Repsol

Las previsiones de Repsol para este 2019 era el de incrementar su producción de barriles de petróleo hasta máximos no vistos en años, pero en estos seis primeros meses de 2019 (según su informe de actividad) se ha chocado con la cruda realidad. Más bien, con la penosa situación por la que atraviesa una de sus zonas clave para la extracción de crudo, e incluso más importante en el caso del gas natural: Venezuela. Lo anterior ha llevado a la compañía a rastrear el mercado en búsqueda de nuevos activos que le permitan hacer frente al agujero, y uno de ellos podría estar en el Golfo de México.

Los activos por los que estaría negociando Repsol, valorados en unos 1.000 millones de dólares (unos 900 millones de euros), pertenecen a Exxon y llevan cerca de un año en el mercado, según informó Reuters. La firma americana inició el proceso con el asesoramiento de JPMorgan en octubre del año pasado e incluyen su participación del 50% en el gran campo petrolero Julia, cerca de un 10% en Heidelberg y el 23% del campo de petróleo y gas Lucius, aunque no se conoce con exactitud cuál de todos son los que está negociando adquirir la firma española.

Pese a que por el momento la operación es solo un rumor, sí se dan las circunstancias que podrían hacer que tuviese luz verde en pocos meses. Por un lado, Exxon está empeñado en vender y todavía no ha conseguido encontrar un comprador, por lo que llevaría a que el precio exigido sea interesante para la española: “Previsiblemente la compra se realizaría a precios atractivos, considerando que Exxon lleva en torno a un año intentando acelerar la venta de activos no estratégicos para financiar grandes proyectos”, explican desde el departamento de análisis de Bankinter.

Por otro lado, la deriva económica de Venezuela ha llevado su producción a un punto crítico. De hecho, los últimos datos disponibles (los de julio) muestran que la extracción de barriles en algunas de las zonas clave para Repsol son un auténtico desafío dados los pocos recursos. Así, el último informe de Bloomberg al respecto señala que “los cortes de energía en grandes partes de la nación sudamericana obstaculizaron severamente las operaciones petroleras en marzo y la producción pareció caer nuevamente en julio (…) y de cara a finales de año puede caer en un rango de 150,000 a 250,000 barriles por día para fines de 2019”.

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Un derrumbe de 250.000 barriles más, apenas se extraen ya 720.000 en lo que es la menor producción desde el 2003, sería una caída adicional del 30% que haría polvo las cifras de Repsol. La española es la firma más expuesta con una producción de 62.000 barriles y 300 millones de pies cúbicos, alrededor del 16% de su total en todo el mundo, y ya está sufriendo con fuerza la deriva venezolana. De hecho, “su proyecto de gas natural en alta mar, Perla, está produciendo aproximadamente la mitad de su objetivo para 2020 como resultado de la disminución de la inversión, dada la capacidad financiera del socio PDVSA” señalan desde Bloomberg.

Por último, la desahogada situación financiera de la petrolera también ayudaría a cerrar la operación con cierta rapidez. “Repsol cuenta con liquidez suficiente como para poder realizar inversiones”, señalan desde Bankinter. La firma presidida por Antonio Brufau, que recientemente se ha consolidado otros cuatro años más, presentó un fuerte colchón de tesorería en las cuentas semestrales y una fuerte reducción de deuda que le permitiría poder acometer dicha inversión (unos 900 millones de euros) sin demasiadas complicaciones. El único problema, sería que los inversores vieran el movimiento como un paso atrás en las aspiraciones verdes de la compañía, pero en este caso puede parecer más una causa de fuerza mayor (Venezuela) que un plan estratégico a largo plazo.