Muchos recordarán la jornada bursátil del 24 de junio de 2016, fue la mayor caída en la historia del Ibex 35 hasta la fecha. El selectivo se hundió un 12,35% tras el referéndum del Brexit y tanto el Banco Santander como el Sabadell cerraron con caídas de más del 19%.

Ninguna de las dos compañías había perdido tanto en un solo día y desde entonces no se ha visto una caída similar, hasta que el 12 de marzo de 2020, tras el estallido de la pandemia del covid-19, la Bolsa española sellara su peor jornada con un desplome del 14%. Pero incluso ese día, el banco de Ana Botín y el que preside Josep Oliu se dejaron algo menos, un 17%.

La salida de Reino Unido de la Unión Europea ha sido una losa para el negocio británico de ambos bancos. Todas las fases por las que han pasado en los últimos cuatro años han estado rodeadas de incertidumbres y han impactado en las cuentas de ambos bancos. Tanto, que TSB, la filial del Sabadell está en venta y los expertos aseguran que el Santander hará lo mismo con la suya.

SANTANDER DIO EL PRIMER PASO

Santander fue incrementando su negocio en Reino Unido a través de su filial Santander UK, y lo hizo comprando varios bancos. Aun con Emilio Botín como presidente del Grupo se hizo con Abbey, Alliance and Leicester (A&L) y Bradford and Bingley (B&B). Fue en 2010, tras adquirir Royal Bank of Scotland (RBS), cuando se convirtió en el cuarto banco del país.

En 2011, UK se alzaba como el segundo mercado del Grupo por detrás de Brasil y aportaba el 12% del beneficio. En 2015 ya arrimaba el 25% y era el primer mercado. Pero todo se truncó en 2016, cuando los británicos dieron el visto bueno al referéndum de David Cameron. Desde entonces, Santander no ha parado de recortar su beneficio en el país y ahora se sitúa como su cuarto mercado.  

El propio banco adelantó en el informe anual del 2016, que la decisión de Reino Unido de abandonar la UE afectaría a su negocio y ese mismo año, la filial británica reducía un 4% su beneficio, hasta los 1.681 millones de euros. Un año más tarde, ya con Theresa May al frente del país, empezaron oficialmente las negociaciones entre Bruselas y Londres. La libra se iba debilitando porque las conversaciones iban lentas, así que el Banco de Inglaterra elevó los tipos de interés en noviembre, lo que supuso su primera subida en más de una década.

Con este ajuste, se revirtió la bajada. Pero la actividad se desarrolló en un entorno macroeconómico de menor crecimiento y finalmente el beneficio disminuyó otro 4%, hasta los 1.498 millones de euros.

UK BAJA UN ESCALON

En 2018, Santander UK bajaba un escalón y se convertía en el tercer mercado a nivel grupo, por detrás de Brasil y España. El beneficio descendió un 8%, hasta los 1.362 millones de euros. Según explicaba la entidad en su informe anual, la falta de acuerdo en las negociaciones pesaba en sus cuentas.

Al activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa, el gobierno británico disponía de dos años para llegar a un pacto. Pero en marzo de 2018, acordaron finalmente que el periodo de transición se alargaría hasta el último día de 2020. En este contexto, Santander UK alertaba: el resultado sigue siendo incierto y la salida sin acuerdo, una posibilidad.

“Persiste la incertidumbre en cuanto a los entornos jurídicos y regulatorios en los que operarán las filiales del Grupo en el Reino Unido cuando dicho país ya no sea miembro de la Unión Europea, y el marco en que se producirá el negocio bancario transfronterizo tras el Brexit”, detallaban en su informe.

A nivel operativo, no descartaban que las filiales del Grupo en el Reino Unido y otras instituciones financieras ya no pudieran apoyarse en el marco transfronterizo europeo para los servicios financieros y no tenían claro cuál sería el régimen alternativo tras el Brexit.

Por eso advertían, esta incertidumbre, las medidas que se tomen como resultado de ella y las nuevas reglas “podrían tener repercusiones significativas en las operaciones, rentabilidad y negocio del Grupo”.

AJUSTE DEL FONDO DEL COMERCIO

Un año después, el banco que preside Ana Botín tuvo que realizar una revisión del fondo de comercio adscrito a su filial británica, el ajuste fue de casi 1.500 millones. Según justificaba la entidad, como resultado de un entorno regulatorio desafiante, incluidos los diversos impactos negativos de la Ley de Reforma Bancaria (ring-fencing), la presión competitiva en el país y el impacto que la incertidumbre relacionada con el Brexit había tenido en el crecimiento económico del Reino Unido. En ese ejercicio, el beneficio de Reino Unido descendió otro 16%, hasta los 1.077 millones.

En enero de 2019 se complicaron los planes de Theresa May para salir de la UE de manera ordenada. El Parlamento británico rechazó de forma masiva su acuerdo y el líder de la oposición presentó una moción de censura. La premier, que sufrió hasta dos veces la declinación de un plan alternativo, acabó anunciando su dimisión en mayo.

Desde julio de ese año, Boris Johnson, que hasta su dimisión meses antes era el ministro de Exteriores, se convierte en el primer ministro británico. Y lo hacía con un objetivo, salir de la UE en la fecha acordada (octubre de 2019) y sin descartar un Brexit “a las bravas” o sin acuerdo. A esas alturas, el Santander ya había desarrollado planes de acción en previsión de un escenario de “no acuerdo”.

LAS COSAS SE COMPLICAN

En junio de 2020, el Banco Santander presento las primeras pérdidas de su historia a nivel grupo (10.798 millones) como consecuencia de un saneamiento contable a gran escala de 12.600 millones.

Esta vez, con motivo de la pandemia, pero Reino Unido se llevó la mayor parte, 6.100 millones de euros.

En las últimas cuentas que presentó el banco, las correspondientes al tercer trimestre de 2020, Santander UK había bajado otro escalón y ya era el cuarto mercado a nivel grupo. El beneficio había descendido un 62%, hasta los 318 millones.

SOLUCIÓN: SALIR DE REINO UNIDO

Cuando BBVA anunció la venta de Estados Unidos, los expertos pronosticaron que salir de mercados poco rentables para crecer en otros será una tendencia este 2021. También que el Banco Santander estaría considerando “seriamente” abandonar UK, según los analistas de JP Morgan, Bloomberg y Barcalys.

A la pandemia y el Brexit, se ha unido la feroz competencia, la paralización de nuevas hipotecas, el exceso de liquidez tras el repunte de los depósitos (con el alto coste que esto supone) y la posible bajada de tipos de interés hasta el terreno negativo en el nuevo año.

Por ello, estos analistas advierten de la salida de muchos actores bancarios extranjeros de Reino Unido. Santander UK sería uno de ellos, se ha convertido en el mercado menos rentable del Grupo entre sus grandes mercados (con un ROTE del 3,1%) y las previsiones para 2021 son aún peores. Pero no lo hará de manera inmediata, esperará a ver como evoluciona el mercado bancario británico en materia de fusiones y adquisiciones. Así como la venta de TSB, la filial británica del Banco Sabadell.

SABADELL SIGUE AL SANTANDER

El presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu, entró de lleno en el mercado británico en 2015 animado por Ana Botín. Así lo reconoció el día que anunció la operación, la experiencia del Banco Santander “es un claro ejemplo de que Reino Unido atraviesa un buen momento económico, una democracia muy estable y un mercado flexible”.

Pero las cosas empezaron a ponerse feas. Primero con el referéndum del Brexit en 2016, después con la migración tecnológica en 2018. Según algunos expertos se hizo demasiado rápido para ahorrar costes y terminó afectando a millones de clientes. El banco dio por superado este bache en 2019 y aseguró que su unidad británica ya no restaría, pero los beneficios no llegarían hasta 2020.

Como telón de fondo, se mantenía la incertidumbre derivada del proceso de salida de Reino Unido de la UE, tal y como reconocían en su último informe anual, sin embargo, TSB presumía de tener una exposición “relativamente limitada” al Brexit, dado el carácter doméstico de su actividad.

Con el objetivo de reforzar el negocio, TSB presentó en noviembre 2019 su nuevo plan estratégico (2019-2022), con el objetivo puesto en la mejora de la rentabilidad, el incremento de la inversión crediticia, su apuesta por la transformación digital, así como el aumento de los beneficios del banco y la mejora de la experiencia cliente.

Y LLEGA EL COVID-19

Pero en 2020, la crisis sanitaria impactó de nuevo en el banco, que decidió poner en marcha un importante plan de ajustes de oficinas y empelados con el objetivo de ser rentable y ahorrar costes.

Los analistas entienden que este plan es “muy necesario” pero, aun ejecutándose , el negocio del Reino Unido seguiría contribuyendo con un beneficio “muy limitado”. Así que el Sabadell optó por la venta, sobre todo, cuando rompieron las negociaciones con BBVA para una posible fusión.

La entidad catalana compró TSB hace cinco años por 2.350 millones de euros y hoy en día representa casi una cuarta parte de los activos totales del banco. El problema es que los analistas no lo valoran ahora en más de 1.000 millones, y paradójicamente lo que más valor tiene en este momento es su plataforma informática (la que tantos dolores de cabeza dio en el momento de la migración) pues es la más moderna y digital del Reino Unido.

Pero si deciden vender TSB a un precio bajo, siempre por encima de 300 millones, se da la paradoja de que aunque genere pérdidas, tendrá un impacto positivo en el ratio de capital y le permitirá reforzar su solvencia al liberar activos ponderados por riesgo.