La sal últimamente está siendo “perseguida”, junto con el azúcar, en esta vorágine de comida sana y cuidar tu organismo. Pero como todo la virtud está en medio y ni debes de abusar pero tampoco dejar de tomar, en este caso sal. Pero lo que nos ocupará ahora es que, una vez aclarado esto, qué tipo de sal conviene en cada caso y cuál usar: si la fina o la gorda.

La sal potencia los sabores de los platos, y además es imprescindible para el organismo. Pero si consumes la primera que tomas en el supermercado, ya es hora de que conozcas cada tipo de sal, sus beneficios y de qué forma se usa en la cocina. La vida requiere de este aditivo y hay que evitar lo soso, y más en los tiempos que corren.

Sus beneficios

Sal

La sal no sólo se usa en alimentación, sino que es desde la antigüedad tan imprescindible, que llegó a ser moneda de cambio (de ahí viene lo de salario). Se usa en las explotaciones ganaderas, la descalcificación para eliminar la dureza de ciertas aguas, el deshielo de calles, caminos y carreteras, el tratamiento de piscinas, los productos para el lavavajillas, las sales de baño, los detergentes y muchos usos más en la industria química. La ventaja es que está en la naturaleza de manera natural, sin tratamiento, cristalizada en yacimientos mineros o disuelta en el agua del mar en las salinas.

Pero centrémonos en la industria alimentaria, donde la usamos para conservar alimentos y también para tratarlos y cocinarlos. Nos vamos a centrar en las sales de mesa. Y es que en los últimos años ha aumentado la variedad de presentaciones para todos los gustos.