silicon valley

Silicon Valley es para un emprendedor tecnológico lo mismo que Hollywood para un actor o el Real Madrid para un futbolista. En las universidades, garajes y pisos de estudiantes de algunas poblaciones de esta región californiana que antecede a San Francisco se crearon los gérmenes de gigantes tecnológicos como Apple, Google, Facebook y un largo etcétera. Ir allí y codearse con las empresas TIC americanas es un sueño, una quimera que solo algunos pueden vivir. Sin embargo, para muchos de los que han tenido la suerte de poder ir a la cuna de la tecnología y establecerse allí durante una temporada, su estancia se ha convertido en una pequeña pesadilla.

Hace unos años encontrar a un emprendedor español en Silicon Valley era tan raro como hallar a un hobbit en cualquier otro lugar de la Tierra Media que no fuera la Comarca. José Antonio del Moral, fundador de Alianzo, Startup 2.0 y Sequoia Internet así como inversor de Chicisimo.com o Agora News, fue uno de los primeros en dar el salto hace una década, aunque en lugar de lanzarse a la piscina prefirió meter el pie antes para ver si estaba fría. El emprendedor estuvo tres meses en Stanford tanteando el terreno gracias a haberse matriculado en una asignatura en la universidad. Su prudencia habría resultado bastante provechosa, teniendo en cuenta la experiencia que vivió.

En EE.UU solo es posible permanecer tres meses como turista y estar más tiempo supone iniciar un largo proceso de papeleos “que te va a costar un riñón y parte del otro”. La entrada, por lo tanto, no resulta nada sencilla si se va a hacer negocios. Una vez dentro con esta fórmula, del Moral ya vio que estar allí no resultaba nada barato. Para alojarse tuvo que hospedarse en una habitación de estudiantes, porque “los alojamientos son prohibitivos” y en 2009, cuando él fue, ni siquiera existía Airbnb. El fundador de Alianzo explica que la principal barrera que se puede encontrar en Silicon Valley son los excesivos amiguismos y el propio sistema, que se vertebra como una especie de castas.

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Allí todo se mueve a través de grupúsculos cerrados que funcionan como mafias. Penetrarlas es realmente difícil. La mayor parte de los emprendedores se creen que basta con lanzar algo en Silicon Valley y recorrer eventos para contarlo. Nada más lejos de la realidad. En los tres meses que estuve allí fui a todo tipo de eventos y escuché a unos 50 proyectos. Ninguno de ellos triunfó”, cuenta Del Moral. “Para tener éxito hay que estar ya dentro de las estructuras existentes, lo cual quiere decir tener grandes amigos, haber estudiado en Stanford o, más recientemente, pasar por la aceleradora YCombinator. El resto lo tienen prácticamente imposible. Y sin amigos, no habrá ni usuarios ni dinero”, añade.

Eneko Knorr es el fundador y CEO de Ludei, una compañía de Software-as-a-Service que ayuda a los desarrolladores web a construir aplicaciones móviles. Fue al valle un poco después de José Antonio y en su caso sí decidió emprender allí, lanzando dicha compañía desde San Francisco. Aterrizó allí hace 7 años porque entonces en España no había casi inversores y se quedó un lustro. Aunque en un primer momento no quería creérselo acabó llegando a una conclusión muy parecida a la de Del Moral: Silicon Valley es un ecosistema muy cerrado.

“Si te criaste allí, trabajas en Google, has vendido su startup en Silicon Valley, etc. eres un insider, eres parte del ecosistema, y si vas a buscar inversión lo tendrás relativamente fácil. Si no estás en el ecosistema, seas español, alemán o incluso un americano que llega de Texas, tendrás que penetrar en el mismo si quieres conseguir algo. Silicon Valley acoge muy bien a los extranjeros, pero entrar en el ecosistema, ya es otra cosa”, afirma Knorr.

Tras tres años con su startup Red Karaoke, una red social para cantar, grabarse en vídeo y competir con otros, el emprendedor y periodista Miguel Ángel Díez Ferreira también cruzó el charco. Llegó a Silicon Valley acompañado de su mujer en el verano de 2011. Su objetivo era conseguir establecer acuerdos mundiales con empresas globales, algo que entonces era muy difícil de hacer desde España. Este oriundo de Barakaldo coincide con Del Moral y Knorr en su testimonio. Para él, una de las mayores barreras fue también el networking.

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“Hay niveles de la sociedad y contactos a los que es casi imposible llegar: cuando llevas allí mucho tiempo, te das cuenta de que sólo eres capaz de arañar la superficie y alcanzar los contactos en niveles similares a los tuyos. Es una sociedad muy estratificada”, insiste el también cofundador de ISDI. Díez Ferreira opina que la gente que lleva allí mucho más tiempo tienen muchas más opciones de éxito: “Tienen más fácil contactar y cerrar acuerdos, tienen la misma cultura, etc. Al final, tú eres un inmigrante más: un inmigrante cool y con un proyecto, pero un inmigrante al fin y al cabo”. El ‘padre’ de Red Karaoke señala que hay cierto favoritismo de los inversores por los emprendedores locales. “Si tienen que elegir entre un americano y alguien de fuera, la decisión es obvia, y eso lo hace todo un poco más difícil”, apostilla.

Otra barrera que hace más palpable esta categorización entre emprendedores estadounidenses y emprendedores que llegan de fuera es la cultura. “Pensamos que conocemos EEUU, y más específicamente Silicon Valley, por todo lo que hemos leído, visto en películas y series, etc. Pero no es así: hay profundas diferencias culturales y en la forma de trabajar y hacer negocios, y puede llevar unos seis meses empezar a entender cómo funciona aquello. En realidad esto se aplica a todos los emigrantes, vayan al país que vayan, pero se tiende a minimizar ese tiempo de integración”, cuenta Díez Ferreira.

¿El dinero llama a dinero?

El cuarto muro con el que se topan nuestros ‘entrepreneurs’ al llegar a Silicon Valley, y quizás el más significativo, es el económico. Hay que plantarse allí con unos ahorros importantes si se quiere sobrevivir porque poder subsistir en la “Cuna de la Tecnología” sale por unos 5.000 euros al mes como mínimo. A eso hay que sumar otros 7.500 dólares o más del correspondiente visado. Solo con una empresa o trabajo se puede permanecer en EE.UU.

“La vida en Silicon Valley es carísima, por lo que un emprendedor que quiera ir allí tendrá que contar con un presupuesto importantísimo”, asevera Eneko. Del Moral apoya sus palabras y va un paso más allá en su crítica: “Hay que tener mucho mucho dinero. Primero para los papeleos. Después para hacer amigos de nivel. Es decir, para participar en los grupos de elite hay que pagar peaje. Ya sea para contratar a una de las empresas de relaciones públicas de las mafias locales o sea para “inventarse” una ronda de financiación de éxito para poder salir en los medios”.

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Los altos costes no solo se convierten en un obstáculo para sobrevivir y prosperar en el valle, sino también para conseguir talento. “Contratar a alguien es misión imposible: la gente buena está ya pillada, los sueldos son astronómicos (100.000 dólares al año puede cobrar un becario de programación, por ejemplo), y si consigues traer equipo de otros sitios posiblemente te los acaben robando otras startups o los gigantes del sector”, se lamenta Miguel Ángel. En este sentido, Knorr opina que “para montar una mínima estructura el presupuesto puede ser disparatado”.

En lo personal, el alto coste de vida también puede implicar problemas. De entrada, en el país no hay sanidad pública y cualquier visita al médico sale por un ojo de la cara. Y eso, sin hablar de operaciones o intervenciones importantes. Díez Ferreira lo vivió de primera mano. Su mujer se quedó embarazada y el seguro médico privado que tenía desde hacía una década les dijo que no cubría los costes del embarazo por considerar el cambio de póliza a EE.UU como una nueva póliza y existía un período de carencia. “Fue un infierno, estuvimos a punto de volvernos a España, los costes sanitarios son de locos: 25.000 dólares por dar a luz”, recuerda.

Uno de los falsos míticos de Silicon Valley es que es muy fácil conseguir inversión porque en EE.UU las rondas de financiación son mucho más altas y cualquiera puede embolsarse un par de millones de dólares para su proyecto. Sin embargo, los ‘business angel’ americanos no son muy de dar limosnas y miran con lupa a dónde va a parar lo que hay en su bolsillo. El fundador de Alianzo considera que “es más difícil que en España. Para empezar, porque los inversores de allí solo invierten en proyectos de allí. Y para llegar a los inversores hay que tener buenas relaciones y un proyecto con tracción. Para tener tracción, una vez más, hay que tener “amigos” o dinero para poder comprar usuarios”.

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“Allí buscan dinero todos los emprendedores norteamericanos (que lo tienen de entrada más fácil que cualquier extranjero), pero también los mejores emprendedores de todos los países del mundo: europeos, asiáticos, africanos, latinoamericanos… ¡Todos están allí y compiten por el mismo dinero que tú! Y encima, como no te conoce nadie, partes con desventaja, no tienes las referencias y contactos que tienes en tu país de origen”, insiste Díez Ferreira.

“Es cierto que hay muchísima más inversión que en Madrid, por ejemplo, pero también la rivalidad y el nivel de esta es increíble. Hay mucha más oferta de financiación, pero la competencia también es muchísimo más feroz”, explica Cristóbal Viedma, cofundador y CEO de Lingokids. El creador de esta aplicación móvil para enseñar idiomas a niños lo sabe de primera mano. En 2014 poco después de su lanzamiento, obtuvieron la inversión de 500 Startups y el favor de Dave McClure. Además, el pasado mes de junio Lingokids cerró su segunda ronda por valor 4 millones de dólares con la participación de uno de los mayores fondos de inversión del valle, el centenario Bessemer Venture Partners (BVP).

No es no

En la Meca de las TIC hablan muy claro, quizás demasiado claro. La gente no se anda con miramientos ni sensiblerías. Te dicen lo que se les pasa por la cabeza sin ningún reparo y sin medir sus palabras y eso puede resultar devastador. “Recuerdo que el primer día en el work center mi compañero de mesa, un israelí, me dijo que nuestra página web era “shady” (tenebrosa). Allí hay pocos filtros, mucha gente no se corta en decir lo que piensa. Fue como un puñetazo en la cara nada más llegar, pero lo cierto es que nos ayudó a mejorar”, relata Díez Ferreira.

Aunque quizás sea mejor obtener un feedback, que un mutismo por respuesta. Eso es lo que le pasaba a José Antonio del Moral cuando intentaba hacer contactos: “Parecerá una broma, pero en los primeros eventos a los que asistí noté que, tras hablar 20 segundos con la gente, me daban la espalda. Literalmente. Cada uno va a lo suyo. Cuesta bastante aceptarlo, porque en España somos personas con cierto orgullo y donde cultivamos más las relaciones personales”.

Desembarcar en el valle puede ser todo un desafío para fundadores con una baja tolerancia a la frustración. Las negativas son una constante y algo que se dice sin ninguna clase de cuidado. “Hay muchísimo inversor, y muchísima gente quiere oír de tu proyecto. Pero no siempre estás preparado para escuchar “NO” 100 veces seguidas, una detrás de otra. Cuando hicimos nuestra primera ronda de inversión fue muy duro a nivel psicológico seguir creyendo en ti mismo y en la idea cuando tanta gente te dice que no”, cuenta Viedma.

Ecosistema español vs. Silicon Valley

¿Qué tiene Silicon Valley que no tenga España y al revés? ¿Realmente tenemos tanto que envidiar a esta región histórica para las TIC? Dejando de lado la mitomanía geek y el romanticismo por la historia de la informática, parece que no estamos tan mal. “Tenemos el mismo talento que ellos, pero podemos lanzar proyectos por una décima parte del coste, y eso es una ventaja competitiva enorme. Sólo nos falta conseguir más financiación (lo que ya está ocurriendo) y sobre todo tener más ambición, creérnoslo más”, aconseja el CEO de Red Karaoke. “Ése es uno de los secretos de Silicon Valley, que se creen capaces de cambiar el mundo, y por tanto lo hacen”.

Knorr también está convencido de que “hay un talento buenísimo, que no tiene nada que envidiar con el de Silicon Valley” y que es muchísimo más económico en comparación. Su startup, Ludei, cuenta con ingenieros vascos por los que se han “pegado” gigantes como Google o Mozilla porque “son talento de primer nivel”. Además, subraya que “en España hay una calidad de vida que no hay en ningún sitio”. Estos dos factores junto a la inversión existente que ya permite triunfar a nivel mundial desde nuestro país, hacen a España “un sitio perfecto para emprender”.

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Las mejoras en las oportunidades financiación han hecho que esta afirmación quizás ya no suene tan rara como hace un lustro. “En los últimos 5-7 años todo es totalmente distinto, para bien. En España hay fondos de 50-70 millones que hace un tiempo serían impensables. Y en Europa hay fondos de 200 o 500 millones. Hay mucho dinero en España y Europa, y para un emprendedor español será infinitamente más fácil levantar fondos en España que en Silicon Valley”, asevera el fundador de Ludei.

Otra cosa buena que tiene emprender en España es que aquí todavía tenemos los pies en la tierra y somos menos impacientes. “Allí la gente cambia de proyecto con demasiada frecuencia y tiene poca paciencia. Aquí hay más lealtad y un nivel de realismo más adecuado. El “kool-aid” es un arma de doble filo, por una parte, hay que creérselo, por otra hay que ser crítico y realista con uno mismo”, subraya el CEO de Lingokids.

En el caso del cofundador de Startup 2.0. destaca que en el ecosistema español nos tomamos todo con más calma. “Esto es malo pero también permite disfrutar mejor la experiencia de emprender. En España también hay que reconocer que los medios son más asequibles para los emprendedores. Es más fácil hacer ruido”, sentencia del Moral, quien define a los eventos de startups en SV como “peores que una discoteca a las 2 de la madrugada. Allí cada uno va a lo que va, sin ningún tipo de miramiento”.

Silicon Valley continúa siendo una referencia para las TIC en todo el mundo, sin embargo, ya no es un lugar indispensable para estar. Poco a poco comienzan a proliferar otros ecosistemas, otros pequeños Silicon Valley en todo el planeta.  “Yo bajo ningún concepto abriría una sede allí para levantar financiación. Hoy en día se puede conseguir mucho dinero sin necesidad de ir allí porque los inversores han entendido que hay startups potentes en todos los países del mundo”, concluye el CEO de Red Karaoke.

Y el cofundador de Ludei lo apoya: “Silicon Valley va camino de morir de éxito. Tanto dinero ha llevado a que la gente tenga salarios desorbitados, que son insostenibles. De hecho, muchas startups se han ido a zonas donde el talento no es tan caro, como Los Angeles, Austin (Texas) o Boulder (Colorado). Silicon Valley será la referencia mundial, pero hay otros ecosistemas tomando muchísima forma. Atentos a China donde se está innovando al nivel de Silicon Valley o más”, apunta Knorr. Para el también cofundador de Hostalia o Ideateca los emprendedores deben ir una vez en su vida o pasar una pequeña temporada allí porque “es el lugar donde pasan cosas”, aunque no recomienda “ir a crear la empresa o a levantar pasta. Hay muchas startups españolas que han fracasado en su intento, y muy pocas las que lo han conseguido”. Los emprendedores que hemos consultado lo dejan claro: Abrir en Silicon Valley porque sí es un suicidio.