José Luis Cortina, en una imagen reciente distribuida por su grupo de comunicación.

Vender una empresa de seguridad que obtiene pingües beneficios por dar escolta a políticos en el País Vasco pocos meses antes de la ETA anuncie que abandona las armas y se caiga el negocio puede ser un ejemplo de perspicacia empresarial, o de perspicacia sin más. Es quizás uno de los mejores golpes maestros de la vida profesional de José Luis Cortina, ex coronel del Ejército, ex espía, compañero de promoción y amigo del Rey Juan Carlos, pero hoy con su emporio empresarial en caída libre, tras las condenas por no pagar a sus empleados. El próximo 14 de febrero está anunciado el desalojo de las oficinas de su empresa, en la cotizada calle José Abascal de Madrid, por impago de los alquileres, según ha podido saber Merca2 de fuentes cercanas a la compañía.

El ocaso económico de José Luis Cortina ha llegado de la mano de un cambio errático en la línea del Grupo Atenea y de una mala decisión de compra en el sector de la seguridad. Cortina, asesorado por su mano derecha de los últimos años, la periodista Azucena Hernández Palmero, se ha dejado buena parte de sus enormes recursos financieros en aventuras extravagantes para lo que fue durante años Atenea. Fuentes de la empresa adjudican no solo una absoluta influencia de Hernández sobre el ex coronel, sino la toma de decisiones tan aventuradas y poco exitosas como la salida a los quioscos del magazine One, exóticos patrocinios, o el desmantelamiento del equipo que había formado a su alrededor el viejo coronel durante años. Por otra vía la dudosa compra de Castellana de Seguridad, que al parecer avaló personalmente el propio Cortina.

Hernández ha asegurado a este diario que ella no ha tenido influencia alguna en el devenir económico del grupo, a la vez que sostiene, sin aportar datos ni detalles, que One Magazine era una revista de éxito y sin pérdidas.

Si las sentencias en contra son la evidencia de un desastre empresarial, Cortina bordeó la tragedia en la última edición de Homsec, el salón de seguridad e industria de defensa que se celebra en el recinto ferial de Madrid cada año. Cuando, en una mañana de primeros de marzo, acudieron a IFEMA los vehículos blindados y camiones con dispositivos y sistemas de armas para ir montando la exposición, los guardias de seguridad no los dejaron pasar. Iv2, la compañía matriz de Cortina de la que cuelga Atenea, organizadora del salón, tenía facturas impagadas desde el año anterior. Varios vehículos blindados, lanzagranadas, drones, material sensible de inteligencia, junto a los camiones de los montadores estuvieron aparcados toda una mañana hasta que el equipo de Cortina logró avales por el importe de las facturas pendientes. Homsec había sido hasta hace unos años un jugoso negocio para la compañía, pero los aires ya no son los mismos en el Grupo Atenea.

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José Luis Cortina es uno de los personajes más intrigantes de la historia reciente del país. Cada mes de febrero las editoriales revolotean en torno a él con cheques sustanciosos para que escriba lo que sucedió en realidad el 23F de 1981. Sin ningún éxito, Cortina está juramentado para guardar silencio sobre lo que pasó y el papel real de su compañero de Academia, Juan Carlos de Borbón. En esa fecha Cortina era comandante del Ejército de Tierra y mandaba los equipos operativos del centro de inteligencia del momento, el CESID. Sus actos fueron extraños ese día crucial para la democracia, pero pese a todas las sospechas y muchas informaciones, José Luis Cortina salió absuelto de aquel macrojuicio contra los golpistas.

No dejó de ser extraño que lograra reingresar en el Centro de Inteligencia, CESID. A Cortina se le conoce amistad con un círculo militar siempre ligado a la inteligencia, entre los que están los generales Calderón y Félix Sanz. No lejos de ese círculo está el amigo de la Academia General de Zaragoza, un espigado alumno rubio llamado Juan Carlos de Borbón, hoy Rey “emérito”.

De soldado a empresario

La salida de las Fuerzas Armadas abrió en realidad el cielo empresarial a José Luis Cortina. No fue el 23F lo que acabó con su carrera, ya coronel, sino el asunto que se llamó Papa Tango. Fue implicado en la filtración a la prensa de documentos secretos sobre la participación de España en la primera Guerra del Golfo –la de Bush padre–, las operaciones Papa Tango y Papa Golf.

Empresario ya, se orientó hacia las compañías de seguridad. Ombuds logró no menos de 30 millones de euros en pocos años en contratos de seguridad para la Administración, Renfe, Correos o los hospitales militares, entre otros. Pero fue la lucha contra ETA la que llevó a sus más altas cotas de beneficios a la mercantil de los Cortina. Ombuds suministró cientos de escoltas a cargos públicos amenazados por ETA, tras la campaña de la organización terrorista contra concejales y políticos no independentistas. Muchos de los contratos son reservados, por las características de sensibles para la seguridad del país y las personas.

Un negocio tan jugoso que llamó la atención a un inversor potente, el fondo norteamericano Hackett Iversiones. En junio, adquirió a los Cortina el 75% de Ombuds. Diversas fuentes especulan con que el beneficio para José Luis Cortina debió rondar los 20 millones de euros. Pero, para desgracia de los norteamericanos, ETA decretó su alto el fuego definitivo en octubre de ese mismo año, cuatro meses despiués de la firma de la venta. No hay más que ver las cuentas –visibles gracias a la aplicación Insightview– para comprobar que la paz supuso retirar cientos de escoltas por todo el País Vasco y Navarra y cómo se reflejó en los número de Ombuds: pasó de tener un margen de beneficios de 88 millones a solo 30.

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Pero la jugada fue inversa para la familia Cortina. La venta de Ombuds al fondo norteamericano Hackett inversiones en junio de 2011 supuso una operación espectacular para ellos. José Luis es la cabeza de un grupo que conforman su hermano Antonio y los hijos de este, singularmente José Rodrigo. Dos empresas de inversiones de los Cortina, Recorti Inversiones y Doncorcorp vieron incrementados sus ingresos en 7,5 y 26,5 millones de euros ese mágico año 2011 en el que ETA se rindió militarmente.

A Cortina se atribuye también otra complicada decisión empresarial tomada en 2016, que tiene que ver con su declive económico. Ombuds decidió adquirir Castellana de Seguridad (Casesa), al parecer contra varios criterios técnicos y por tanto arriesgando parte de su patrimonio. La digestión le está siendo tan complicada a Ombuds, que en sus últimas cuentas presenta un balance con pérdidas de 2,85 millones de euros, pese a ser la novena empresa en el ránking del sector.

Un hombre retraído

Pese a que sus negocios e ingresos llegaban por el lado de la compañías de seguridad, José Luis Cortina está convencido de que tiene una misión en la historia de España, según cuentan en su círculo cercano. Esa misión tiene que ver con transmitir los valores de la Defensa a la sociedad. Tan loable objetivo quiso lograrlo por medio de la creación del Grupo Atenea. Con una línea de publicaciones, otra de formación y la tercera de eventos, junto a un equipo de ex militares –varios generales– y especialistas, Cortina se ganó un nombre y un gran hueco en el sector. Hasta que hace unos años decidió variar su estrategia con la incorporación de Azucena Hernández, procedente del Grupo Luike (Motorpress).

Azucena Hernández (vestido azul), en la gala de los premios de One magazine.

Con la savia nueva en la empresa se cerró la revista Atenea y se apostó por popularizar los asuntos de defensa en una arriesgada maniobra: en plena crisis de quiosco, lanzó One, una revista con vocación de generalista masculina y con temas que rodean la seguridad y la defensa. Fuentes de la compañía aseguran que, pese a una tirada de 60.000 ejemplares, la media de venta en quiosco nunca superó las 1.500 revistas.

La gestión de Hernández fue muy discutida internamente, hasta el punto de generar despidos y denuncias de índole laboral. Los generales se fueron del círculo de Cortina, algunos bastante despechados por el trato recibido. La tensión es tal que llega incluso a la misma hija de Cortina, Virginia, que ha tenido fuertes enfrentamientos con el nuevo círculo de asesores de su padre.

Según explican fuentes que tratan habitualmente con el ex coronel, Cortina, de 80 años, es un hombre retraído, poco amigo de las apariciones públicas. Le gusta estar rodeado de un importante séquito, con varias secretarias y ayudantes, algo que el ritmo de pérdidas de Iv2, la empresa matriz de Atenea, ya no se puede permitir.

Hay quien puede ver la caída empresarial de José Luis Cortina como un síntoma de la pérdida de poder de su amigo de Academia militar, el rey Juan Carlos I. O quizás solo sea el final económico del hombre que, parafraseando a John Le Carre y su personaje Smiley, fue empresario, soldado, espía, y amigo y camarada de un Rey.

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