nacional de Innovación S.A) es una sociedad mercantil estatal creada en 1982 y actualmente dependiente del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, mediante la Dirección General de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa, que ayuda a financiarse a proyectos empresariales “viables e innovadores”, según indica en su página web. Desde 1995 el organismo se centró en los préstamos participativos y a partir de 2010 extendió su radio de acción a compañías de reciente creación mediante un programa denominado Jóvenes Emprendedores. Gracias a esta novedad se aumentó la cuantía y el número de préstamos concedidos y durante el ejercicio 2016 se otorgaron 71,5 millones de euros dedicados a 629 préstamos.

Dicha línea ofrece importes de entre 25.000 y 75.000 euros, está dirigida a startups en fase inicial -fundadas por personas con menos de 40 años- que puedan definirse como pymes, que se hayan formado al menos 24 meses antes de la solicitud y centren su actividad principal en el territorio nacional. Se les pide que sean proyectos con “viabilidad técnica y económica” y que no estén enmarcados en el sector financiero ni inmobiliario, con excepción de aquellos que aborden estos campos como plataformas tecnológicas o digitales dedicadas a la intermediación. Es decir, las fintech y las proptech sí que pueden optar a un ENISA de este tipo. Supuestamente se deben amortizar mes a mes en un máximo de 7 años.

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“Todo el tema de los préstamos ENISA es un instrumento bastante interesante para los emprendedores o startups que están empezando, sobre todo en la línea Jóvenes Emprendedores. Normalmente requiere tener unas inversiones propias o de terceros para que te concedan este préstamo. Esto es el siguiente paso a cuando terminan una ronda, ya sea ronda de capital propio, family and fools o business angels”, explica Pablo Mancía, socio en Delvy Law & Finance, un despacho de abogados especializado en emprendedores y startups.

Hasta aquí todo perfecto, pero las cosas se tuercen cuando las compañías emergentes se quedan sin fondos, algo que ocurre con bastante frecuencia. Solo una de cada diez startups sobrevive a los 4 años desde su fundación. “Cuando surge el problema es cuando la empresa no puede continuar y no puede hacer frente a sus obligaciones, incluyendo el pago de las cuotas del préstamo ENISA”, señala Mancía. En estos casos suele darse una situación “un poco particular”, ya que las startups en su escaso tiempo de vida no habrían creado o no habrían adquirido activos suficientes o importantes como podrían tener otras empresas, como por ejemplo, un terreno. Aunque las startups hayan llegado a hacer un desarrollo tecnológico, eso no suele contar como activo que tenga un valor muy grande, de acorde al bufete. “Así nos encontramos la situación de que hay poco activo, cero tesorería y una deuda que pagar”, matiza el experto.

Las startups llegan a este punto con otra situación bastante característica. Es “muy común” que tampoco se hayan generado otros deudores al margen de ENISA, porque estas empresas no suelen obtener créditos de bancos y porque los proveedores dejan de trabajar con ellas cuando no pagan, así que no habrían producido deudas muy importantes. Eso lleva a que solo haya un camino posible, un camino que la Empresa Nacional de Innovación conoce perfectamente a dónde va. En estos casos, se suele llegar a un concurso de acreedores. Es el único cauce posible debido a que un organismo público como ENISA no tiene la posibilidad de condonar las deudas por su naturaleza. 

La condonación permite que a través de un documento los deudores renuncien a su pago y la deuda se dé por saldada. De esta forma, contablemente se puede disolver y liquidar una sociedad. Pero, según Delvy, “al ser una entidad pública ENISA no puede hacerlo, no puede condonar. Y aunque tampoco te va a perseguir, porque los préstamos ENISA no están garantizados personalmente ni con avales, ni con garantías de ningún tipo, lo que sí que es verdad es que tendrás que ir a un concurso de acreedores”.

La situación se vuelve un poco contradictoria, debido a la carencia de mecanismos preparados para estos supuestos. El concurso de acreedores está pensado, en teoría y como su propio nombre indica, para que haya una pluralidad de acreedores y está dirigido a ayudar a empresas a salir adelante, pero en el caso de las startups no sucede así. “Una startup cuando llega a ese punto lo ha tratado de hacer todo, ha buscado financiación de todas partes, inversores, etc, y generalmente si no lo han logrado es porque no han validado su modelo de negocio ni han tenido las métricas que necesitaban. En el punto en el que se habla de que hay que cerrar, es donde no existe el mecanismo para este tipo de situaciones y lo único que hay es el concurso de acreedores”, insiste Mancía.

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Este proceso para las startups poco tiene que ver con el de esas empresas que pasan años en situación de concurso. Son, por decirlo de forma llana, un auténtico concurso de acreedores exprés para salir del paso. “Se presenta un concurso abreviado en el que se habla de que la empresa no ha tenido éxito, no tiene tesorería, forma de financiarse, activos y solo existe un acreedor. Todo esto es lo que valora el administrador concursal que lleva el concurso”, comentan desde Delvy. La experiencia del bufete es que estos procesos normalmente se resuelvan en un período de entre dos y seis meses, “dependiendo de cómo vaya el juzgado”.

¿Qué antigüedad suelen tener las compañías que se acogen a este proceso? Por lo general las empresas emergentes que entran en concurso cuentan con entre dos y tres años de vida. Las startups pueden tirar más o menos unos dos años con un FFF o fondos propios, si no reciben demasiados ingresos. A partir de entonces buscan una ronda o corren peligro si no han conseguido un modelo de negocio sostenible.

¿Cuántos ENISA se devuelven realmente?

Ya hemos visto cómo llega una startup a su ocaso y cuál es el procedimiento legal para que se libre de amortizar lo que le queda por pagar de un préstamos ENISA, y cómo la Empresa Nacional de Innovación es consciente de ello, pero digamos que hace la ‘vista gorda’. Pero, ¿cuántos préstamos realmente se devuelven? ¿Qué cantidad recupera ENISA?

Según datos oficiales de ENISA, en el período 2005-2013 el organismo concedió 2.948 préstamos en suma de las líneas relativas a los programas EBT, Jóvenes Emprendedores, PYME, Enisa-Aeronáutica y otros de recursos propios. El dinero, en total 505,8 millones de euros, fue a parar a 2.653 empresas. Específicamente en la línea de Jóvenes Emprendedores se habrían otorgado 1.380 préstamos con un valor total de 63,7 millones de euros en el período.

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De todas las líneas mencionadas la que menos cuantía retornaría es la de PYME, debido a los efectos de la crisis económica en las pequeñas y medianas empresas durante los últimos años. Según un estudio relacionado con la Empresa Nacional de Innovación al que ha podido tener acceso Merca2 de manera exclusiva, en este caso a fecha de junio de 2017 solo se ha recuperado un 49,6% del importe prestado.

Por detrás de la línea PYME, en segundo lugar con mayor deuda estaría la línea que nos ocupa: la de Jóvenes Emprendedores. Aquí únicamente se habría devuelto a la misma fecha el 57,6% del principal prestado, con una inversión inicial de 18.500 euros por empleo creado que se reduciría a 3.800 euros una vez se descuenta el dinero retornado. El documento recoge que de todas las empresas emergentes beneficiarias que se habrían analizado (893) aproximadamente cuatro de cada diez no continuaban su actividad en 2015, siendo éste el mayor porcentaje de fracaso de todos los programas.

Así, redondeando, puede decirse que seis de cada diez startups que reciben un préstamo participativo de esta entidad no lo devuelven, una cifra bastante alta que da bastante que pensar. ¿Funcionan los ENISA realmente? ¿Valen para hacer que las empresas se pongan en marcha realmente? ¿Ayudan a la generación de negocios con capacidad de facturar o solo fomentan emprendedores acomodados? ¿No son en realidad una forma de alimentar una rueda que está girando sin ton ni son? ¿Son quizás poco selectivos los que conceden este tipo de préstamos? ¿No debería existir una medida específica para garantizar su devolución por parte de los emprendedores?