Ryanair
Chris Ratcliffe/Bloomberg

Un anuncio en televisión asegura que Ryanair es la aerolínea con los precios más bajos y la que menos contamina. Al margen de la veracidad o no de esta última premisa, lo cierto es que la low cost más famosa del panorama aéreo evidencia una obsesión que alcanza a otras como IAG o Air France, y que da alas, en cierta medida, al candidato por Más País, Iñigo Errejón, en su cruzada contra transporte aéreo por su elevada huella de carbono.

Son precisamente las emisiones de carbono las que están detrás de los últimos movimientos de las aerolíneas. A finales de septiembre, Ryanair actualizó su objetivo en términos de eficiencia de carbono a fin de reducir las emisiones de CO2 en un 10%, de 66 gramos por pasajero y km a 60 para 2030. También ha invertido 20.000 millones de euros en una flota de 210 nuevos aviones Boeing 737. 

Otras como IAG –matriz de Iberia y Vueling– ha lanzado un plan para invertir en combustibles sostenibles, renovar su flota con aeronaves menos contaminantes y buscar alternativas al impacto de los aviones en el medio ambiente. Dentro de este, British Airways compensará las emisiones de los vuelos nacionales del Reino Unido a partir de 2020, algo que se estudiará en otros mercados, según apuntan fuentes de IAG a MERCA2. “Ahora es el primer grupo de aerolíneas del mundo que se compromete a alcanzar emisiones netas cero de COen el año 2050”, aseguran. 

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Por otro lado, en Air France cuentan con su programa ‘Action Carbone’ para proponer a sus clientes compensar las emisiones de CO2 vinculadas a su viaje. La francesa pone a su disposición una herramienta de cálculo de las emisiones de carbono, que permite evaluar estas emisiones para todos los destinos operados.

Estos son solo algunos ejemplos de la maquinaria aérea para luchar contra el problema medioambiental apoyado, recientemente, por el movimiento nacido en Suecia Flygskam (o vergüenza de volar en avión) que se extiende por los países nórdicos gracias a activistas como Greta Thunberg y llega a España de la mano de otros como Errejón. El ex de Unidas Podemos ha aprovechado esta corriente que cala entre los más jóvenes para atraer votos, mientras los planes de las aerolíneas evidencian un problema que existe desde hace años, pero que se agrava con el tiempo.

Y en eso gira su discurso político de cara a las elecciones del 10 de noviembre. Más País asegura que “cada viaje en tren de alta velocidad contamina veinte veces menos que un viaje en avión”. De ahí que apuesten por el tren como elemento vertebrador del transporte en nuestro país. Pretenden mejorar las redes de cercanías, “alcanzando la electrificación total de la red, desarrollando proyectos como el corredor mediterráneo, el corredor Atlántico o el tren a Extremadura y rehaciendo la estructura tarifaria de Renfe”.

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En este sentido, dentro de su programa se encuentran medidas para limitar los vuelos peninsulares para los cuales exista una alternativa competitiva en tren. Para ello, destacan medidas como retirar los privilegios fiscales de la aviación aumentando el IVA de los billetes y gravando el impuesto al queroseno de los vuelos peninsulares, mediante la posibilidad de una tasa adicional a los billetes de avión como la que ha establecido Alemania. Finalmente, plantean la limitación progresiva de dichos vuelos, usando cuando sea posible la recaudación para subvencionar y reducir el precio de los billetes del transporte ferroviario de pasajeros.

Medidas que abren un nuevo debate e invita a preguntar si son justos y necesarios estos impuestos. Desde Ryanair consideran que no es la solución. “Las aerolíneas ya pagamos impuestos medioambientales. Este año, Ryanair pagará 630 millones de euros en tasas medioambientales, incluida la ecotasa en Cataluña”, apunta Alejandra Ruiz, portavoz de la aerolínea, quien señala que, en caso de aplicarlos, debería ser “en igualdad de condiciones para todos”.

RYANAIR SE DEFIENDE

El discurso de la irlandesa choca con un informe de la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente (T&E). Ryanair se sitúa a la cabeza en ranking de las diez compañías que más gases con efecto invernadero emiten a la atmósfera. Esta entidad, independiente de la UE, asegura que Ryanair declaró el año pasado 9,9 megatoneladas de gases de este tipo en 2018, un 6,9% más que en el ejercicio precedente, y con un incremento de casi un 50% en el último lustro.

La low cost siempre se ha defendido al afirmar que genera 66g anuales de CO2 por pasajero y kilómetro, significativamente por debajo de sus competidores. Esto se consigue, en parte, por sus altos índices de ocupación (del 96%). Además, alegan que “este informe solo mide los vuelos dentro de la UE, por lo que dejaría fuera a Lufthansa o IAG”. 

Pero Ryanair no es la única señalada. Dentro de este mismo ranking, otras aerolíneas como Jet2.com, Wizz Air, EasyJet o Vueling aumentaron más rápidamente que la irlandesa sus emisiones de carbono.

Según analistas de Bloomberg, las emisiones de CO2 de las principales aerolíneas de Europa (Lufthansa, IAG, Air France, Ryanair, EasyJet, Norwegian y Wizz) aumentaron aproximadamente un 16% entre 2015 y 2018, y los expertos esperan que esta tendencia continúe en los próximos años a pesar de las promesas de reducción voluntaria. Las emisiones agregadas de las líneas aéreas de la UE representan alrededor del 2,5% del total en Europa.