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Antonio Brufau, presidente de Repsol.

Repsol todavía confía en Venezuela. La firma española mantiene la producción en el país sudamericano, sin por el momento buscar alternativas, pese a que un número importante de analistas recomienda tomar una posición más defensiva respecto del caos en el que está sumido el país.

Los problemas adicionales, más bien colaterales, llegaron a finales de enero, cuando el Secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, remarcó que “con efecto inmediato, en cualquier compra de petróleo venezolano, el dinero tendrá que ir a cuentas bloqueadas”. Una situación que ha causado un cierto choque entre la compañía y el mercado, ya que mientras desde la firma consideran que no les afecta puesto que aplican solo a empresas de EE.UU los analistas consideran que sí podrían existir problemas.

En un informe interno, Bloomberg señalaba recientemente que “era probable” que la petrolera española comenzase a buscar a alternativas para el crudo venezolano que ha estado importando a las refinerías españolas. Es más, a diferencia de la posición oficial de la compañía, los analistas del portal señalaban que “las actuales sanciones por parte de Estados Unidos pueden poner en peligro el acuerdo de deuda por petróleo que mantiene con el país”.

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No es el único que señala que Repsol podría enfrentarse a la larga a más problemas de los inicialmente contemplados. Desde el Departamento de Análisis de Bankinter se consideraba que pese a que las sanciones son aún muy imprecisas y “no” impidan a los ciudadanos o empresas de fuera de Estados Unidos hacer negocios con Venezuela, “el mínimo riesgo de ver cerradas las puertas al sistema financiero estadounidense podría eclipsar los beneficios de seguir operando con Venezuela”.

Pese a ello, la compañía sigue sin considerar un posible repliegue en Venezuela o bien trabajar en alternativas reales que puedan subsanar una mayor caída de la producción. Aunque desde fuentes de la propia empresa señalan a MERCA2 que pese a que “se sigue trabajando igual”, resultaría fácil suministrarse desde otros puntos menos conflictivos como pueden ser México o Nigeria. Una situación que ya experimentó la petrolera española con las sanciones a Irán.

REPSOL EL MÁS PERJUDICADO

La compañía española es la firma petrolera no estadounidense más expuesta al colapso económico de Venezuela. En condiciones normales, su producción en la región asciende a cerca de 80.000 barriles diarios, lo que supone un 11% del total, una cifra excesiva si se compara con sus competidores. De hecho, dicho porcentaje supone cerca de cuatro veces más de lo que pesa Venezuela en el mix de extracción en firmas como Equinor, Shell o Total, que apenas sobrepasa el 3% en cada una.

Aunque no solo se trata de la extracción de petróleo, sino casi más importante es la caída de la producción de gas natural. “En cuanto a la extracción de gas, Repsol también está muy limitado debido a que su proyecto en la costa, Perla, está produciendo aproximadamente la mitad de los previsto debido a la falta de inversión por parte de la petrolera estatal”, señalan en el informe interno de Bloomberg. El daño es aún mayor, puesto que la petrolera vasca tiene “mayor dependencia” del gas que sus otros pares europeos, inciden los analistas.