En la primavera de 2015, Antonio Brufau, presidente de Repsol, se dirigía a sus empleados para recordarles la “fortuna” de “vivir una nueva etapa” en la compañía, sin ser muy consciente, en realidad, de lo equivocado y a la vez certero que era. Como bien apuntó el directivo catalán, la petrolera española comenzó en ese preciso momento una revolución en su estructura, pero no sería de “mayores oportunidades de crecimiento” (que también se incluía en la carta que envió a sus trabajadores) sino de desinversiones y ventas para hacer frente al fiasco que supondría la adquisición de Talisman y, a vez, servir de base para la que de verdad deberá ser la gran transformación de la firma.

Desde entonces, la carrera de desinversiones que ha protagonizado la compañía española ha dejado en sus arcas un montante cercano a los 11.200 millones de euros. La espiral de ventas, en parte provocada por el efecto de Talisman y la posterior caída de los precios del petróleo, alcanzó su velocidad de crucero en los últimos años con la venta de su participación del 20% en Naturgy, que por aquel entonces era Gas Natural Fenosa, y que le reportó cerca de 3.800 millones de euros.

Pese a ello, Repsol no ha cerrado la puerta a más operaciones de venta, y todavía escucha ofertas por varios de sus propiedades de upstream, esto es de exploración, perforación y producción de crudo y gas natural, según apuntan fuentes del sector. En concreto, las opciones de venta más plausibles para la petrolera son sus yacimientos en el Mar del Norte y en Duvernay, indican distintos analistas que, además, valoran muy positivamente que la firma dé el paso adelante. En el caso de la primera, su explotación, que hace a medias con la china Sinopec, cuenta con dos desventajas como son los altos costes y los problemas legales. En el caso de la segunda, las buenas previsiones sobre las reservas de gas pueden atraer buenas ofertas, en un área que ha traído muchos dolores de cabeza a los gestores.

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Aunque por el momento, y pese a las ofertas, dada la complejidad en la que se está moviendo la compañía en el último año los ánimos de ventas se han apartado para más adelante, apuntan fuentes cercanas a Repsol. En especial, por el hecho de que su nivel de producción todavía no funciona al nivel esperado, ya que la petrolera presentó en su último informe la extracción de 697.999 barriles al día en lo que va de 2019, muy lejos de los 23.000 menos de la guía propuesta por la petrolera. El principal problema, obviamente, se encuentra en la situación de colapso en la que vive Venezuela, un país trascendental en el upstream de la española, y que ha llevado a que obtención de crudo del país se haya desplomado a mínimos.

El alto volumen de desinversiones, junto a la capacidad de generar flujos de caja positivo, han permitido a la petrolera presentar una estructura financiera sólida. De tal manera, que se ha convertido una de las grandes pesadillas para las eléctricas de cara a la próxima gran batalla que se libre en España para conseguir activos renovables en próximas subastas. Así, la firma presidida por Brufau mantiene más de 4.300 millones de euros en efectivo que le permiten reducir su deuda a poco más de 0,4 veces ebitda, una posición muy fuerte para próximas compras.

MÁS RENTABILIDAD PARA EL ACCIONISTA Y MÁS BONUS BRUFAU E IMAZ

Aunque por el momento, dado que no existen oportunidades claras de adquisiciones, la petrolera ha decidido utilizar una parte importante de sus fondos actuales, también futuros, para aumentar la remuneración a sus accionistas. En concreto, el mismo día que presentó resultados del primer semestre (que resultaron muy malos operativamente), también señaló que tenía la intención de recomprar y amortizar hasta el 5% de sus acciones hasta, para lo que iba a destinar cerca de 3.000 millones de euros. Una decisión un tanto arriesgada, los grandes fondos y analistas le pedían gastar dicho capital en nuevos activos de generación eléctrica, pero que tiene una lógica algo más ‘egoísta’ desde el punto de vista de sus dirigentes.

Repsol escuchará ofertas por sus activos del Mar del Norte y Duvernay, tras acumular ventas por 11.200 millones, que utilizará para recompensar a sus accionistas y de paso engordar el bonus de Brufau e Imaz

La nueva política de remuneración que implantó Repsol este mismo 2019, contemplaba una serie de cambios importantes ligados a la evolución de sus acciones. Así, Brufau como el consejero delegado, Jozu Jon Imaz, tienen ligado entre 1 y 1,5 millones de euros de su salario a la evolución de la rentabilidad del accionista. Más en concreto, un 25% de los objetivos están supeditados a que el denominado TSR (rentabilidad total del accionista, por sus siglas en inglés) de Repsol sea comparable al de sus pares.

En este punto llega el problema, ya que hasta la presentación de resultados la acción había empezado a ofrecer una rentabilidad negativa. Antes eso no era un gran problema, debido a que la cotización de sus pares, al fin y al cabo, sigue a la de Repsol en mayor o menor medida, ya que todas están muy ligadas al petróleo. Pero, aquí viene lo importante, a partir de 2019 se han ampliado las empresas con las que se compara y se han incluido eléctricas como Iberdrola, Naturgy o Endesa que están disparadas en bolsa, por lo que dicho bonus corría peligro. Lo anterior seguramente ayudó a que los directivos de la petrolera tomasen la decisión de reinvertir los 3.000 millones de euros, las acciones subieron un 11% en una semana, para incrementar la rentabilidad del accionista.