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La alianza entre Solify (Repsol) junto a Kutxabank solo se puede describir de una manera: ‘Juntarse el hambre con las ganas de comer’. La primera está necesitada de clientes, tras unos meses complicados que han cortado su fulgurante ascenso. La segunda busca desesperadamente -como el resto de bancos-, nuevos nichos que regar con dinero a cambio de unos intereses desorbitados. De hecho, esa es la gran pega que tiene este tipo de instrumentos financieros, que son muy caros. Hasta el punto, de que los intereses son más altos que en el crédito al consumo o hasta cuatro veces más que una hipoteca.

Aun así, el gancho verde parece tan irresistible como fácil de vender. El acuerdo permite a los clientes de Repsol Solify obtener un proyecto de instalación de placas solares llave en mano a un tipo de interés “preferente” y con un plazo de amortización de hasta 10 años. A su vez, ambas firmas también destacan la facilidad del proceso. La energética asegura una gestión “ágil” de las licencias y trámites. Mientras, Kutxabank se asegura de que “la modalidad de crédito prescinde de largos trámites, de una forma ágil y sencilla”. En definitiva, una maravilla.

El problema viene cuando se acude a la letra pequeña. Por un lado, las condiciones especiales impuestas por Repsol en forma de tiempo (quedas atado a la compañía) y remuneración (un pago muy bajo por la electricidad que se mete en el sistema). “Las grandes eléctricas buscan tener atados a sus clientes durante muchos años y no han encontrado mejor excusa que las instalaciones renovables en los hogares”, advierten voces del sector. Por otro, Kutxabank se aprovecha de que a medida que se intenta limitar ese periodo de permanencia puede cobrar unos intereses mucho más altos.

EL AUTOCONSUMO, EL GANCHO DE LAS ELÉCTRICAS

“Tener a los clientes atados a tu compañía durante muchos años no solo se traduce en ingresos estables. Lo más importante es que pueden utilizar la energía sobrante que aportas a la red para generar más beneficios“, explica una voz crítica del sector acerca de las prácticas de las eléctricas en este aspecto. Al fin y al cabo, son las propias firmas energéticas las que luego venden esa producción no consumida a otros clientes a un precio mucho más caro. Un aspecto que, obviamente, está muy presente en la alianza entre Repsol y Kutxabank.

De hecho, en la nota de prensa conjunta de ambas firmas se explica que “además de los ahorros inherentes al autoconsumo, Solify suma una remuneración de 5 céntimos de euro/kWh por la energía solar que el propietario produzca y no consuma”. Pese a que a la oferta se le añade un extra de “5€/mes durante un año en Waylet, aplicación para el pago con teléfono móvil de Repsol”, el pago sigue siendo muy pequeño. Así, el precio medio de ese kilovatio hora de energía en el mercado tiene un precio de mercado de hasta 10 veces más.

En otras palabras, Repsol (y el resto de firmas) venden por 50 céntimos lo que compran por 5 céntimos. Un negocio redondo que ha levantado críticas en el sector. De hecho, una de las grandes batallas en materia de energía renovables en España se libra en qué harán los consumidores con la energía sobrante de sus instalaciones. Por el momento, las grandes compañías presionan para que sean ellas únicamente las que puedan volcarla en el sistema, mientras que la otra alternativa es seguir la legislación británica que permite a cada usuario comercializar su propio sobrante. Una batalla que va para largo.

CRÉDITO VERDE, CRÉDITO CARO: PARA BENEFICIO DE KUTXABANK

La revolución verde que recorre el mundo financiero es un soplo de aire fresco para las entidades bancarias. A gran escala, los llamados bonos verdes han reactivado el mercado de crédito empresarial, a precios muy beneficiosos, con la simple excusa de que tengan una finalidad sostenible. Sin resultados claros. A pequeña escala, los bancos han completado su pack de servicios y préstamos con todo tipo de posibilidades “ecológicas”. Así, las nuevas líneas van desde reformas energéticas, los llamados ‘préstamos verdes’ o para coches eléctricos. Todos ellos con un denominador común: son muy caros.

Un ejemplo de lo anterior está en la propia Kutxabank. La firma bancaria ofrece un tipo de préstamo verde cuyo tipo mínimo de interés medio (medido como TAE) es del 5,59%. Aunque para ello, se tiene que estar pagando durante 12 años unas instalaciones que a los siete años (probablemente antes) ya están obsoletas. Aun así, ese interés es tres veces mayor que el que se paga por una hipoteca actualmente en el propio banco. A todo lo anterior, se le añade una comisión de apertura del 1,5% que todavía encarece más el servicio.

Pero la cosa se complica a medida que el préstamo se quiere devolver antes. Así, para una amortización en tres años el tipo escala al 6,2% y si se quiere pagar en un año el TAE asciende hasta el 8,12%. Una cifra que está muy por encima de los tipos pagados en cualquier crédito al consumo pagado en España, que ya de por sí está entre los más caros de Europa. Así, los intereses ascienden hasta un máximo del 15,12% cuando se pretende pagar en tres meses. En definitiva, la apuesta por lo verde es un negocio muy rentable, pero solo para los de siempre.