Sacyr Gobierno Italia Atlantia
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Ocurrió durante el pasado mes de diciembre. Sacyr, junto a su socio italiano Fininc, conseguían el contrato para la mejora y explotación de la autopista italiana A3 (entre Nápoles y Salerno). Y lo hacían imponiéndose a Atlantia, quien hasta entonces explotaba la concesión. Traducido a euros, hablamos de una generación de cartera de 2.700 millones, y un Ebitda de 1.400 millones. La inversión en obra nueva será de 390 millones de euros. Una jugada que podría repetirse… a lo grande.

Una derrota de Atlantia que puede parecer peccata minuta. Porque si, finalmente, el Gobierno de Italia pasa de las palabras a los hechos y quita a los Benetton (tienen el 30% de las acciones) las concesiones de las autopistas en el país trasalpino, la unidad de autopistas de Atlantia (Autoestrade per l’Italia) podría caer en la bancarrota. En el otro lado de la balanza, Sacyr podría dar un nuevo empujón a su apuesta internacional. En juego estarían más de la mitad de las autopistas del país: 3.000 kilómetros.

“Sacyr tiene buenas credenciales en Italia. Si se abre la oportunidad de nuevas licitaciones, sería de las compañías más beneficiadas. Tendría muchas posibilidades de ser ganadora en alguno de los concursos”, afirma César Fernández Tajes, director del Instituto Superior de Bolsa, Inversión y Finanzas (Isbif).

De momento, el Gobierno de Italia ha aprobado un decreto, que debe ser refrendado por el Parlamento, para reducir las compensaciones en caso de rescindir contratos concesionales. De llevarse a buen puerto, el Ejecutivo reduciría la indemnización a Atlantia de 23.000 millones a unos 11.000 millones de euros. Otra opción es que Atlantia devuelva los activos al entender que el Estado no ha cumplido con lo pactado en un contrato cuya fecha de caducidad es 2038.

Las buenas credenciales que tiene Sacyr en Italia la coloca en el pelotón de cabeza si hay nuevas licitaciones

De producirse alguno de estos supuestos, sería la entidad pública ANAS la que se encargaría de la gestión en un primer momento. Después cabría la posibilidad de que el Estado abriera una nueva licitación de las autopistas en la que Sacyr jugaría sus bazas.

LA CARA B DE SACYR EN ITALIA

El principal activo de Sacyr en Italia es la autopista Pedemontana-Veneta, cuyo primer tramo se abrió el pasado mes de julio. La inversión prevista es de 2.600 millones de euros. El otro gran contrato concesional, la autopista Roma-Latina, que había ganado junto a su socio Fininc, vuelve a la casilla de salida tras una impugnación de Salini Impregilo. La inversión era de 2.800 millones.

En la nueva licitación, y según la prensa italiana, el presupuesto sería inferior, bajando a una cifra que se situaría alrededor de los 2.000 millones de euros. “Probablemente Sacyr vuelva a participar en el nuevo concurso porque, para presentarse a una licitación de ese tamaño, las compañías incurren en costes de millones de euros”, apunta César Fernández Tajes.

Se trata de un concurso muy atractivo, tanto por tamaño, como por tipo de activo. Y los costes son muy inferiores que si tuviera que hacerlo en un concurso nuevo. De ahí que Sacyr acabe repitiendo jugada.

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Una vez dado el paso, lo normal es que se encontrara de nuevo con Salini Impregilo. “Los nuevos oferentes se verían en condiciones de inferioridad. Lo único que podría atraer a nuevos licitantes sería el hecho de que, si la reducción de la inversión cambia sustancialmente las condiciones, candidatos que en el concurso previo lo analizaron y no licitaron, ahora lo hagan”, matiza el director de Isbif.

Además de la autopista Pedemontana-Veneta, Sacyr está presente en Italia construyendo un hospital en Milán, y en otras autopistas, o redes ferroviarias. De cara al futuro, está pendiente de nuevas concesiones en hospitales y autopistas.

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