Durante los últimos meses nos hacen a menudo una pregunta: “¿Por qué somos tan duros con MásMóvil?”. Lo más sorprendente para nosotros es que, a veces, la pregunta está en boca de compañeros periodistas. No intentamos ser “duros”, sino “justos”. En todo caso, vamos a intentar responder con sinceridad a los motivos que hay detrás de nuestra cobertura de lo que ha hecho el cuarto operador durante los últimos tiempos, y los motivos subyacentes a nuestras decisiones.

Las cosas han cambiado

MásMóvil celebrará en febrero de 2018 su décimo aniversario. Recordamos como si fuese ayer su presentación en el Instituto de Empresa, en la madrileña calle de Serrano. Sus fundadores, Meinrad Spenger y Christian Nyborg, eran un par de amigos que, haciendo surf en Portugal, tomaron la decisión de salir al mercado español y aprovechar las ventajas de la introducción de los virtuales para lanzar el suyo propio.

Salieron de la mano de Orange y desde el principio fue una compañía simpática con la que tratar. Se hacían fotos graciosas, competían contra gigantes y no costaba trabajo apoyarles porque siempre cualquier David que se enfrente a un Goliat merece cierta simpatía, especialmente si sólo se juega su dinero y el de sus accionistas.

Hoy MásMóvil no tiene nada que ver con esa empresa. Ni por tamaño, ni por su recorrido empresarial, ni por las decisiones que han ido tomando. Christian Nyborg no está en la compañía, ‘Maini’ Spenger tiene un equipo muy diferente y, lo más importante, cotiza en bolsa. Para un periodista esto es importante, porque una compañía que cotiza ha cogido el dinero del público y trabaja con él. Eso les obliga a ser mucho más abiertos en sus comunicaciones y a nosotros nos fuerza a analizar sus operaciones con más cuidado porque ya no juegan con pólvora del rey, sino con el dinero de personas físicas y jurídicas que tienen derecho a una información fidedigna sobre sus actividades.

Han jugado con las cifras demasiado a menudo

Los planes de negocio y los resultados presentados ante el regulador bursátil han sido un constante jugar con las cifras. Nunca ha cumplido sus planes de negocio y su facturación tiende a ser algo apenas parecido a lo prometido. No es que no crezcan, que lo han hecho y mucho, es que no crecen como dicen que crecen.

En una presentación al Mercado Alternativo Bursátil (MAB) en enero de 2015 hablaba de una estimación de ingresos de 152 millones de euros para 2014, para llegar a 2015 con 176 millones. El Ebitda previsto implicaba pasar de 6,4 a 15,7 millones.

En otra presentación, en junio, subrayaba que el importe de la cifra de negocio en 2014 fue de 159 millones, y reconocía haber incumplido sus planes de facturación y de ebitda.

En ese momento el objetivo del plan de negocio sigue siendo el mismo: ingresos de 176 millones en 2015 y ebitda de 15,7 millones.

Pero en la presentación de octubre de 2015 cambia todo: La estimación para ese mismo año se transforma: Pasa a ser de 146 millones de cifra de negocio y 11,5 de Ebitda, muy por debajo de lo previsto.

En abril de 2015 MásMóvil presenta una facturación de 141 millones y un Ebitda de 12 millones. En el segundo caso, podemos hablar de que consiguieron cumplir, al menos, con sus últimas previsiones a la baja, pero por ingresos fracasaron claramente y, como Donald Trump, presumieron de haber tenido un éxito que no fue tal.

Para colmo, todas estas cifras, incumplimientos incluidos, son proforma. Han ido consolidando las sociedades adquiridas al 100%. Es decir, contando todo el año. Pero en las cuentas de verdad, las que siguen las normas contables, has de consolidarte las sociedades adquiridas desde el momento de la compra. Por eso los datos reales siempre son inferiores a los que dan en las presentaciones, al margen de que luego den los números que les dé la gana.

En el mundo real, MásMóvil ingresó 130 millones en 2015 y 77 millones en 2014. Lo que no deja de ser un incremento brutal, pero nunca uno que se corresponda con sus promesas a los inversores.

Hasta ahora MásMóvil no sólo ha jugado con los números, sino que para colmo ni siquiera en el mundo de fantasía de las cifras  proforma ha podido cumplir sus compromisos. Es importante seguir vigilando porque las casas de análisis que siguen el valor ponen mucho foco en las posibilidades de crecimiento de la compañía en Bolsa, pero en plena euforia no están teniendo en cuenta su historial a la hora de maquillar sus resultados.

En sus últimos resultados publicados la compañía hablaba de unos ingresos de 1.100 millones, con un ebitda de 117 millones y “60 millones de euros de ahorros contractuales ya alcanzados”. Ojo a ese dato en la próxima presentación de resultados. ¿A qué ahorros se refieren? A los mayoristas tras el acuerdo mayorista con Orange. Eso fue antes de verse obligada a pagar a Telefónica más de 125 millones en tres años para resolver sus juicios, o antes de perder la financiación de ZTE para despliegues de red tras verse forzada a cambiar de proveedor de fibra y mudarse a Huawei. No vamos a hablar del plan de 1,7 millones que se repartirán los directivos, ni del abono a cuenta que hicieron por Pepephone sin consultar a los accionistas. Veremos cuántos son realmente los ahorros cuando lleguen las próximas cuentas, que analizaremos con detalle.

Y eso ha sido sólo en el plano financiero

En el ámbito operativo, la compañía tiene un historial reciente de intentos de ‘colar’ a sus clientes condiciones extravagantes en sus condiciones de usuario. Sólo la información publicada por ADSLzone sobre los intentos de intentar capar el tethering y el vídeo en HD, la insistencia de merca2.es en la rueda de prensa en la que presentaron sus tarifas convergentes, y la presión de los clientes indignados en redes sociales, forzaron que no se llevase a cabo el cambio en las condiciones que estaba previsto.

Redeszone publicaba también, recientemente, un artículo sobre los intentos de MásMóvil de obligar a sus clientes a compartir IP, forzando a la compañía a cambiar sus planes y otorgar IP pública a quienes la pidan.

Todo esto implica que hay que seguir vigilándoles de cerca.

No hacen amigos…

Su peculiar forma de hacer negocios ha granjeado a MásMóvil innumerables enemigos en el sector. Desde cableros regionales que les denuncian abiertamente por utilizar las bases de clientes de datos que tenían de ellos como su antiguo socio en el móvil para atacar a sus clientes convergentes, hasta fabricantes como ZTE que después de ofrecerles condiciones privilegiadas de financiación consideran que han sido tratados injustamente.

MásMóvil se ganó, además, un enemigo peligroso: Telefónica. Pese a que han zanjado sus juicios, los azules no llevaron bien el cambio de operador a Orange y han tratado de recuperar el contrato de Yoigo. Mientras tanto, han tomado otras medidas como cerrar un contrato de red con Aire Networks –que se había llevado líneas de antiguos clientes mayoristas de MásMóvil–.

La forma de negociar de MásMóvil les ha convertido en gente con la que hay que hacer negocios debido a su tamaño, pero de la que muy poca gente se fía.

…Ni retienen talento

MásMóvil dejó escapar a las piezas más importantes del equipo de Pepephone, que en enero siguió con su declive en portabilidades.

De los clientes de móvil que tenían antes de “enchufar” a las cuentas los de Yoigo, la gran mayoría correspondían precisamente a Pepephone, la compañía del grupo que encontró en su día la mejor fórmula para captar clientes. El tiempo ha demostrado que MásMóvil tenía muchos clientes ajenos que se iba apuntando como propios y que ha ido perdiendo, como los de República Móvil o los que vende su filial mayorista Cablemóvil, cuyos clientes han ido desapareciendo y migrándose a otros operadores.

¿Una buena noticia para MásMóvil? Está registrando muy buenas cifras de portabilidad en los últimos meses. Tendremos que seguir atentos a esa tendencia, que sin duda es el aspecto más positivo de la compañía. Las cifras del cierre de 2016, pese a sus habituales encajes proforma, nos darán una imagen más fiable del tamaño del grupo.

Y será imprescindible que los analistas y la prensa las analicemos con cuidado para asegurarnos de que los accionistas tomen sus decisiones con toda la información disponible.

La teoría Providence

Hay una teoría muy extendida en el sector que tiene mucho que ver con el futuro de la compañía. Y es la convicción que manifiestan varias fuentes relacionadas con el mundo de los fondos de que el máximo accionista de MásMóvil, el fondo Providence, está en realidad menos comprometida con el actual equipo gestor que preparada para aprovechar cualquier posible crisis futura para ejecutar su deuda convertible y quedarse con la compañía a precio de risa dejándose por el camino a los minoritarios.

En público, MásMóvil afirma que no tiene problemas de caja, que la deuda está controlada y que todo le va bien. Si es así realmente, ningún problema.

Pero si las cosas se complican, el mecanismo adoptado por Providence para entrar en el grupo le garantiza mejores condiciones que las de cualquier nuevo accionista. Tiene un 18% del capital directo y deuda convertible que le permite alcanzar el 40%. Esto le sitúa como un accionista mucho más privilegiado en caso de concurso de acreedores que la familia Onchena, segunda gran accionista con el 17,1% del grupo. O que la familia Domínguez de la Maza (Mayoral), que acaba de invertir 60 millones en el operador a precio de mercado, hasta superar el 10%, disparando la cotización por encima de los 31 euros.

En conclusión

Los próximos 18 meses van a ser claves para el futuro de MásMóvil. Si logran salir adelante, tienen mimbres para conseguir consolidarse como el cuarto operador prometido. Pero eso les exigirá ejecutar como nunca antes, desarrollar sus marcas y tener una estrategia mucho más clara que la que han demostrado hasta ahora. Tienen datos favorables, como el crecimiento en portabilidades, pero tenemos que ver si la apuesta por la fibra da sus frutos y si la delicada estructura financiera de la compañía puede permitirse seguir haciendo cosas como firmar acuerdos mayoristas de móvil simultáneos con dos operadores o cambiar de proveedor de fibra en mitad del despliegue.

MásMóvil es una compañía que ha demostrado que requiere de un seguimiento especial, cuyas cifras y condiciones de usuario tienen que ser sometidas a constante examen. No hacerlo sería faltar a nuestro deber. Si todo va bien, habremos sido un medio incómodo para una compañía de éxito. Si las cosas se tuercen, nadie podrá decir que ningún medio español había avisado de los riesgos.