Ryanair
Chris Ratcliffe/Bloomberg

Las aerolíneas se enfrentan a un importante reto en el próximo año, y Ryanair no es una excepción. La firma irlandesa se enfrenta a una serie de contratiempos que amenazan sus beneficios y rentabilidad en 2019, entre los destaca el aumento de los costes salariales. Por ello, desde distintas casas de análisis apuestan porque la firma será reacia a aceptar las exigencias de sus empleados de subidas salariales, lo que traerá consigo huelgas en verano. Otro año más.

La estrategia de Ryanair a corto plazo es bastante clara, aunque presumiblemente irá en contra de los anhelos de sus empleados. El propio consejero delegado de la compañía, Michael O’Leary, explicó ante los inversores recientemente, durante la conference calls de los resultados presentados esta misma semana, que la idea de la firma es la de “ganar más” cuota de mercado, aunque “suponga una mayor presión sobre los beneficios”. Lo anterior es, básicamente, que la compañía va a seguir apostando por los bajos precios, que debería atraer una mayor demanda, manteniendo el resto de costes lo más contenidos posibles.

Entre los costes que tiene que mantener a raya la aerolínea, para no desangrarse más en cuanto a beneficios y cotización, se sitúan los que puede controlar como empresa y otros que por mucho esfuerzo que ponga se le escapan de las manos. En el caso del primero, el más obvio, también el que mayor efecto tiene sobre las ganancias finales, es el de los costes salariales. En el segundo caso, se situarían el precio del petróleo o la reciente crisis con los Boeing 737 Max que no puede operar y que tiene en cartera.

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Obviamente, Ryanair pondrá los próximos meses el foco en aquellos costes que puede controlar: los salariales. De hecho, sus últimas cuentas, en las que logró un beneficio de 1.020 millones, fueron las peores en los últimos cuatro años, con una reducción de hasta el 29% respecto a las de hace un año. A la aerolínea, como se ha descrito antes, le ha afectado un petróleo más caro y el alquiler de otros aviones que sustituyeron a sus Boeing inoperativos hasta nuevo aviso, pero donde realmente encontró la sangría está en el fuerte aumento en los costes de personal que crecieron en 200 millones, el porcentaje de gastos fue el que más subió con un 28%, debido a la subida de sueldos a los pilotos. A los que se sumó 50 millones en concepto de indemnizaciones a los pasajeros por la oleada de huelgas el pasado año y según establece el Reglamento de la Unión Europea 261/2004.

La estrategia de Ryanair, el famoso low cost, tiene como epicentro la contención de costes, de tal manera que puede ofrecer billetes más baratos que el resto sin que sufran tanto sus márgenes. Los gastos en personal de la irlandesa (que se desglosa como staff cost en sus cuentas) son la partida que más estresan sus cuentas, de hecho, prácticamente se ha doblado desde 2014, mientras que los ingresos solo se han incrementado un 50% y los beneficios todavía menos.

Lo anterior, lleva a que las grandes firmas de inversión que siguen a la aerolínea pongan en el radar la evolución de dichos costes, con todo lo que conlleva. De hecho, JP Morgan explicaba recientemente en un informe sobre los resultados de la firma que “reconocemos que Ryanair está atravesando un período difícil. Tras su decisión de reconocer a los sindicatos (diciembre de 2017) y aumentar el pago de los pilotos en un 20%, la irlandesa está ahora en negociaciones con múltiples sindicatos sobre los términos y condiciones y esperamos una presión al alza en los costos laborales. No podemos descartar huelgas en la próxima temporada de verano“.

RYANAIR LIDERA LA BATALLA DE BAJOS PRECIOS

La actual batalla de precios solo se resolverá cuando un número prudentes de aerolíneas hayan quebrado, como reconocía el propio O’Leary ante los inversores. Por ello, la contención de costes es indispensable para la firma irlandesa, puesto que en el resto de costes no es capaz de sacar tanta ventaja a sus rivales, puesto que en parte la mayoría vienen dadas.

“Ryanair está ahora en negociaciones con múltiples sindicatos y esperamos una presión al alza en los costos laborales. No podemos descartar huelgas en verano”

Así, la aerolínea de bajo costes se enfrenta no solo a un coste mayor por el precio del petróleo, sino que también deberá comprar derechos de emisión (por imperativo legal en Europa) que se espera que suban de precio a lo largo del año. Pese a que Ryanair es “la aerolínea más eficiente en el uso de combustible”, según JP Morgan, es inevitable que las cuentas no se resientan por ello. De hecho, en los últimos resultados el mayor precio del petróleo implicó un coste extra del 23%, hasta los 2.343 millones, el año pasado.

Además, también se ha visto afectada por la crisis del modelo Boeing 737 MAX qué por seguridad, tras el accidente de unos meses, están parados en los hangares de las aerolíneas. La compañía debía recibir hasta 47 modelos en el siguiente año, algunos de los cuales no llegaran hasta más tarde. “Esto obligará a Ryanair a operar aviones más antiguos y menos eficientes en el consumo de combustible, lo que dará como resultado un mayor coste por pasajero”.